Pandemia Covid-19 o la aceleración de la deshumanización en el siglo XXI

Toda persona y relación humana en el planeta Tierra se vieron afectadas sustancialmente, gravemente, en este año 2020. Las circunstancias de la raza dominante ya tendían hacia el terreno de la digitalización desde el terreno analógico, físico y perceptible a nuestro tacto, desde finales del siglo próximo pasado, sin embargo, con la enfermedad virulenta supuestamente originada en la provincia china de Wuhan: todo aspecto de creación de bienes y ofrecimiento de servicios entre humanos se ha obligado a transitar a la digitalización consistente en la adquisición de bienes y prestación de servicios a través de una página de internet, con apoyo de dispositivos eléctricos: una persona relacionándose casi por completo únicamente con una máquina.


Lo anterior se traduce en el distanciamiento de la raza humana entre sus integrantes individuales, en este 2020 justificado para evitar la propagación, el contagio del virus pandémico, dado que su novedad ha puesto en jaque a la ciencia médica por su propagación incendiaria y la falta de una vacuna que pueda permitir a los seres humanos tener un margen amplio de supervivencia ante dicha amenaza.


Eventualmente la vacuna será creada, para ser difundida o vendida, mientras tanto la humanidad entera se encuentra a la suerte de su sistema inmunológico natural, y las reacciones y resistencias circunstanciales variables de persona a persona, esto es: mientras no exista una vacuna para aminorar el embate virulento, cada persona se encontrará primero ante la incertidumbre del contagio, que de llegar a ocurrirle, le dejará después ante la incógnita de su reacción inmunológica. En pocas palabras, y ante lo novedoso del virus que azota a la humanidad entera, sobrevivirán las personas que sean favorecidas por la fortuna, por el azar, que no se contagien primero y de llegar a contagiarse: soporten y eliminen inmunológicamente la infección, de esta manera nuestra raza sobrevivirá, hasta la siguiente pandemia.


No obstante lo anterior, lo que cambiará para no volver, lo que quizás se busca extinguir inconscientemente, es la interacción humana, ya que como se explicó líneas antes: estas interacciones ya disminuían poco a poco, lo que nos consta a quienes vivimos la transición de siglo, en un afán digitalizador, donde las máquinas reemplazan al prójimo, donde el internet se ha vuelto indispensable, y que en consecuencia: vuelve a las personas que carecen, por gusto o por necesidad, de algún dispositivo eléctrico capaz de codificar la marea digital que nos busca cubrir de la cabeza a los pies: en obsoletas, anacrónicas.


Ahora, no quiero que el lector piense que el que suscribe es un purista de la interacción humana, ya que he comprobado los beneficios de la tecnología digital, como lo son la facilidad de conseguir información del tema que sea, cuando sea, pues la tecnología digital favorece el proceso educativo; la facilitación de actividades productivas, tanto bienes como servicios, pues favorece los procesos de manufactura, así como mejora las metodologías profesionistas; y sobre todo, aunque suene irónico y contradictorio: favorece la comunicación humana de “larga distancia”, porque en el caso personal cuento un amigo nacional que cambió su residencia a China, afortunadamente no en la provincia de Wuhan, con quien me comunico (no tan fácilmente, debido a las restricciones del Gobierno chino) con datos audiovisuales, lo cual hace 20 años era prácticamente imposible ir allende la comunicación epistolar, lenta y un tanto insegura.


Dado el párrafo anterior extenso, quiero aclarar la diferencia que para este artículo busco que quede clara al respecto de la interacción y la comunicación y que, a mi parecer, radica en la inmediatez que tenemos para relacionarnos físicamente con una persona. Al referirme a interacción humana identifico a los nexos verbales, afectivos, laborales, económicos, académicos, y jurídicos, (en un orden de prelación aparente) que cotidianamente realizamos entre los humanos de la comunidad a la que pertenecemos, en síntesis, me refiero a las interacciones que realizamos día a día con las demás personas que tenemos al alcance de nuestro cuerpo y nuestros sentidos. Por otro lado, al referirme a la comunicación humana identifico a los nexos textuales de toda índole que en la actualidad digital realizamos entre humanos de cualquier parte del mundo, en síntesis, me refiero a la información audiovisual que intercambiamos entre las demás personas que no tenemos al alcance de nuestro cuerpo y nuestros sentidos.


