Elegir: del cerebro a la cruz en una boleta electoral

02/05/2017

Sabemos bien que la cultura griega es considerada la cuna de la civilización occidental y dentro de sus múltiples legados, se encuentra el sistema imperante en muchos países para la selección de sus representantes y gobernantes: la democracia.

 

Es obvio que la democracia y el ejercicio democrático abarcan muchos más aspectos, y mucho más complejos, que sólo lo concerniente al ámbito electoral, pero este acotado y particular rasgo de la democracia sirve como “pretexto” para escribir, una vez más, acerca del maravilloso funcionamiento del cerebro.

 

 

Elegir es tomar una decisión, es decir, hacer uso de la habilidad para seleccionar el curso de acción más adaptativo entre un conjunto de posibles alternativas. La toma de decisiones es una práctica diaria, cotidiana: debemos seleccionar la ropa que vamos a usar, los alimentos que comeremos, la ruta a seguir para llegar a nuestro destino; a veces se trata de cuestiones más trascendentes: cuál carrera estudiaremos, en cuál ciudad queremos establecer nuestra residencia, con quién o quiénes relacionarnos y, por herencia helénica, y para quienes cumplen los requisitos, elegir a los gobernantes.

 

Este proceso inherente a la vida, requiere la integridad anatómica y funcional del cerebro, en otras palabras, para poder decidir es necesario que el sistema nervioso realice correctamente sus funciones. De suma importancia es la corteza prefrontal, esta región del cerebro que se encuentra justamente en la parte más anterior, es decir, al frente. Aquí tienen su lugar tres circuitos básicos involucrados en la toma de decisiones: el primero, el de la corteza orbitofrontal, tiene que ver con las emociones y con la recompensa: cuál opción será más placentera; el segundo, el de la corteza prefrontal dorsolateral, se encarga de la integración de las múltiples fuentes de información, podría decirse que es la región que evalúa y compara; finalmente el circuito de la corteza cingulada anterior, que guarda relación con el manejo de información conflictiva y el procesamiento de la retroalimentación en la toma de decisiones, es decir, este circuito es la parte moral del proceso y la que vislumbra las consecuencias de una decisión.

 

Pero, ¿cómo se conoce de estos circuitos?, ¿qué evidencia existe para poder afirmar lo anterior?

 

Con relación a la corteza orbitofrontal, o primer circuito, se sabe que personas con daño en esta estructura, son incapaces de modificar sus decisiones relacionadas con una tarea específica, aunque los resultados no les sean benéficos. Por ejemplo, en pruebas neuropsicológicas, no modifican sus estrategias para resolver un problema, aunque el evaluador les diga que está mal.

 

Y para este caso, la analogía salta a la vista, existen sociedades que a pesar de que eligen perenemente a los mismos actores políticos, aunque estos ya hayan dado muestra de su incompetencia, se quejan de su conducta. Albert Einstein lo señaló atinadamente: “Si buscas resultados diferentes, no hagas siempre lo mismo”.

 

Otro ejemplo de daño en la corteza orbitofrontal, es el observado en pacientes con demencia frontotemporal, quienes tienen dificultades para evaluar las consecuencias sociales de sus acciones, por lo que pueden tener conductas de desinhibición.

 

En lo concerniente a la corteza prefrontal dorsolateral, o sea el segundo circuito, se conoce que los jugadores patológicos, es decir, aquellos que tienen una conducta de juego persistente e incontrolable que conlleva un deterioro psicosocial significativo, se caracterizan por una peor habilidad en la toma de decisiones y una disfunción ejecutiva en la memoria de trabajo.

 

Por último, en lo que tiene que ver con la corteza cingulada anterior, o tercer circuito, puede apuntarse lo descrito en individuos drogodependientes, quienes en estudios que midieron la actividad cerebral durante la ejecución de pruebas neuropsicológicas, mostraron menor actividad con respecto a individuos sanos.

 

Aunado a lo anterior, debe señalarse el papel crucial de la amígdala, una pequeña estructura cerebral localizada en el lóbulo temporal cuyo tamaño es parecido al de una almendra, en la asignación de una valencia emocional a cada estímulo que recibe una persona, en otras palabras, la función de la amígdala es calificar como agradable, desagradable, peligrosa o benéfica cualquier situación que enfrente un individuo. Por lo tanto, es obvio que su intervención es preponderante en la toma de decisiones y está relacionada estrechamente con las emociones. En términos estrictamente fisiológicos, cabría esperarse que el individuo elija aquello que le resulte benéfico. Sin embargo, existen situaciones en las que esto no sucede, por ejemplo en personas adictas a pesar de conocer las consecuencias negativas del consumo de alguna sustancia, no lo interrumpen.

 

Hasta aquí la breve descripción de la neurofisiología de la toma de decisiones. Ahora una simple invitación: estimado lector, la próxima vez que se encuentre ante un anuncio electoral, una nota periodística acerca de los candidatos y sus propuestas, pero sobre todo cuando tenga la boleta electoral frente a usted, recuerde un poco la complejidad del funcionamiento cerebral para que finalmente ponga una cruz sobre uno u otro espacio y por supuesto, no deje de lado la emoción experimentada. Recuerde todo lo que ha tenido que suceder dentro de su cerebro para que haya decidido una u otra opción.

 

Fuentes

 

Bechara, A.; Tranel, D.; Damasio, H. “Characterization of the decisión-making deficit of patients with ventromedial prefrontal cortex lesions”. Brain, 2000.

 

Broche-Pérez, Y; et al. “Bases neurales de la toma de decisiones”. Neurología, 2015.

 

Fishbein, DH.; Eldreth, DL.; Hyde, C.; Matochik, JA.; London, ED.; Contoreggi, C.; Kurian, V.; Kimes, AS.; Breeden, A.; Grant, S. “Risky decision-making and the anterior cingulate cortex in abstinent drug abusers and nonusers”. Cognitive Brain Research, 2005.

 

Leiserson, V.; Pihl, RO. “Reward-sensivity, inhibition of reward-seeking and dorsolateral prefrontal working memory function in problem gamblers not in treatment”. J, Gambl Stud, 2007.

 

Simon, VM. “La participación emocional en la toma de decisiones”. Psicothema, 1997.

Please reload

Artículo de la semana

El humano y la naturaleza: una verdad incómoda

1/1
Please reload

Artículos recientes
Please reload

Secciones
Archivo