El reto de la cultura en tiempos de crisis

Pocas veces en la historia reciente de la humanidad las sociedades enfrentaron al mismo tiempo y con complicaciones similares un fenómeno conjunto, originado en este 2020 por la pandemia del virus COVID-19, que modificó en semanas la actividad económica, social y política de buena parte del planeta, generando una pausa imprevista que obligo al confinamiento y la limitación de la movilidad de millones de personas, lo mismo en las grandes capitales que en las regiones más desoladas o alejadas de países enteros. 

 

Esta pausa imprevista trastoco la vida en todos los sentidos, obligado a generar nuevas formas de trabajo a distancia, limitando las actividades económicas no esenciales y generando una cadena de dificultades e incertidumbre en amplios sectores que, de un momento a otro, vieron reducida su capacidad económica, disminuidos sus ingresos y entrando en una espiral de crisis, cuyas consecuencias aún no son cuantificables. 

 

Ante estos sucesos, un sector que sufrió desde el primer momento un golpe mayúsculo es el vinculado a la cultura y las artes, al afrontar con inmediatez el cierre de las instalaciones dedicadas a las expresiones artísticas, desde museos nacionales o locales, centros culturales, salas de conciertos y teatros continuando con librerías y otros espacios de expresión como galerías o foros independientes. Sin olvidar que los espectáculos de concentración masiva igualmente fueron cancelados de forma inmediata, lo que afecto tanto a creadores de sectores artísticos más vinculados al espectáculo que a producciones que por su calidad o naturaleza igualmente reúnen gran cantidad de público como las funciones de ópera, ballet o temporadas de conciertos orquestales.

 

Una bajada del telón intempestiva que sorprendió por su rapidez a los actores involucrados, muchos de los cuales no encontraron mejor opción que refugiarse en sus vidas personales, alejándose de los escenarios para afrontar en su fuero individual la crisis, del mismo modo las instituciones culturales rápidamente cerraron sus puertas e intentaron, como referiré más adelante, trasladar sus servicios a las plataformas digitales. Sin embargo, el golpe que el sector artístico-cultural recibió al limitar sus actividades de forma abrupta, es un hecho insólito que, ni durante las guerras mundiales del convulso siglo XX, sucedió con tal alcance y consecuencias.

 

Este relato de tiempos convulsos es solo el preámbulo de la autentica crisis que ya está en marcha y otra mayor que se avecina, la primera inmediata dada el cierre de actividades, que desencadenó una falta de ingresos, de suyo siempre sujetos a vaivenes, para la comunidad cultural, un reto inmediato que afecta directamente la vida de millones de creadores y artistas que de un momento a otro perdieron la fuente principal de sustento personal y familiar. Aún es pronto para identificar el tamaño de la crisis, pero es innegable que, como millones de emprendedores, los artistas afrontaran una carestía economicaa severa, que solo pocos lograran sortear gracias a que cuentan con otros ingresos semi estables como plazas burocráticas o clases en instituciones educativas. Un panorama que será desolador para ellos y sus familias en las semanas y meses próximos.  

 

Sin embargo, la realidad post pandemia es, a mi parecer, la que abre un panorama de mayor dificultad e incertidumbre, dado que como todos los especialistas apuntan, la reunión de gente para fines de ocio, que permita la proximidad entre creadores y públicos, igual que la asistencia con confianza a espacios como salas de concierto o teatros, serán de los flancos que más tarde volverán a la normalidad, si es que de nuevo vuelven a normalizarse, dado que no pocas voces refieren que difícilmente en el inmediato se volverá a contar con la tranquilidad absoluta que se tenía previo a esta emergencia. 

 

Realidad que trastocará, tal vez de forma permanente, los mecanismos de generación, difusión, consumo y vivencia de las experiencias culturales, las cuales, en un caso inicial, seguro volverán con limitación de públicos o accesos restringidos. Los grandes museos como el Prado y Louvre hablan del fin permanente de la afluencia en masa, tal vez como único factor positivo que evite esas hordas interminables de visitantes de selfie, pero que significa a la vez un menor acercamiento al arte y una carencia de ingresos con la consecuente merma de la oferta y demanda cultural en todos sus eslabones. 

