Una breve historia sobre las virtualidades afectivas

Es claro: el espacio-pantalla no existe sin las interacciones de sus usuarixs. Los primeros ciberespacios se ensamblaron a través de comunidades virtuales, puntos de paso para colecciones de creencias y prácticas comunes que unían a personas que estaban físicamente separadas. Las comunidades virtuales se sostienen a sí mismas haciendo circular estas prácticas. Para dar algunos ejemplos de cómo funciona esto, es importante contar la historia de las interfaces que han hilado nuestras virtualidades afectivas.


Existen cuatro episodios clave en esta historia. El comienzo de cada uno está anclado a un cambio en el carácter de la comunicación humana. Misma que, a lo largo de los años, está cada vez más mediada por la tecnología. Dado que el ritmo de cambio de la innovación tecnológica aumenta con el tiempo, las épocas más recientes son más cortas, pero en cada una de ellas se intercambia aproximadamente la misma cantidad de información.


Primer episodio: textos


Las primeras comunidades virtuales textuales comienzan en 1669 cuando Robert Boyle contrató un aparato de tecnología literaria para "dramatizar las relaciones sociales propias de una comunidad de filósofos". Como apuntan Shapin y Shapiro en su estudio del debate entre Boyle y Thomas Hobbes, Leviatán y la Bomba de Vacío, probablemente le debemos a Boyle la invención de la estructura del trabajo académico. Boyle desarrolló un método de validación que se describió como un testimonio virtual. Creó lo que llamó una "comunidad de individuos de ideas afines" para validar sus experimentos científicos, y supuso que los "individuos" para los que escribía creían que una escritura extensa y detallada implicaba un trabajo experimental minucioso. Por medio de esa escritura, un grupo de personas podía presenciar un experimento sin estar físicamente presente. La producción de Boyle del detallado trabajo académico tuvo tanto éxito que sigue siendo el ejemplo de la erudición.


Sin embargo, el formato en torno al cual se forma una comunidad creciente es la escritura de ficción. Podría decirse que los primeros textos que llegaron más allá de las diferencias de clase, género e ideología fueron las novelas del siglo XVIII, ejemplificadas por la publicación de la novela Paul y Virginia (1788) de Bernardin de Saint-Pierre, que Roddey Reid, en su estudio Tears For Fears, identifica como una de las primeras producciones textuales que "desmanteló la esfera pública absolutista y construyó una esfera pública burguesa a través de ficciones de la comunidad nacional". Reid afirma que esta novela fue un punto de entrada para un grupo de conceptos circulantes sobre la naturaleza de la identidad social que transformó a la sociedad francesa. Así, en este primer episodio, los textos se convirtieron en formas de comunicación con la capacidad de crear, y modificar, nuevos tipos de comunidades.


Segundo episodio: medios de comunicación electrónicos y de entretenimiento


El periodo de las primeras comunidades virtuales electrónicas comenzó en el siglo XX con la invención del telégrafo y continuó con las comunidades musicales, anteriormente constituidas en el espacio público, desplazándose y traduciéndose a un nuevo tipo de espacio comunitario virtual alrededor del fonógrafo. El punto clave de este período fueron las Charlas junto al fuego de la radio de Franklin Delano Roosevelt, que crearon una comunidad a distancia por medio de tecnologías accesibles. Roosevelt usó la radio como una máquina para llevar, virtualmente, oyentes a su sala de estar. Y, aunque la radio era una comunicación unidireccional, fue esencial para repensar la presencia colectiva. Esta visión implica una nueva, diferente y compleja forma de experimentar la relación entre el cuerpo humano físico y el yo que lo habita. En cierto sentido, el oyente estaba en dos lugares a la vez - el cuerpo físico en casa, pero el yo, en un espacio imaginario con otra persona.


El cine, y más tarde la televisión, también movilizaron un poder similar para organizar grupos sociales afectivos. Podría decirse que uno de los mejores ejemplos de una comunidad virtual de finales del siglo XX es el de los Trekkies, un amplio grupo de fans de Star Trek, que se interrelacionan y se constituyen mutuamente de manera compleja a través de los límites de los textos, las películas y las interfaces de vídeo.


Este episodio terminó a mediados de los años 70 con la llegada de los primeros sistemas de tableros de anuncios (BBS) basados en terminales.


Tercer episodio: tecnologías de la información


Primeras comunidades virtuales basadas en tecnologías de la información fueron los servicios de tableros de anuncios en línea (BBS) de mediados de los años 70. Los BBS fueron nombrados según su función percibida - lugares virtuales, concebidos para ser como tableros de anuncios físicos, donde la gente podía colocar notas para su lectura general. Los primeros programas de BBS eran sencillos y permitían al usuario buscar los mensajes por orden alfabético, o simplemente leer los mensajes en el orden en que fueron publicados. Estos programas fueron regalados, en su mayoría, como shareware - concepto de la ética visionaria de las comunidades virtuales electrónicas que buscaba transparentar y compartir procesos tecnológicos.


