La economía de segunda mano, ¿un modelo económico para ricos?

06/03/2017

El mercado de comercio de segunda mano es un mercado muy grande y próspero. Desde la antigüedad hasta hoy ha sido una actividad común generalmente entre dos clases sociales, una con mayor y otra con menor poder adquisitivo.  

 

 

Con la revolución industrial, los nuevos modelos de producción y las economías de escala, el mercado de segunda mano creció tan rápido como se elevaron las posibilidades de consumo. Es decir, con el incremento de la capacidad de producción, los precios de los productos bajaron y se incrementó el consumo. 

 

Aunque en las últimas décadas la producción y el consumo han aumentado casi exponencialmente en muchas industrias, la venta de productos de segunda mano no se ha desarrollado a la par. Esto se debe, entre algunos otros factores culturales, a que los bienes se han convertido en algo prácticamente desechable. 

 

Con la producción barata y de mala calidad, las cosas no siempre llegan a ser parte del mercado de segunda mano, si no que después de poco uso se consideran basura o su valor es en peso, kg, por material, sin relación con la funcionalidad.

 

Esta forma de usar los recursos tiene consecuencias negativas en términos económicos, sociales y ambientales, generalmente afecta a la clase media, quienes son los mayores consumidores; a la clase obrera, quienes sufren explotación laboral y maltrato para poder ofrecer esos precios, y al medio ambiente.

 

Lo anterior pone en evidencia la insostenibilidad del modelo masivo de producción y consumo. Sin embargo, aunque no es un modelo que este próximo a desaparecer vivirá transformaciones fuertes y necesarias. 

 

En la actualidad, se vive una desaceleración en el consumo que gradualmente tendrá impacto en la producción. Un ejemplo más evidente de esta desaceleración son las tendencias slow o lentas y  tranquilas, por su significado en español. 

 

En esta nueva corriente, se revalora la producción y el consumo local, con precios justos y con artículos únicos de bajo impacto ambiental evaluando la calidad, las condiciones laborales de las personas involucradas y el impacto social y ambiental de los procesos detrás de los productos y servicios. A esta tendencia le llamo mercado miller.

 

Una de las tendencias más grandes del mercado miller es el mercado de segunda mano. En este sentido, el mercado de segunda mano se ha fortalecido y comenzado a regular como un modelo de economía social y ambientalmente responsable, no sólo como una necesidad en época de crisis y pobreza.

 

Para revalorar y hacer atractivo el mercado de segunda mano para una clase social media, surge la idea de conservación de clásicos bajo el nombre de Vintage. 

 

“Vintage: Objetos o accesorios con cierta edad, que no pueden aún catalogarse como antigüedades, y que se considera que han mejorado o se han revalorado con el paso del tiempo. […] Se utiliza para referirse a aquellas prendas o accesorios que han sobrevivido al menos veinte años después de su creación convirtiéndose en un clásico preciado”.

 

Sin embargo, rápidamente se pervirtió el concepto y ahora se plantea que todo lo viejo o usado tiene un valor especial que trasforma el mercado de segunda mano en caro y sobrevalorado. 

 

Además, si a esto le sumamos los precios tan bajos de los artículos nuevos producidos en masa, no tiene sentido que el mercado de segunda mano siga siendo para la clase baja o media baja, sino para una clase acomodada que puede invertir más en arreglar algo usado o que lo hace a un mayor precio por un valor extrínseco diferente al del costo de producción. 

 

El mercado de segunda mano tiene valores subjetivos altos dados por el mercado miller, que generan un reto de inclusión para la clase social media. Sobre todo en un periodo altamente capitalista, no es fácil ni rápido incluir a todos cuando existe una desigualdad económica y social tan marcada y latente. 

 

Debemos entender que independientemente del impacto social y ambiental, la mayoría de la gente preferirá consumir bienes accesibles por necesidad y comodidad. 

 

Entramos en una nueva época donde hay que incorporar nuevos conceptos a la ecuación para determinar el valor absoluto, considerando su impacto social o ambiental de una forma incluyente donde la clase media sea la que encuentra más atractiva la propuesta para adquisición de estos bienes de segunda mano. 

 

 

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