De lo anterior, puedo concluir afligido que la tecnología digital se ha intensificado en su uso, quizás se ha abusado, pues advierto el uso de dispositivos eléctricos que codifican y nos hacen entendibles los datos digitales que producimos cada vez en mayor cantidad, lo que hace que aún en las interacciones humanas se prefiera la comunicación a través de los dispositivos multicitados que a través de nuestra ubicación presencial con nuestro interlocutor, y nuestra expresión con la palabra hablada, lo cual es razonable, conveniente, y útil, para la comunicación en los términos referidos en este artículo (recordemos el caso de mi gran amigo en China), así como para tener prácticamente toda la información que ha producido la humanidad desde sus orígenes hasta el día en que se haga una búsqueda, de cualquier tema. Ahora, este uso intensificado, se ha volcado para considerarse el único que nos queda para la interacción, dadas las circunstancias anti-humanistas del virus que nos amenaza, de los que nos amenazaron y de los que nos amenazarán, pues virus han atacado a nuestra raza y, en el futuro, aparecerán otros más, pero “nosotros somos la gente que domina el mundo” y lo seguiremos dominando.


Ahora, esta etapa viral que atraviesa el planeta Tierra y nuestra raza es anti-humanista porque recordemos que en Grecia antigua Aristóteles forjó el término “política” como una ciencia suprema que subordina a todas las demás en favor de un objetivo definido con nitidez: el bienestar de la comunidad en la que se habita, por que el ser humano para él es un ser gregario, un “animal político” (zoon politikon), de donde obtenemos que la política es una ciencia magnífica, de la cual tenemos en la actualidad mexicana sólo jirones. Ergo: la interacción humana es clave para nuestra raza y los virus atacan esa clave. Se nos dice como mandato, más que consejo: “¡quédate en casa!” y si tenemos el atrevimiento de salir de ella (porque todos tenemos necesidad de hacerlo, ya sea por causas nobles o turbias) tenemos que cubrirnos el rostro, evitar dialogar y, básicamente, evitar toda aproximación entre nuestros cuerpos y nuestros sentidos, a pesar de que corremos el riesgo de jamás volverlo hacer, pues la mortalidad de este denominado “Covid-19” ha sido tristemente célebre.


En este anti-humanismo es donde radica la preocupación del que suscribe, porque advierto, temo el día en que las personas humanas únicamente interactúen con máquinas y dejen de reunirse, de dialogar, de crear en conjunto con el prójimo. Así también se “avanza” en el terreno judicial, en el cual se dirime cualquier controversia que exista entre los derechos de nosotros los humanos y es que: como medida antiviral se ha acelerado la digitalización del proceso controversial ante funcionarios judiciales “juicio en línea”, que en pocas palabras es la ausencia de las partes en su juicio o expediente.


Porque es conveniente apoyarnos en la tecnología digital para la organización y resolución de los cada vez más abundantes asuntos, de cualquier materia de Derecho, sin embargo, la presencia de los interesados, la negociación o escaramuza artística o estética de sus representantes letrados, ante la potestad e investidura de un Juez me parece de importancia mayúscula, pues advierto el riesgo de que después de esta pandemia “Covid-19” el procedimiento se busque digitalizar por completo, y esta preocupación la justifico debido a que mi intención es, y será, que como nos indicó el maestro Estagirita: seamos humanos, seamos políticos y no sólo en los procesos judiciales sino en todo aspecto y ejercicio de esta fortuna que tenemos los que en el segundo semestre del año 2020 seguimos con vida.


David L’Vergara (“Lic. Rocöco”)

Abogado General por la Facultad de Derecho de la Universidad Nacional Autónoma de México.

Perfil tuitero: @Dhuxttore

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