Ganó el miedo acompañado por la ignorancia

La reciente elección del presidente de Estados Unidos nos podría llevar a pensar que la gente que eligió al candidato ganador, es misógina, no pensante y racista, posiblemente no nos equivoquemos.  Además, no dista mucho de lo que se pensó de la sección del pueblo alemán que apoyó a Hitler. Los alemanes devastados y hambrientos después de la primera guerra mundial vieron en Hitler un líder que les “hablaba”, alguien que podía entender su frustración y que les daba esperanza, convirtiendo su miedo a sobrevivir, en odio hacia el de afuera, hacia el extranjero, hacia el judío. Es así, que la decisión de seguir a un líder fascista, puede ser sustentada por el miedo que subyace al odio manipulado por la demagogia.

 

Pero, ¿por qué el miedo sustenta esa decisión?, ¿qué es el miedo?, ¿el miedo a qué?, el miedo es una emoción y como toda emoción, es una señal fisiológica que emite nuestro cuerpo para ayudarnos a evaluar una situación; por ende, nos da pauta a actuar al sentir amenazado nuestro bienestar. Evolutivamente podríamos referirnos al miedo a morir o a no alimentarnos; en la actualidad cabría la posibilidad de tener miedo, ante cualquier amenaza a nuestro estatus quo.

 

Con el paso del tiempo, nuestra especie se ha fortalecido al transformarnos en seres sociales; cabe recordar que en la mayoría de los casos, la colaboración para un bien común ha sido una de las estrategias evolutivas más exitosas. A consecuencia de esta fortaleza, el ser sociales nos ha permitido extender la señal básica de miedo para sobrevivir, a una señal que nos permite también seguir subsistiendo socialmente, es decir, en comunidad. De ahí que ahora, una amenaza a nuestro modo de vida o un atentado a nuestra jerarquía social, puede percibirse como una amenaza a nuestra existencia.

 

Sin embargo, gracias al hecho de que posemos conciencia, podemos regularnos cognitivamente y ver distintas opciones para manejar nuestros miedos; claro está, que esta regulación está sujeta a muchos aspectos como el estrés, las experiencias previas, la educación y el grado de motivación para buscar información y continuar aprendiendo.

 

Entre los aspectos mencionados, el estrés juega un rol muy importante. En situaciones de alto estrés tendemos a actuar de forma más inmediata y automática. Un ejemplo de esto, puede ser la razón de porque al sentir miedo nuestra primera reacción es recurrir a los patrones conocidos que nos han salvado antes, de tal forma que economizamos tiempo y evitamos más rápido el peligro; lo cual era muy útil cuando nuestros antepasados vivían en la sabana y tenían que huir o pelear con el león, e incluso hoy, al enfrentarnos a los delincuentes u otras formas de peligro. Hoy, los estímulos estresantes son mucho más constantes aunque no pongan en peligro nuestra vida de manera inmediata. Uno de ellos, es la pobreza.

 

Por ejemplo, dada la inequidad presente en el mundo, que en Estados Unidos se ve representada por el hecho de que el uno % de la sociedad posee un 40% de la riqueza, mientras que el 80% posee únicamente un siete. Dicha desigualdad ha provocado una población que no sólo siente angustia por perder bienestar social, sino que en muchos casos, en una verdadera situación de pobreza nunca antes experimentada.

 

Este panorama no es favorecido por el aumento del déficit educativo presente en las últimas 4 décadas, lo que ha facilitado que el culto a la ignorancia en Estados Unidos se haya incrementado, tal como lo señaló Issac Assimov en 1980. Curiosamente, en este ensayo el autor hace alusión al eslogan obscurantista de “no confíes en los expertos” y, que su adaptación actual puede reflejarse en los “hechos alternativos” enunciados por la Casa Blanca.

 

Lamentablemente debe recalcarse que incluso miembros del Partido Republicano como Steve Schmidt han denunciado el culto a la irracionalidad por parte de un gran sector del electorado. El rechazo de los hechos, a los “expertos”, puede ayudarnos a entender porque resulta tan atractivo para el pueblo estadounidense, que su ahora presidente, tache cualquier hecho como mentira a pesar de estar sostenido por evidencias, bajo el argumento de que lo importante no son las estadísticas sino “el sentir subjetivo de la situación”.

 

Así resulta fácil entender como una sociedad que ha experimentado un declive sin tregua del bienestar social, donde la oportunidad de progresar y de obtener el sueño americano resulta cada vez más lejana; donde la educación se ha vuelto más escasa y el reinado de la ignorancia se extiende;  vive no solo con miedo y estrés para llegar a fin de mes, sino con el hartazgo  por no visualizar una manera viable de modificar su situación actual.

 

Este constante miedo incomprendido, sin la habilidad de una mayor regulación cognitiva generada por la carencia de educación e información, hace que la sociedad estadounidense se vuelva proclive a ser encantada por el canto de un líder con un discurso simplista, que presenta soluciones irracionales, pero fácilmente digeribles y que indican constantemente que la responsabilidad no está en uno, sino en el otro, en el extranjero, en el extraño. Un discurso que propaga el odio, la misoginia y, cuyo origen es en parte proveniente de la incapacidad para manejar el miedo no entendido. 

 

Lo más triste y preocupante del asunto, es que, como lo ha demostrado la historia, difícilmente se encuentre una solución positiva, por el contrario, puede preverse una mayor desigualdad, aderezada con un menor respeto de las garantías individuales.

 

En una sociedad mundial, donde cada vez somos menos empáticos, parte esencial del cambio necesario, no sólo en Estados Unidos sino en cualquier otro punto del planeta, es entender que el estatus quo social está roto y lo ha estado desde hace mucho. Saber que la comprensión y no el prejuicio, es una de las claves para educar, para promover iniciativas y acciones diferentes, que promuevan la inclusión y el entendimiento del sufrimiento de grupos relegados. Recordemos que al incluir nos fortalecemos: por ello hemos evolucionado en seres sociales.

Fuentes

 

Isaac Asimov, column in Newsweek, 21 January 1980.

 

Wolff, E. N. “Recent trends in household wealth in the United States: Rising debt and the middle-class squeeze”. Working Paper No. 502. Annandale-on-Hudson, NY: The Levy Economics Institute of Bard College, 2007.

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