Tercera llamada: el escenario cultural mexiquense de cara al 2017

El Estado de México, a pesar de no ser una de las entidades más grandes del país en términos de extensión territorial, sí presenta una gran diversidad cultural combinada con su compleja geografía y matizada, en gran medida, por su densidad de población. En otras palabras, a pesar de ser un estado pequeño, sus 125 municipios representan un caleidoscopio de usos y costumbres que sin duda significa uno de los retos más importantes para su gobierno, en el que se incluye, la política cultural.

 

 

Uno de los grandes legados que deja la presente administración es, sin duda, la transformación el Instituto Mexiquense de Cultura en la Secretaría de Cultura y Deporte. Si bien es cierto, que la unión de cultura y deporte aún genera debate, resultaba por demás necesario tomar cartas en el asunto, ya que la infraestructura cultural con la que el estado cuenta así lo reclamaba: dos centros culturales; dos orquestas; un conservatorio de música, cerca de 20 centros regionales; una red de casas de cultura administradas por municipios pero que requieren de una estrecha comunicación con el gobierno central; una importante comunidad de museos con acervo de gran valor para la historia del arte mexicano, que en su catálogo incluye artistas como Luis Nishizawa; Leopoldo Flores, José María Velasco y Felipe Santiago Gutiérrez; además de ser el estado donde se encuentra uno de los centros prehispánicos más importantes de Mesoamérica, gran legado de nuestra antigüedad: Teotihuacán. Ello sin olvidar los próximos proyectos como el Centro de Fomento de las Artes Audiovisuales, es decir, la Cineteca mexiquense; y los teatros para espectáculos internacionales como son la Sala de Conciertos Elisa Carrillo en Texcoco o el Teatro Morelos en Toluca. Efectivamente, la Secretaría era necesaria ante un panorama insostenible para las funciones de un Instituto.

 

Sin embargo, ello sólo representó el inicio de una serie de acciones necesarias para reestructurar el sistema cultural mexiquense; pues se requiere un rediseño de los procesos administrativos; la actualización de contenidos y formas; el aseguramiento de la continuidad de proyectos y la puesta en marcha de acciones de mejora en aquellas áreas que así lo demanden.

 

Transformación

 

En términos generales, el cambio del Instituto a la Secretaría era necesario. Pero más alln del personal hacia nuevas tendencias culturales s.

rencia, se puedan asegurar proceidmientos mla Secretarvaya precisar que uná de un cambio, se requiere una transformación en el sistema de administración de los bienes y servicios culturales que ofrece la entidad, para propiciar la trascendencia de la burocracia del siglo XX a la gestión cultural del siglo XXI, es decir, no podemos esperar que con formas anquilosadas de concebir la cultura, se pueda administrar de manera actual y eficiente.

 

Parte de esta transformación radica en la reformulación del concepto del artista como proveedor de bienes y servicios culturales, dentro de un sistema económico cultural que posee características específicas en el intercambio de dichos bienes y servicios, es decir, un artista no puede ser sujeto a licitación con tres cotizaciones más, ya que el bien o el servicio cultural son resultado de creaciones únicas e irrepetibles que significan algún elemento artístico o social de la comunidad. Por otro lado, ese artista utilizará lo ganado para cubrir sus necesidades, pues es el empleo con el que busca mantenerse. De ahí que se requiera de mecanismos más eficientes para la selección, contratación y pago de artistas, sin necesidad de trámites administrativos que llegan a tardar un año, lo que genera incertidumbre en el propio ambiente artístico.

 

Asimismo, el reto de ser una Secretaría implica la profesionalización. Es necesario contar con personal capacitado para hacer frente a las tomas de decisiones y ejecución de acciones inherentes a la administración cultural. Capacitación que no sólo consiste en títulos universitarios, sino en programas de actualización y estudios comparativos para nutrir de sentido y contenido las políticas públicas que, en cuanto a cultura, se diseñen y ejecuten.

