Miedo: pelear, huir o …¿votar por un fascista?

En el artículo anterior “Ganó el miedo acompañado por la ignorancia”, hice referencia a cómo el miedo a perder nuestro “status quo” puede generar susceptibilidad en nosotros, de tal manera que “compremos” discursos demagógicos y tomemos decisiones aparentemente irracionales.

 

 

 

Ahora, pretendo adentrarme más, aunque de forma breve, en uno de los tantos mecanismos cognitivos que nos vuelven proclives hacia líderes narcisistas con retóricas separatistas.

 

Antes, cabe recordar que las emociones son la manera que nuestro organismo encontró para discriminar más fácilmente los estímulos: al darle un contenido emocional a un evento, éste obtiene una mayor importancia, lo que nos permite valuar así una situación; asignar diferentes pesos a distintas percepciones o necesidades nos facilita también su recuerdo. De tal forma, cuando metemos por primera vez la mano en el fuego y nos quemamos, sentimos dolor; aprendemos inmediatamente que para nuestra supervivencia no es bueno acercarnos al fuego de esa manera, por ende, cuando lo sentimos muy cerca, nos da miedo puesto que nuestro subsistir está en peligro.

 

Sin embargo, a lo largo del camino evolutivo nuestras necesidades para sobrevivir se modificaron y aumentaron. Nos convertimos en seres sociales, ahora, parte de nuestra supervivencia consiste en ser incluidos a la manada o tribu, ya que el ser parte de ella nos permite contar con el apoyo de los demás, con lo que aumentan considerablemente nuestras probabilidades de subsistir. Así, el miedo y el dolor sentidos al ser quemados por el fuego, se trasladaron también a ser rechazados o “quemados” socialmente; lo que provoca un temor social que actualmente se puede generar por la amenaza a nuestro status quo.

 

El miedo puede motivarnos a actuar de forma más rápida mediante una descarga de adrenalina, ya sea para atacar agresivamente y defender a toda costa nuestro bienestar, o huir rápidamente para salvaguardarnos; de cualquier forma, la reacción tiende a ser inmediata; y tiene que serlo, ya que cuando nos vemos amenazados por un depredador cada segundo es importante. El problema es que actualmente muchas de las amenazas que sentimos no son de orden inmediato ni directamente personal, sino de índole social y crónica. No obstante, el mecanismo que alguna vez nos sirvió y nos sirve para actuar de forma inmediata y evitar un peligro, sigue presente y emerge en situaciones sociales en las cuales no es la respuesta más adecuada, puesto que nos hace reaccionar de forma más instintiva e irracional.

 

Una reacción instintiva social que desarrollamos como parte de una estrategia de supervivencia, fue buscar inmediatamente a aquellos que son de nuestra especie o nuestra tribu. De ahí que necesitamos identificar de forma inmediata a quienes podemos acudir por ayuda o en dado caso evitar en situaciones de peligro.

 

Se hipotetiza que esta es la razón por la que tenemos y hacemos uso de los estereotipos sociales, los cuales al parecer se almacenan en distintos patrones cerebrales dentro de la corteza ventro-medial prefrontal o vmPFC pos sus siglas en inglés.

 

Si tomamos en cuenta que, investigaciones recientes sugieren que cuando reaccionamos de forma inmediata, aumenta la interacción entre la amígdala, que es una de las estructuras subcorticales principales que participa en la activación emocional, y la corteza vmPFC, se podría esbozar el indicio de una explicación neurobiológica de por qué, al sentir miedo, buscamos de forma inmediata refugiarnos o apoyarnos en nuestros constructos estereotípicos. Al mismo tiempo, podría explicar por qué vivir constantemente con miedo de perder el estatus social, puede predisponer a sectores enteros de la sociedad a comprar fácilmente un discurso que refiera a una unidad tribal, a un paternalismo nacionalista que refuerce, que la seguridad está en congéneres de un sector específico de la población, mientras que la culpa está en un sistema ficticio que ha dado entrada y oportunidades a personas que son el enemigo, “el causante de todos los males”, sólo por el simple hecho de ser diferentes a la tribu o a dicho sector. Este raciocinio permite alienar al error o, en otras palabras, el verdadero problema, y ponerlo fuera del sistema que ha sido, a su vez, el causante de dicha amenaza al bienestar social.

 

De esta manera es fácil seguir a un líder que promueva semejantes ideas separatistas y que obvie de manera deliberada cualquier problema real en el sistema, curiosamente la negación constante de cualquier error dentro éste, hace referencia a un narcisismo social, el cual es una de las definiciones más básicas del fascismo. Si conjuntamos dicha retorica con el declive del bienestar social, podemos entender la decisión de cierta parte de la población al optar por un cambio, no importa lo irracional que este pueda parecer.

 

Por otra parte, cabe argumentar que no somos seres determinados por un solo circuito o forma de reacción. Los estereotipos son moldeados por nuestra vivencia sociocultural, de ahí que nuestro constante aprendizaje puede modificarlos.

 

Asimismo, nuestra respuesta puede ser regulada por áreas o redes cerebrales relacionadas con la toma de perspectiva, con lo que deja de ser un impulso inmediato y se convierte en una respuesta más adecuada a la situación y socialmente más incluyente.

 

Todo lo anterior no quiere decir que estos mecanismos sean la única razón de la condición sociopolítica actual, es sólo la descripción de uno de los tantos mecanismos cognitivos que están en juego y que pueden ayudar a entender más la situación global que acontece. Lo que sí es un hecho que puede ser encontrado a lo largo de la literatura científica, filosófica y narrativa, es que como seres humanos tenemos la habilidad de regular nuestras acciones, nuestras emociones, nuestros pensamientos y por ende, también nuestros constructos o creencias. Es en esta habilidad donde radica la posibilidad de entender al otro, de regular nuestros miedos y construir soluciones que beneficien no sólo a un individuo o sector poblacional, sino a toda la sociedad en general. Y queda únicamente en nosotros poder acceder a dicho potencial.

 

Dzafic, I.; Martin, AK.; Hocking, J.; Mowry, B.; Burianová, H. “Dynamic emotion perception and prior expectancy”. Neuropsychologia, 2016. Jun;86:131–40.

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