México en la OPEP, una relación de “estire y afloje”

14/07/2020

Como muchos recordarán, en marzo de este año, los miembros de la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP) y los países productores aliados (OPEP+), en estos últimos participa México, se reunieron para tomar acciones para prevenir la caída de los precios a causa de un posible descenso de la demanda de hidrocarburos por el COVID-19; a razón de que estos países son responsables de cerca del 60 por ciento de la producción mundial de crudo.

 

El objetivo de la reunión fue disminuir el nivel de la producción petrolera. Sin embargo, la falta de acuerdos desató una guerra de precios entre Arabia Saudita y Rusia, lo que propició junto con la pandemia un desplome de los precios del petróleo a nivel mundial; tanto que el West Texas Intermediate (WTI) llegó por debajo de los $20 dólares el barril y la Mezcla Mexicana de Exportación (MME) cayó incluso a niveles negativos de -$2.37 dólares, suceso único en la historia del petróleo de nuestro país.

 

Finalmente los países llegaron al acuerdo de reducir su producción en un 23 por ciento, lo cual implicaría una disminución de 10 millones de barriles diarios a nivel mundial. Sin embargo, nuestro país no estuvo de acuerdo y, tras un “estire y afloje” y con el apoyo de Estados Unidos, México logró que la OPEP aceptara un recorte de nuestra parte de sólo 100 mil barriles diarios en lugar de los 400 mil que nos correspondían. De esta manera, el trato de los países de la “Declaración de Cooperación de Ajuste Voluntario de la Producción” quedó en un compromiso de reducir 9.7 millones de barriles diarios por el periodo de mayo y junio del 2020.

 

Pero para toda causa hay un efecto y la decisión de México de no participar de manera equitativa junto con el resto de los países generó tres situaciones.

 

La primera, fue una “represalia” por parte de Arabia Saludita, ya que aprovechó su fortaleza económica y petrolera para ofertar sustanciales rebajas a países asiáticos, mercados naturales de México, para que estos le compraran al país árabe en lugar de al nuestro. 

 

La segunda es que dado que Pemex decidió intentar mantener su nivel de producción de crudo a pesar del desplome de los precios internacionales y el abrupto descenso de las ventas en gasolineras, sus ingresos por exportaciones de petróleo y venta de combustibles se vieron impactados con un desplome de más de 70 por ciento, lo cual tiene un impacto directo en las finanzas públicas de México.

 

La tercera y posiblemente la más preocupante es la obligación que dejamos con el presidente Donald Trump, cobro que seguramente se nos solicitará en el mes de julio, en Washington, durante su encuentro con el Presidente de México; será en ese momento que nos informarán de qué tamaño fue el “sapo”, es decir, cuál será la magnitud de la deuda que tendremos que pagar y la forma del saldo. Recordemos que el país del Norte se encuentra en periodo electoral, lo que puede agravar el adeudo. 

 

Para dar seguimiento al acuerdo, este 06 de junio, la OPEP y los aliados se volvieron a reunir, ahora para determinar si se llevaría a cabo una extensión del recorte pactado en el mes de marzo o se reduciría el volumen del corte a 7.7 millones de barriles diarios para  los meses de julio a diciembre de este año. Dado que la demanda continuaba baja y la epidemia ha presentado rebrotes en diversos países, la decisión fue prolongar la reducción un mes más, hasta el 31 de julio. En cuanto a los países que no habían cumplido con su compromiso, como Nigeria e Irak, se les exigió que compensaran con recortes adicionales durante los meses de julio a septiembre.

 

Pero ¿qué fue lo que sucedió con nuestro país durante esta última reunión? México salió del acuerdo. El Gobierno se negó a prolongar el recorte por un mes más, como sí lo aceptaron el resto de los miembros. El argumento fue que nosotros sí habíamos cumplido el compromiso en el mes de mayo, a diferencia de otros países que lo incumplieron. 

