Dictaduras y ambiente: experiencias y evolución

El problema principal de las dictaduras es que obedecen a una sola voz, la cual puede tener algunas otras voces detrás, pero al no haber debate de las cosas públicas, no hay enriquecimiento de ideas y se pueden cometer errores graves.

 

El asunto ambiental ha sufrido, de alguna manera, de los defectos de las dictaduras.

 

 

Me gustaría dar algunos ejemplos:

 

En la China de Mao se implemento una serie de medidas tomadas desde un gobierno central, prácticamente bajo una sola voz, que en conjunto con desastres naturales causaron: deforestación en busca de elementos para el acero, caída en la producción por medidas técnicas en el sector agropecuario que le parecían buenas a un solo sector, pero también problemas sociales derivado de todo esto. 

 

La dictadura cubana no quedó exenta. En 1987 un envío de búfalos de agua llegó de Vietnam como regalo a Cuba, se mantuvo en el territorio por una decisión personal del presidente Castro, que los veía como una opción de carne y leche de bajo costo. Sin embargo, a lo largo del tiempo esta especie se volvió un desastre al hacerse silvestre, generó daños en ecosistemas y en la vida de campesinos y personas que vivian alrededor de sus zonas de influencia.

 

Si hubiera habido un examen previo, con evaluaciones de los posibles impactos y de las necesidades de manejo que tenían los animales, es probable que no se hubiera hecho la introducción o, en dado caso, que se hubieran tomado medidas preventivas para evitar estos daños. El problema es que sólo se atendió a una voz única, sin contrapesos. 

 

Haití es otro caso: François Duvalier y Jean Claude Duvalier gobernaron de forma dictatorial el país y este sufrió una fuerte crisis de deforestación, que terminó por hacer al país sumamente sensible ante los problemas del cambio climático y desastres naturales.

 

México formalmente no ha tenido grandes dictaduras como otros países desde la revolución, pero hubo quien calificó al régimen priista de dictadura perfecta. Durante el tiempo de esta dictadura perfecta, hubo decisiones que generaron desastres ambientales, como la campaña nacional de desmontes, que buscaba que excepto los caminos y las ciudades, todo el resto del territorio fuera productivo o estuviera sembrado.

 

El problema de todos estos sistemas no es su tendencia ideológica, sino mantener el poder en una sola persona.

 

Una nación con estado de derecho y de avanzada, suele limitar al Estado y otorgar libertades a los ciudadanos, mientras que las dictaduras encarnan el poder en un solo hombre o grupo, y le suele dar manga ancha a ideas de una sola persona.

 

La lucha por el ambiente ha sido en parte construir ese estado de derecho, limitar al Estado, aunque darle también principios de conservación y de desarrollo sustentable, pero con la participación activa de la sociedad. Tal vez el error ambiental en México ha sido tener un Estado débil, sin territorio, con lo cual conservar se vuelve una tarea muy difícil, que se facilita si hay animo social por hacerlo.

 

Sin una correcta participación social, de quienes conocen y viven en cada sitio, sin la participación también de quienes conocen y estudian los procesos biogeoquímicos y biológicos, los proyectos pueden terminar en el mismo desorden de las dictaduras, sin conocimientos plenos, sin opiniones diversas que expongan variables y que permitan conocer los problemas y soluciones a fondo y de esa manera tomar mejores decisiones para el desarrollo sustentable.

 

La construcción de una estructura que permita un ambiente sano en México ha ido de la mano del proceso de democratización. No es perfecto el sistema ni nuestra democracia, pero esperemos no volver a caer en alguna dictadura que termine echando por la borda este largo proceso deliberativo.

 

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