Tren Maya ¿con qué se moverá?

El Tren Maya parece ser el único proyecto en materia turística en la actual administración federal. Desafortunadamente, como casi todos los proyectos de este gobierno, más que proyecto es una idea que se va desarrollando y tomando forma, o sea que en realidad no existe proyecto y va teniendo cambios en el tiempo.


Uno de los asuntos que han cambiado más frecuentemente y también preocupado es que no sabemos cómo se va a mover y se han dado al menos 4 versiones distintas.


Se inició con una versión que parecía políticamente correcta: biodiesel. Esa además parecía relacionada con un funcionario público que tiene negocios para la producción del combustible en la península de Yucatán, sin embargo, en México no se produce suficiente y generaría una deforestación todavía mayor para su producción. Según los cálculos, se requieren 166 mil millones de litros de combustible.


En alguna ficha de las elaboradas por el proyecto se mencionó que el Tren podría moverse por hidrógeno. Un proyecto así sería interesante, pues además de que es poco o casi nada contaminante, las condiciones en las costas de la península podrían permitir el desarrollo de la infraestructura necesaria, aunque la tecnología está poco madura en México.


Posteriormente se retornó a diésel. El problema con el diésel es que México prácticamente no produce diésel Ultra Bajo en Azufre, con lo cual un motor diésel sería una fuente fuerte de contaminación o se debería importar el combustible, lo que encarece y hace poco viable en el largo plazo el proyecto.


La última versión es que será eléctrico. Para eso, una de las empresas de CFE (Suministradora de Servicios Básicos) apoyaría en el desarrollo del proyecto. Pero vale la pena tomar en cuenta muchas cuestiones sobre las implicaciones de la electrificación.

Primero que nada, electrificar la vía complementará el proyecto para electrificar las estaciones. Recordemos que no todo el trayecto ni zonas de las estaciones están necesariamente electrificadas. El tamaño de las estaciones, las necesidades energéticas (iluminación, aire acondicionado, la propia propulsión del tren, cocinas, etcétera) hacen pensar que el proyecto necesitará un nivel de tensión que requerirá por lo menos lo que se conoce como “subtransmisión” o sea, que no serán líneas sencillas, sino que requerirán un espacio especial para el paso de las líneas, adicional a las vías. Ahora, la península de Yucatán tiene problemas eléctricos.


La península tiene actualmente una demanda de hasta 2,100 MW de energía eléctrica en horario punta, pero la generación en sitio es ligeramente inferior a los 1000 MW. Tanto las subastas de energía eléctrica de largo plazo del Centro Nacional de Control de Energía (CENACE) como el mercado eléctrico y los contratos viejos han ido aportando cada vez mas energía en la región, pero el problema de falta de energía sigue presente. Si este año no hubo apagones, en buena parte es porque la pandemia tiró la demanda eléctrica en la región, pero al recuperar la demanda, los problemas regresarán casi de forma inmediata.


Si bien se han anunciado medidas para incrementar la disponibilidad de energía en la región, ningún proyecto ha iniciado siquiera su construcción, excepto los privados. La construcción del tren significará tener que incrementar ya sea la generación in situ de energía eléctrica o la transmisión desde la zona oriental hacia la zona peninsular. Ninguna de estas cosas ha realizado este gobierno.


Adicionalmente, el costo de generar energía en la zona se hace con diésel y combustóleo, lo que genera dos impactos en el tren maya: lo haría caro y sumamente contaminante. De poco servirá un supuesto proyecto ecoturístico que de origen es una fuente para mantener la contaminación en la región, por mucho que intenten alegar que el tren es eléctrico.


El proyecto suma entonces a sus complicaciones ambientales la necesidad de infraestructura adicional para brindarle energía, que en algunos casos puede duplicar la necesidad de espacio para las torres de transmisión, con lo que el impacto ambiental tendría que volverse a presentar para agregar esta nueva presión a los ecosistemas.


¿Cual es la mejor opción? Sería apostar por el futuro, quizá por trenes de hidrógeno, lo que además aceleraría el desarrollo tecnológico, pero la inmediatez del propio proyecto lo parará en lo que hay, y no en lo que puede haber.


Víctor Florencio Ramírez Cabrera

Doctor en ciencias por la Universidad Nacional Autónoma de Mexico.

Consultor en el sector energético, vocero de la Plataforma Mexico Clima y Energía. Forma parte del colectivo WeTweetEnergy que busca socializar al sector energético mexicano. Tiene experiencia en el sector ambiental, tanto desde el sector público como el privado.

La historia no es un conjunto de proyectos políticos sino un conjunto de realidades que el tiempo se encarga de ordenar.

victorramirezcabrera@gmail.com, @vicfc7

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