 

El anuncio lo emitió el Subsecretario de Hidrocarburos, Miguel Ángel Maciel ya que la Secretaria de Energía tenía otras prioridades como acompañar al Presidente en su visita al Complejo Petroquímico “La Cangrejera” lo cual no generó la mejor percepción ante los ministros y secretarios de energía de los países integrantes de la Organización Petrolera.  

 

Cierto es que México cumplió y bajó la producción pero los dos puntos cuestionables sobre este resultado son, por una parte, la razón del Gobierno de no acceder a reducir el 23 por ciento correspondiente conducida por un asunto electoral e ideológico y no por uno naturalmente más racional como hubiera sido la rentabilidad económica. 

 

De aquí se desprende el segundo asunto, el reporte de Pemex con respecto a la reducción del mes de mayo el cual señala una caída en la producción de 120 mil barriles diarios, monto inferior al que México acordó tras el “estire y afloje” con la OPEP+.  El argumento por parte de Pemex fue “las malas condiciones climáticas del Sureste del país” que provocó el cierre de varios pozos de producción.  

 

La situación de Pemex en general es tan complicada que bajo el discurso de “causa de fuerza mayor” acaba de cancelar 45 contratos de embarcaciones de transporte y proceso para plataformas de Pemex por un monto de 3 mil 500 millones de pesos, lo que implica una pérdida de casi 8 mil empleos, entre otras problemáticas. 

 

Pero regresando al tema de la OPEP, la caída de la demanda de petróleo aún no se recupera, entre otros factores, por los rebrotes en varios países de la pandemia, la saturación de la capacidad de almacenamiento y la compleja situación que vive el sector de la aviación. Sin embargo, se empieza a ver la luz, ya que en los últimos días hemos andado cercanos a los 40 dólares por barril; aunque la recuperación de la demanda de petróleo, según la Agencia Internacional de Energía (IEA, por sus siglas en inglés) la pronostica hasta el 2022.

 

En cuanto al panorama a corto y mediano plazo, mientras los países miembros de la OPEP y los aliados continúen cumpliendo con los recortes correspondientes, se esperaría que para el mes de septiembre, ya podamos palpar un incremento significativo de la demanda. Esto implicaría, seguramente una reactivación para los productores de shale (esquisto) en EE. UU. (que algunos están en riesgo de quiebra y otros se declararon en bancarrota). Cabe aclarar, que esto dependerá de las medidas que se tomen, principalmente en Texas para controlar la pandemia, ya que en días recientes hubo un rebrote con más de 17 mil casos nuevos en el estado.

 

Para México y Pemex, el panorama no es muy diferente.  En algunos estados este 1ero de julio se reabrirán ciertas operaciones, pero si no se logra un control del continuo crecimiento de la pandemia el escenario será complicado, ya que además tendremos que hacer frente a las vapuleadas condiciones globales del mercado, a la situación económica nacional que tiene proyectada una contracción del PIB de 10.5 por ciento para este año, la ideologizada estrategia petrolera y la falta de cooperación con la OPEP+. 

 

Por esto y más, el panorama de la Empresa Productiva se ve poco alentador para este 2020 ya que incluso se estima una caída de la producción de aproximadamente 9 por ciento vs. el 2019, pero recordemos que ya en diciembre del 2019 había reportado una caída de aproximadamente 7 por ciento comparado con el 2018; es decir, cumplir con la meta de 2.6 millones de barriles diarios para el 2024, como se planteó en el Proyecto de Nación 2018 - 2024 será un reto poco alcanzable.

 

Abril Moreno 

Directora General de Perceptia21. Vicepresidenta de la Comisión de Energía del IMEF y Partner de Oil & Gas Alliance. Es Maestra en Comportamiento Político y en Responsabilidad Social. Cuenta con más de 10 años de experiencia en el sector energético; ha participado en el sector público, privado y social. Es consultora en materia de asuntos públicos, manejo de crisis y energía.

@Abril_More

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