 

Frente a estos casos de mayor visibilidad, la incertidumbre en los recintos nacionales, regionales o municipales es igual de preocupante, pienso en las salas de concierto que aún sufrían por llenar sus espacios, las galerías que emprendían para ofrecer sus bienes y servicios, los teatros o foros escénicos que debían hacer ofertas y preventas para garantizar taquillas, los recintos museísticos que siempre adolecían de inversión para renovar sus colecciones o presentar exposiciones atractivas, las cuales ante menor demanda seguirán en esa sequia para volverla interminable, y claro, los festivales, encuentros o conmemoraciones que reunían a miles de personas y eran una fuente, con todos y sus bemoles críticas de programación u organización, de ingreso para creadores y artistas. 

 

Estas dos dimensiones muestran un panorama sombrío, que requerirá de innovación, creatividad, disciplina y solidaridad entre los diversos actores de la comunidad cultural, un esfuerzo que sin duda deben iniciar las autoridades gubernamentales encargadas de esta materia, sin perder de vista que sus fondos (siempre insuficientes) seguramente se verán mermados, frente a necesidades presupuestales prioritarias en materia de saludo, infraestructura o reactivación económica. Autoridades que sin demerito deberán pensar programas inteligentes que no caigan en lugares comunes, sino que encuentren en esta crisis la oportunidad para dignificar el rol de la cultura como esencial para la sociedad, pero también como actor económico, que incentivado adecuadamente puede contribuir a la recuperación económica general. Incentivo con visión emprendedora y creativa, que potencia industrias culturales, que fomente la venta e intercambio de bienes y servicios culturales y de un nuevo rol a la infraestructura existente para darle nueva vida ante una diferente realidad.  

 

Con el mismo peso, los creadores, artistas y promotores tendrán que transformarse por completo, asumiendo un nuevo rol como emprendedores, que aporten desde ya la constante posición de victimas o incomprendidos, a la espera del apoyo necesario que nunca llega, para asumir el papel social que la cultural merece, desde sus propios protagonistas; sin duda es una reto mayor, injusto y desproporcionado, pero que inevitablemente debe asumirse para mantenerse vigentes, siendo necesario aportar por la intercomunicación, la renovación constante, la cooperación proactiva, la promoción eficiente, la priorización de intereses de los nuevos públicos y la generación de ofertas que emocionen y acerquen a un publico que será más selectivo y limitado.

 

Retomo los sucesos recientes, para comentar la principal acción que en plena crisis activaron las instituciones culturales, tanto publicas como privadas, al transmitir por medio de diversos mecanismos digitales diversa oferta artístico-cultural como medio para apoyar el confinamiento de los ciudadanos en sus hogares; una oferta que aprovecho plataformas digitales propias para abrir de forma gratuita funciones grabadas de ópera de las grandes casa operísticas y teatros del mundo, la retrasmisión de ciclos de los más diversos espectáculos escénicos previamente presentados pero cuya presentación abría la oportunidad de apreciarles por un mayor público; igualmente destaca la generación de infografías, capsulas o transmisiones online donde diversos actores compartían desde charlas temáticas hasta conciertos en vivo, pasando por el desarrollo de talles o compartir contenidos de índole cultural para todo público. Esfuerzo loable, pero que deberá medirse para dimensionar su alcance real y que abre la interrogante para preguntarnos si ese será el camino futuro para compartir, organizar y expresar las expresiones culturales.

 

Finalmente, la crisis que como humanidad afrontamos ante esa amenaza invisible, en tiempos inminentemente globales, es el inicio de un cambio de paradigmas donde esperemos, no renazca o se incremente el aislacionismo, la segregación y la xenofobia, que nos aparten como sociedad en vez de unirnos, porque justo esta vulnerabilidad que no conoció fronteras ni clases sociales hace patente como nunca la necesidad tender puentes que sobrepasen razas, credos o posiciones económicas, puentes que encuentran en la cultura y el arte el vehículo ideal para volver a reencontrarnos, abrazarnos y disfrutar de aquello que solo las artes proporcionan: emoción y alegría, tan necesaria después de esta tormenta sin precedentes.

 

Pedro Daniel García Muciño

Doctor en Derecho Parlamentario por la Universidad Autónoma del Estado de México.

Presidente fundador de la Fundación Ideas Libres A.C. (2006).

Primer Director del Instituto Municipal de Cultura y Arte de Toluca (2013).

Convencido de la importancia del arte y la cultura como motor de la sociedad. 

@PedroDanielGM

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