Sociedad del desencanto

Por más triste e irónico que resulte, todo parece indicar que las sociedades de las primeras décadas del siglo XXI no estarán, ni remotamente cerca, de contar con sistemas políticos que respalden los ideales de inclusión, participación, igualdad y empoderamiento de la ciudadanía. Por el contrario, serán años que pasarán a la historia como tiempos de diversidad, pero no de unidad; tiempos de segregación y no de compasión; tiempos en los que la fragmentación ha sido la válvula de escape de un hartazgo generalizado hacia la forma en la que actualmente concebimos la política, la economía y la sociedad en su conjunto.


Lo anterior se ha materializado en el apogeo de líderes políticos cuya idea de gobierno consiste en proclamar una ideología que utiliza el desencanto popular para evidenciar la necesidad de actuar de forma sistemática en contra de grupos poblacionales específicos y legitimar no sólo violaciones claras a derechos humanos, sino también, la forma en la que estos líderes tergiversan y manipulan los principios que fundamentan la democracia o, en otras palabras, legitimar las dictaduras modernas.

De este modo, y pese a que la palabra dictadura nos remonte inmediatamente a los regímenes totalitarios característicos del siglo XX, tales como el franquismo en España y las dictaduras militares de América Latina, lo cierto es que actualmente la forma en la que se entiende y se concibe una dictadura ha cambiado radicalmente. Tal y como lo puntualiza William J. Dobson:

Los dictadores más inteligentes de hoy en día […] entienden que, en un mundo globalizado, las formas más brutales de intimidación —como las detenciones en masa, los pelotones de fusilamiento y las violentas represiones— son mejor reemplazadas por formas más sutiles de coerción. (Dobson, 2012, párr. 4)

Con esto, no quiero decir que hoy en día no existan dictadores que usen la intimidación y el uso de la fuerza de manera descarada para hacer valer su poder, pues es el caso de Kim Jong-Un en Corea del Norte y de otros dictadores de “la vieja escuela” presentes en países de África subsahariana y Asía menor. Sin embargo, resulta necesario puntualizar y analizar la capacidad adaptativa y las características específicas que han permitido a personalidades como Nicolás Maduro en Venezuela, Raúl Castro en Cuba, Vladimir Putin en Rusia −así como potencialmente a Donald Trump en Estados Unidos y a Marine Le Pen en Francia− establecer poderes fácticos que favorecen la centralización del poder y obstaculizan toda forma de expresión que vaya en contra de los valores y las acciones que promueven.

Es este sentido, es necesario hacer énfasis en el contexto en el que estos líderes políticos han avanzado en su lucha por alcanzar y permanecer en el poder, ya que han sabido sacar ventaja de dos de las principales consecuencias de los actuales sistemas políticos y económicos: la desigualdad y la falta de una verdadera representación política. En efecto, la mayoría de los países en donde estas nuevas formas de dictaduras se han hecho presentes cuentan con una ciudadanía que no se siente identificada con sus representantes, que entienden que para la clase política ellos no son más que números el día de las elecciones y que además, han visto la forma en la que un puñado de personas concentran la mayor parte de la riqueza dentro de sus países −y en el mundo.

Es así como los dictadores contemporáneos han tenido que diferenciarse de las élites que provocan el hartazgo de la población, lo que les ha permitido presentarse con soluciones que, a pesar de ser reduccionistas, son del agrado y simpatía del electorado. Dicen ser distintos de aquellos cobardes que por años no han querido hacer algo para cambiar las problemáticas que aquejan al país en cuestión y que sólo ellos son capaces de hacer frente a cada una de esas problemáticas y amenazas. Es en este punto en el que dichos líderes políticos evidencian su conocimiento limitado de la historia de la humanidad, pues utilizan uno de los instrumentos que a lo largo de los siglos ha lacerado en mayor medida el respeto a la dignidad humana y la libertad de los individuos: dividir a la sociedad.

Para estos dictadores, establecer un enemigo tangible al cual atacar facilita mucho su labor de persuadir a sus conciudadanos: ellos han sido los culpables de nuestros más grandes males, nosotros hemos sido víctimas y es momento de cambiar las cosas. Por un lado, para Hugo Chávez, el pajarito y para Nicolás Maduro los enemigos han sido los norteamericanos, culpables del imperialismo yanqui y la guerra económica que ha devastado su nación, con lo que intentan justificar el modelo proteccionista que adoptaron y el autoritarismo característico del chavismo. Por otro lado, para personajes como Theresa May y Marine Le pen, los refugiados provenientes del medio oriente tienen la culpa no sólo de robar sus empleos, sino de la ola de atentados terroristas que se ha desatado en Europa durante los últimos años, razones por las cuales el Reino Unido decidió romper relaciones con la Unión Europea.

Ahora bien, a pesar de que es difícil saber con certeza cuál será el escenario internacional en los próximos años, el objetivo debe ser uno: la unión y la felicidad de la humanidad en su conjunto.

Atentar contra las libertades de los individuos no terminará con problemas como el terrorismo.

Construir un muro dista mucho de ser la solución al narcotráfico o la inmigración ilegal.

La centralización del poder y las prácticas autoritarias no son el camino hacia la construcción de sociedades más justas, igualitarias y participativas. Para hacer un cambio efectivo, ya no necesitamos de políticos que nos dividan, necesitamos una ciudadanía motivada y empoderada.

Fuentes:

Dobson, William (2012). Los dictadores modernos invocan a la democracia. The Wall Street Journal, publicado el 17 de junio de 2012, Recuperado el 10 de febrero de 2017 disponible en: http://lat.wsj.com/articles/SB10001424052702303703004577472520076850262


Urbinati, Nadia (2015). El Fenómeno Populista. Desarrollo Económico, Vol. 55, No. 215, pp. 3-20.

Riquelme, Rodrigo (2017). 9 datos sobre la desigualdad en el mundo. El Economista, publicado el 16 de enero de 2017, recuperado el 10 de febrero de 2017 en: http://eleconomista.com.mx/internacional/2017/01/16/10-datos-sobre-desigualdad-mundo


Redacción de El Nacional (2016). Maduro atribuyó la derrota a la guerra económica. El Nacional, recuperado el 10 de febrero de 2017 en: http://www.el-nacional.com/noticias/politica/maduro-atribuyo-derrota-guerra-economica_40501

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