Un ejemplo de BBS es CommuniTree. Este grupo, encabezado por John James, veía los BBS como transformadores por la estructura ontológica que presuponía y creaba simultáneamente - el modo de discurso estructurado en árbol y la comunidad que lo habitaba - y porque era otro orden de extensión, una especie de prótesis en el sentido de McLuhan. El BBS que CommuniTree imaginó era una extensión de la instrumentalidad del participante en un espacio social virtual a través de crear una serie de conferencias textuales abiertas a todxs.


El carácter visionario de la ontología electrónica de CommuniTree resultó ser un obstáculo para la supervivencia del mismo. Garantizar la privacidad en todos los aspectos de la estructura de su red y permitir el acceso ilimitado a todas las conferencias no funcionó en un contexto de creciente disponibilidad de terminales para aquellos que no compartían necesariamente las ideas de esta comunidad. Como dijo un veterano del Árbol, "Las hordas bárbaras nos segaron". Así, en la práctica, la vigilancia y el control resultaron ser complementos necesarios para mantener el orden en la comunidad virtual. Es tentador especular sobre lo que podría haber pasado si la introducción de CommuniTree no hubiera coincidido con la primera ola de "computerjugen". Tal vez el futuro de las comunidades virtuales electrónicas habría sido muy diferente.


Aquí, lxs participantes de las comunidades electrónicas parecen estar adquiriendo habilidades que son útiles para los entornos sociales virtuales que se desarrollan en las naciones tecnificadas de finales del siglo XX. Sus participantes han aprendido a delegar su agencia a representantes corporales que existen en un espacio imaginario contiguo a los representantes de otros individuos. Se han acostumbrado a lo que podría llamarse un sueño lúcido en estado de vigilia: a una constelación de actividades muy parecidas a la lectura, pero una lectura activa e interactiva, una práctica social participativa en la que las acciones del lector tienen consecuencias en el mundo del sueño o del libro.


Cuarto episodio: realidad virtual y ciberespacio


Podría decirse que el acontecimiento más importante para el desarrollo de las comunidades virtuales fue la publicación de la novela de ciencia ficción escrita por William Gibson: Neuromancer. Ésta representa la línea divisoria entre el tercer y cuarto episodio no porque señalara algún desarrollo tecnológico, sino porque cristalizó una nueva comunidad, al igual que los trabajos científicos de Boyle y Paul y Virginia lo hicieron en una época anterior.


Neuromancer llegó a los hackers que se habían radicalizado por la poderosa evocación cinematográfica de George Lucas de la humanidad y la tecnología infinitamente extendida, y llegó a los tecnológicamente alfabetizados y socialmente desafectados que buscaban formas sociales que pudieran transformar la anomia fragmentada que caracterizaba la vida en Silicon Valley y en todos los guetos industriales electrónicos. De un solo golpe, la visión de Gibson proporcionó la esfera pública imaginaria y la comunidad discursiva refigurada que establecieron las bases para la posibilidad de un nuevo tipo de interacción social. Al igual que Paul y Virginia en la época de Napoleón y Dupont de Nemours, Neuromancer en la época de Reagan y DARPA es una presencia intertextual masiva no solo en otras producciones literarias de los años ochenta, sino en publicaciones técnicas, temas de conferencias, diseño de hardware y discursos científicos - tecnológicos en general. El ciberespacio habitable tridimensional descrito en Neuromancer no existe todavía, pero las bases para ello pueden encontrarse en una serie de experimentos tanto en el sector militar como en el privado.


Durante este período, cuando se publicó Neuromancer, la realidad virtual adquirió un nuevo nombre y una identidad social repentinamente prominente nombrada ciberespacio. La importancia crítica del libro de Gibson se debió en parte a la forma en que desencadenó una revolución conceptual entre lxs trabajadorxs dispersos que habían estado haciendo investigaciones sobre la realidad virtual durante años: a medida que los grupos de trabajo se unían y disolvían, que la fortuna de las empresas, proyectos y laboratorios subía y bajaba, la existencia de la novela de Gibson y el imaginario tecnológico y social que articulaba permitió a los investigadores en la realidad virtual -o, bajo la nueva dispensación, el ciberespacio- reconocerse y organizarse como una comunidad.


Sin duda el 2020, y su inminente macro-virtualización, ha tomado un camino que pareciera cimentar y anclar al imaginario social todo lo que se gestó en las obras de ciencia ficción en torno a las comunidades virtuales, la rematerialización de los afectos y la memoria. En una época en la que nuestras relaciones personales, profesionales y platónicas están mediadas por pantallas y cables de fibra óptica, vale la pena plantearnos no solo los cambios que impactan en estas transacciones (desde sus políticas, impactos ecológicos y economías ocultas) sino también las nuevas vías afectivas mediante las que creamos y pensamos a la comunidad. Quizá las pistas para desentrañar estas nuevas lógicas ya las esté plantenado Holly Herdon en la canción Home: “Puedo sentirte en mi habitación, ¿por qué me asignaron a ti? Siento como si estuviera en casa por mi cuenta y se siente como si me vieras. Sé que has estado por aquí. Aun así quiero, quiero que muestres tu cara.”


Doreen A. Ríos

Maestra en Curaduría Contemporánea por la Universidad de Southampton (Reino Unido).

Directora y curadora de [ANTI]MATERIA.

Curadora en Jefe del Centro de Cultura Digital CDMX.

doreen@anti-materia.org

@doreena_rios

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