Trump y Hitler: Una comparación posiblemente aterradora

06/03/2017

Introducción

 

Dudo mucho que alguna mexicana o mexicano no esté enterado, a estas alturas, que Donald J. Trump es el Presidente de los Estados Unidos de América. Su abrumadora presencia en los medios de comunicación le ha dado una notoriedad nunca antes vista. Esto se debe a que su discurso es agresivo y descalificador. Además, retoma ideas nacionalistas, proteccionistas, xenófobas y misóginas. Esta serie de adjetivos calificativos le ha generado una lluvia de críticas y ha producido una serie de comparaciones con líderes del pasado que, universalmente, son tachados de autoritarios, totalitarios, belicosos e intolerantes. Me refiero a Benito Mussolini, Iósif Stalin y al siempre temido y aborrecido Adolf Hitler.

 

Las comparaciones han inundado las páginas de medios de comunicación impresos y digitales. El tono estridente de estas notas genera en muchas personas inquietud, misma que no sabemos hasta qué punto es justificada o no.

 

La comparación más preocupante y compartida de Trump es con Hitler. Incluso, se encuentran artículos de opinión en los que se afirma que estas comparaciones no son válidas, aludiendo a falsas equivalencias entre los contextos históricos en que surgieron Hitler y Trump.

 

 

 

La inundación no se ha limitado a medios formales, las redes sociales se han desbordado con memes e imágenes donde se abordan con humor las similitudes entre Trump y estos líderes.

 

Desde mi particular punto de vista, considero que las comparaciones entre Trump y Hitler son válidas porque surgieron al equiparar la retórica, en mensaje y tono, entre Hitler y el ahora Presidente de los Estados Unidos. Evidentemente, no niego que existen diferencias indiscutibles entres éstos, entre Europa y América y entre épocas históricas distintas. Por ende, considero que, si seguiremos comparando, debemos limitarnos a la retórica de estos personajes.

 

Para saber que tan similar es la retórica, decidí analizar las transcripciones en castellano de los discursos de toma de posesión en el poder de Hitler, el 30 de enero de 1933, y de Trump, el 20 de enero de 2017. ¿Por qué Hitler? Porque es la comparación más temida y diseminada por todos lados.

 

El análisis realizado a ambos discursos fue cuantitativo, numérico; y cualitativo, ideas; para generar una imagen clara de los temas tratados y su recurrencia en ambos discursos y buscar similitudes entre ellos.

 

El análisis

 

En cuanto al análisis se refiere, este ha sido muy sencillo. Como ya se dijo, el objetivo principal, y único, era identificar los temas comunes y su recurrencia en ambos discursos de toma de posesión.

 

 

El primer paso consistió en hacer un conteo de palabras con ayuda del software ATLAS.ti. Las palabras encontradas en ambos discursos y que se repitieron en 10 o más ocasiones, omitiendo obviamente artículos y preposiciones, fueron:

 

 

Cabe aclarar que el discurso de Hitler fue más largo que el de Trump, por lo que en el conteo se puede apreciar que la mayoría de palabras se repite más en el discurso del alemán.

 

El segundo paso consistió en extraer de ambos discursos las oraciones que incluían las palabras más repetidas. Con base en ello se pudieron identificar los principales temas abordados por ambos líderes.

 

El tercer pasó resultó ser sencillo, y trataba de encontrar similitudes en las ideas expresadas por ambos presidentes en las que se empleara alguna de las palabras antes mencionadas.

 

De las ideas expresadas podemos decir que se forman las siguientes categorías:

 

  1. Una fuerte identidad fundamentada en un pasado glorioso que se debe recuperar mediante la unidad y el trabajo, buscar la prosperidad.

  2. La idea de que son ellos contra el mundo.

  3. Los gobiernos anteriores traicionaron al pueblo.

  4. La creencia en Dios y que éste los protege y avala dichas ideas.

  5. Desprestigiar a los expertos y una exageración infundada de cifras.

 

La primera categoría se ve reflejada ampliamente en ambos discursos. En el de Hitler se hacía referencia a la cultura alemana y al orgullo que significa ser alemán. Habla de la destrucción sufrida en Alemania después de la primera guerra mundial y que mediante el trabajo y la unidad se reconstruiría tan grandiosa nación. En el de Trump se habla de volver a hacer grande a Estados Unidos, de ofrecerle a los estadounidenses una mejor infraestructura porque la actual está en ruinas. Habla de que todos deben unirse y que con trabajo duro reconstruirán y recuperarán su país.

 

La segunda categoría es evidente en ambos discursos. Esta idea de que el mundo está contra de ellos, como nación. De que de alguna forma han pierden continuamente y que no ocupan el lugar que merecen en el panorama internacional. En este sentido, es evidente que Hitler tenía mejores argumentos que Trump, debido a la situación en que se encontraba Alemania tras el Tratado de Versalles. En cambio, Trump inventa desventajas cuando habla del déficit comercial en que se encuentra Estados Unidos con respecto a países como México y a que el ejército estadounidense es el que se encarga de la seguridad mundial sin ayuda de los demás países desarrollados.

 

El tercer punto es un punto en común con todos los gobiernos entrantes. Siempre se suele culpar a administraciones anteriores por la situación de un país. Es algo recurrente en los discursos de Hitler y Trump, pero también en el de casi todos los gobiernos. En ambos discursos se argumenta que los gobiernos anteriores no defendieron los intereses del pueblo, nuestros intereses.

 

La cuarta categoría es también un lugar común. En los discursos nacionalistas, la idea de que Dios está al pendiente de la nación y que de alguna manera los protege y vigila es normal. Es una vieja manera de justificar ciertas ideas, se le adjudican al creador, por lo tanto, se vuelven buenas y virtuosas.

 

La quinta categoría me parece interesante. En ambos discursos se desacredita a los expertos. El principal argumento es que como hay problemas en el país y se les hizo caso, se asume que han cometido errores y que por lo tanto se van a equivocar siempre. Además, en ambos discursos se aprecian líneas en las que se mencionan cantidades de personas, que para mí son altamente sospechosas. Se hacen saltos inexplicables de un millón a varios millones, sin justificarlos y sin mencionar las fuentes de esas cifras. Ambos lanzan cifras muy a la ligera.

 

Conclusión

 

No quiero dejar de aclarar que la comparación hecha aquí entre Trump y Hitler únicamente se enfoca a los discursos de toma de posesión, se han omitido en el análisis las variables políticas, económicas y sociales propias de los contextos históricos, evidentemente diferentes, en que ambos asumieron el poder de sus respectivas naciones.

 

Aclarado eso, también resulta evidente que la comparación entre Trump y Hitler, si se toma en cuenta la retórica, es válida y preocupante. Ambos tienen mensajes y propuestas similares, y no podemos ni debemos negarlo.

 

Ahora, tras las primeras órdenes ejecutivas del Presidente Trump, la comparación adquiere aún mayor validez al no limitarse a la retórica, sino a acciones concretas.

 

Con base en lo expuesto, creo que expresar preocupación por las posibles consecuencias de la presidencia de Trump es justificable. Todo parece indicar que Trump pretende cumplir con sus aterradoras promesas de campaña, promesas basadas en “hechos alternativos”, en el miedo y desprecio a la diferencia y en algunas mentiras colosales.

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