La corrupción no es natural, es cultural

02/05/2017

“Muchas son las leyes en un estado corrompido.”
Tácito (55-115)

 

Introducción

 

Basta una búsqueda sencilla de notas periodísticas, sin tomar en cuenta las columnas de opinión, para darnos cuenta que los candidatos a la gubernatura del Estado de México, casi todos y todas, se acusan los unos a los otros por supuestos actos de corrupción. ¿Es esto lo mejor que nos ofrece el Estado de México?, por Dios, espero que no. ¿Son lo mejorcito de sus respectivos partidos políticos?, ¿supongo?, ¿estamos condenados a ser corruptos y ser gobernados por gente corrupta?, desafortunadamente, creo que sí.

 

Aclaro desde ahora que este no es un artículo más sobre corrupción y cómo combatirla. ¡Qué flojera! Hablar de corrupción en México es un tema trillado y gastado. Esta es, más bien, una reflexión sobre nosotros, las mexicanas y los mexicanos. ¿Somos corruptos por naturaleza?, ¿la corrupción forma parte de nuestra cultura? Antes de contestar rotundamente que no, pregúntense: ¿son lo mismo naturaleza y cultura? y ¿la cultura es buena?

 

Cultura y corrupción

 

Le aseguro que todos podemos enumerar cosas que nos hacen mexicanos, nuestra cultura; desde platillos típicos hasta ceremonias religiosas, sin olvidar una larga lista de bailes regionales y artesanías propias de las diferentes regiones del país. Nos pasa lo mismo con la corrupción, podemos señalar acciones concretas que probablemente se catalogan universalmente como corruptas. A pesar de ello, explicar su naturaleza o posibles causas no resulta tan sencillo, y menos encontrar soluciones. Cuando los extranjeros nos preguntan sobre los motivos que tenemos como mexicanos para hacer determinadas cosas, a menos que sea usted un experto en estos temas, la respuesta que usualmente podemos dar es que esa es la tradición, siempre se ha hecho así, eso es lo normal.

 

Le informo que esa es una de las características de todas las culturas, que quienes la poseen asumen como natural sus aspectos. Por ejemplo, cuando nos “cachamos” a nosotros mismos en la comisión de un acto corrupto, ¿no es cierto que acostumbramos minimizarlo y decir que siempre se ha hecho así, que era necesario? Hasta tenemos un dicho, “El que no tranza no avanza”.

 

Entonces es prudente realizar un paréntesis para preguntarse ¿qué es la cultura? Pues, fíjese usted que, a pesar de más de un siglo de esfuerzos por definir adecuadamente la cultura, aún no hay acuerdo entre los antropólogos, quienes estudiamos la cultura, en cuanto a su naturaleza.

 

Por lo tanto resulta inútil afanarnos en debatir si la corrupción es una cuestión cultural. Sin embargo, les aseguro que no faltan aquellos que saltan a la defensa de la cultura mexicana, que quién sabe qué fregados sea, al afirmar que la corrupción no es cultural. Peor aún, tomaron sus plumas y tinteros, en estos tiempos son teclados de ordenadores, para enérgicamente oponerse a las aseveraciones del Presidente de la República, quien no es santo de mi devoción, cuando afirmó que la corrupción es un rasgo cultural de los mexicanos.

 

Cultura, naturaleza y bondad

 

Quienes se indignaron confunden dos cosas. Lo primero que no entienden es que naturaleza, o biología, y cultura no son lo mismo. Y ese es un tema totalmente diferente, pero en resumen le puedo asegurar que ha quedado demostrado que la naturaleza humana no tiene que ver con las culturas. No son lo mismo. Quienes confunden esto consideran que al calificar como cultural a la corrupción se afirma que el mexicano es corrupto por naturaleza, que lo llevamos en la sangre. Eso no es correcto.

 

Lo segundo que confunden, es la idea del bien y la cultura. Indebidamente les han hecho dependientes el uno de la otra. De nuevo, esto es un tema muy amplio, para el que las páginas no son suficientes en este momento. Pero los antropólogos sociales y culturales, así como los etnólogos y otros especialistas en ciencias sociales, no han dicho jamás que la cultura se refiere solamente a lo bonito, a lo exótico y atractivo de los pueblos. De hecho, no se ha profundizado suficientemente sobre si la cultura es en esencia buena o mala. A pesar de ello, diferentes académicos e intelectuales asumen erróneamente y de manera implícita que la cultura es buena, por lo que acciones moralmente calificadas como malas, no son representaciones fieles de una cultura determinada; esto ha sido compartido por Chumel Torres en sus populares videoblogs de Youtube. Pero es un grave error.

 

¿Por qué afirmo que están confundidos?, porque en lo que sí hay acuerdo es en los elementos básicos de la cultura. En ninguna de las más de 200 definiciones que se pueden encontrar se considera que sea natural, que esté en nuestros genes, ni que sea en esencia buena. La definición más conocida y compartida, y que deja de lado su aspecto unilineal, es la de Edward B. Tylor. Quien afirmaba que la cultura se transmite en el seno de una sociedad e incluye conocimientos y costumbres como ciencia, arte, moral, leyes, tradiciones y hábitos.

 

Entonces, una vez que se ha dicho que la cultura no es natural o genética, ni en esencia buena, la posición que aquí asumo es que la corrupción, con base en lo expuesto anteriormente, forma parte de la cultura de los mexicanos. ¡No se enojen todavía!, digo que la corrupción no está en nuestros genes y que no corre en nuestra sangre. Esto, desafortunadamente, me obliga a defender al Presidente, Enrique Peña Nieto y a todos quienes, bien intencionados o no, entiendan lo que es cultura o no; han afirmado que la corrupción es cultural. En efecto, la cultura se compone en buena parte por costumbres, hábitos, tradiciones, formas de hacer las cosas, símbolos, protocolos, etcétera. Todo eso lo encontramos en la política mexicana, todo eso bañado por la corrupción. Lo vemos reflejado en la serie de acusaciones y en algunas denuncias por supuestos actos de corrupción, que les llueven a las candidatas y los candidatos a la gubernatura en el Estado de México.

 

Conclusión

 

Ahora pregunto, ¿no son las acciones corruptas de candidatos, candidatas y de nosotros mismos, parte de una forma de hacer política que se ha transmitido dentro de nuestra sociedad?, la respuesta es afirmativa. Aunque nos duela y nos cale en el orgullo.

 

Lo vemos reflejado con las candidatas y los candidatos a la gubernatura del Estado de México, que se denuncian mutuamente ante la PGR, ¿qué debemos pensar como votantes?, ¿qué pensarán los expertos en derecho sobre el abuso, por no decir burla, que se hace de las leyes y de las instituciones que las deben vigilar?

 

No todo está perdido. Todo se puede cambiar. Es en serio. Porque otra de las características de la cultura es que es dinámica, cambia. Quizá con el paso de los años, podamos dejar de formar parte y alimentar una cultura de la corrupción. Porque a fin de cuentas no somos corruptos por naturaleza.

 

Fuentes:

Tylor, E. B.; Suárez, M.; & Radin, P. Cultura primitiva, 1981.

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