Y nos encerramos

Y de pronto nuestro planeta empezó a enfermar. No imaginábamos en esos momentos el alcance de esta catástrofe.


Febrero 2020.


Corría el mes de febrero, disfrutábamos a nuestro nuevo nietecito recién nacido, íbamos y veníamos a México para verlo crecer. A la par empezamos a escuchar que en China había un virus, un tal llamado “coronavirus”. Bueno China está muy lejos pensamos inicialmente. Sin embargo, poco a poco las noticias eran más alarmantes, ¡cientos de contagiados! ¿Cómo, dónde nació esto? Cierren sus fronteras chinos, ¡no permitan que el virus salga de su país!

El 7 de febrero festejamos el cumpleaños de mi hija, le hicimos una deliciosa comida en la terraza de casa. Invitamos a todos los compañeros de su escuela de pintura, así como a familia y amigos. Convivimos muy felices y despreocupados, nos abrazábamos, agarrábamos nuestras manos, mi hija sopló las velitas de su pastel; todo aconteció con esa relajada libertad a la que estábamos acostumbrados, sin saber que sería el último cumpleaños presencial que celebraríamos en muchos meses, es más, ¿en cuánto tiempo? No sabíamos en esos inocentes momentos en los que abríamos la puerta de nuestra casa a los invitados y que nos juntábamos con nuestros seres queridos, que éstos tan acostumbrados hechos, se convertirían en lo más preciado de toda nuestra existencia.


Aunque las noticias eran inquietantes y en extremo confusas con relación a este “virus de China”, muy pronto nos empezamos a enterar que el nuevo extraño virus que había iniciado en Wuhan, China desde el pasado diciembre 2019, se trataba de un nuevo coronavirus y se reportaban ya varios casos de la enfermedad, la cual se presentaba como una insuficiencia respiratoria a raíz de una neumonía severa. Alrededor del 20 de Enero 2020 se reportaban ya 139 casos en China incluida la muerte de 3 personas.


A partir de esa fecha no dejaría de seguir propagándose el virus por varias partes de nuestro mundo.


Marzo 2020.


A mediados del mes de marzo tuvimos que quedarnos en nuestras casas, claro lo hicimos los que podíamos y los que creíamos en lo que estaba pasando. ¡La perspectiva de encerrarnos por 40 días era terrible! Recuerdo perfectamente aquel lunes 16 de marzo en el que decidimos comenzar nuestra cuarentena. Algunos lloramos, otros nos enojamos, otros peleábamos, ¡la idea de encerrarnos medio mes de marzo y abril nos volvía locos! Pero otros países lo estaban haciendo, estaban en cuarentena y lo estaban logrando, pensaba. ¡Recuerdo mucho esa sensación de frustración al pensar en no salir por 40 días, eso era imposible! Realmente muy difícil.


La confirmación de casos de coronavirus en nuestro país nos llevó a las compras de pánico, había que conseguir gel antibacterial, spray desinfectante, ¡tapabocas! También había que comprar despensa, muchos artículos perecederos.


Los supermercados se encontraban abarrotados de gente con los carritos repletos, papel del baño, latas, arroz, frijoles, agua, hay que prepararnos no sabemos lo que viene. ¡No se encontraban cubrebocas ni gel antibacterial en ningún lado y si los encontrabas eran a precios desorbitantes!


¿Como empezó este virus? ¿Realmente en el mercado de Wuhan? Nos llegaban diferentes noticias en las que ponían en duda la procedencia de este virus, muchas declaraban que “alguien”, “personas poderosas” lo habían propagado intencionalmente en nuestro planeta tierra. ¿Y cuáles eran sus fines? Preguntas sin respuesta. ¿Es esto una película de ciencia ficción, una película de terror? ¡Nuestros cuestionamientos solo nos llenaban de incertidumbre y de un miedo incontrolable! ¡Las malas noticias nos superaban, estábamos en medio de una pandemia sin precedentes!


Recuerdo que durante ese primer mes mi hija al despertar por las mañanas llegaba corriendo a mi cama y aun viéndome dormida me gritaba enojada: ¿Ya vamos a poder salir hoy? O sino entonces su tono era lastimero: Mami tan solo salgamos a dar una vueltecita. ¿Qué va a pasar con mi pequeño negocio de pulseras? ¡Tengo que seguir entregado pedidos! me reclamaba. Otros días se levantaba y llegaba a mi cama con sus ojos arrasados en lágrimas demandándome el por qué le había dicho a la persona de servicio que por ahora no viniera; que le seguiría pagando su sueldo cada semana, pero por seguridad de todos ya no viniera. Pobre hija mía, su enojo era enorme, su tristeza infinita, pero también su incredulidad. Pensaba que tan solo tenía que convencerme a mí, si yo aceptaba todo volvería a la normalidad.


Sin embargo, yo no tenía respuestas, me sentía aterrorizada, esa incertidumbre de no saber qué estaba pasando. ¿Qué pasará mañana? ¡Esto es en todo el mundo! ¿Cómo puede estar sucediendo? Pero, sobre todo, ¿qué es exactamente lo que está pasando? Yo le trasmitía a mi hija y a mi esposo firmeza en la decisión de no salir. ¡Me costaba muchísimo trabajo estarlos convenciendo, que aceptaran el encierro! ¿Y yo? ¿Yo lo aceptaba? Así también quería trasmitirle a mi hija esperanza, pero ¿teníamos esperanza?


Nuestros hijos nos llamaban todos los días por facetime para checarnos y asegurarse que no saliéramos, temían mucho por nosotros, por nuestra salud. Hablaron con mi esposo muy seriamente; papá, le demandaban, acepta este encierro, es solo un tiempo y es por el bien de todos, hay que aceptarlo y solo pensar en cuidarnos, mantenernos en casa y no salir, es solo un tiempo, ¡hagámoslo! Ummm cuánto ignorábamos aún, cuanto tendríamos que afrontar todavía!


Abril 2020


Cerraron las escuelas, empresas grandes y pequeñas, internacionales o nacionales, todo tipo de negocios, restaurantes, tiendas, papelerías, estéticas, aeropuertos, algunos países cerraron sus fronteras. Las empresas fuertes mandaron a sus empleados a trabajar en casa, otras recortaron un porcentaje de sus sueldos para poder seguir manteniéndose en funciones y otras mandaron a sus empleados a casa por un tiempo indefinido sin sueldo. Cerraron las plazas comerciales, los cines, todos los centros de esparcimiento y gimnasios, así como se cancelaron todos los eventos deportivos en el mundo, desde el maratón de la CDMX, Wimbledon en el Reino Unido y hasta los Juegos Olímpicos que se celebrarían en Tokio en el mes de Junio 2020. Se suspendieron todos los conciertos y eventos artísticos. Y por supuesto se cancelaron todos los eventos familiares.