 

Contenidos y mediación

 

La capital mexiquense es una de las ciudades con mayor número de museos en el país, sin embargo, la mayoría de sus propuestas museográficas aún no responden a las tendencias actuales. Gran parte del universo de exposiciones temporales ofertado, propone la lectura visual del arte local; mientras que las “Megaexposiciones” traídas en los últimos años al primer cuadro de la ciudad, no han alcanzado el nivel de mediación suficiente para generar el número de asistentes proyectados. Si bien, existe la circunstancia de un consumo cultural en ciernes, las propuestas plásticas, las agendas anuales y los mecanismos de acercamiento al público no han logrado captar la atención del potencial público que puede consumirlas. Esto se debe, en gran medida, a lo que ya se comentaba en párrafos anteriores, la manera de administrar la cultura es propia de una visión ya caduca de “corte de listón” sin dar el salto a siguientes pasos como el acercamiento a los distintos públicos y la actualización y revisión de contenidos.

 

En cuanto a servicios culturales, se requiere de una profesionalización en la curaduría de festivales, estrategia que ha permitido, por ejemplo, al Festival Internacional Cervantino, posicionarse con las mejores críticas a nivel mundial, o al efecto que del 2013 al 2015 tuvo la Feria y Festival Cultural del Alfeñique entre los toluqueños como elemento de identidad; dicha curaduría deberá estar encaminada a una selección cuidadosa de grupos, y obedecer a la intención del propio festival, la identificación clara de la vocación de sedes, una programación de horarios en sintonía con los usos y costumbres del lugar y una publicidad que supere la barrera de los espectaculares y conferencias de prensa, para acercarse más a la agenda del ciudadano.

 

Más allá de la ciudad capital

 

A dos horas de la ciudad de Toluca se encuentra la comunidad de La Guadalupana El Sauco, justo en lo que se conoce como el “Bosque Mazahua” en Ixtlahuaca. Una comunidad a la que el teatro y el cine llegaron por primera vez en 2016 gracias a los programas comunitarios de artes escénicas emprendidos durante la presente administración, los cuales contaron con el apoyo financiero de la Secretaría de Cultura Federal y la Cámara de Diputados. Sin embargo, y aunque la decisión de haber llegado a casi el 75% de municipios con un teatro de calle con adaptaciones de Shakespeare y Cervantes, así como con las cintas “El libro de la vida” o “El principito”, resultó un gran paso, el acercamiento a la cultura en toda la entidad aún es una asignatura pendiente.

 

Los teatros municipales y las plazas públicas requieren también de un proyecto artístico definido, cuya estrategia sea llevar artes escénicas de calidad y con contenido basadas en una agenda de trabajo, seleccionadas y adaptadas para el público; también se debe incluir la difusión pertinente y la programación de giras temáticas que no concluyan con una presentación, sino que se conviertan en ciclos cada día incluyan más a las comunidades alejadas de la cabeceras municipales, aunque ello implique tener que remontarse al sueño vasconceliano de atravesar la sierra hasta llegar al último rincón de la entidad.

 

Creadores y fomento

Aunque  existe una interesante cartera de creadores en el Estado de México, los mecanismos de profesionalización artística, el fomento y el reconocimiento a la creación no han trascendido. Basta con mencionar, por ejemplo, que la bailarina texcocana Elisa Carrillo, primera bailarina de la Ópera de Berlín, puesto máximo alcanzado por una mexicana, no ha recibido aún la Presea Estado de México, o que, también en términos de danza clásica, la mayoría de las bailarinas destacadas han realizado estudios en la Ciudad de México y no en la entidad.

 

El tema del fomento a la creación e interpretación artística debe superar el paradigma de las “becas” e instaurarse en fideicomisos, estímulos fiscales y patronatos que obedezcan a una clara y definida promoción de las artes y no a lo que coloquialmente podría concebirse como “filias y fobias políticas”. Asimismo, la educación artística deberá trabajarse conjuntamente con los planes educativos, pero también en la oferta cultural que ofrezca el propio gobierno como parte de la educación no formal.

 

Lo que sigue

 

En un proceso electoral tan complejo como el que vive actualmente el Estado de México, las palabras cambio y mejora resultan ser los pilares de muchas de las propuestas. Sin embargo, lo novedoso sería hablar de la trascendencia, porque esta no permite conformismos. Mejorar la política cultural mexiquense sería apostarle a subsanar algunos detalles de inconformidad y aumentar las cifras de eventos y consumidores culturales. Trascender implicaría concebir a la cultura como parte del sistema económico, político y social de la entidad; cuyas decisiones y acciones no sólo sean la “cereza del pastel” sino ingrediente esencial de la receta.

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