Pandemia por COVID-19. La esperanza debajo de la tapa de la caja

Debo comenzar compartiéndoles algunas palabras aburridas y tediosas de lo que pienso que es un correcto ejercicio de la dirección del servicio público.


Toda entidad pública tiene una necesidad latente y ésta es el cumplimiento efectivo y eficaz de la función social que le es competencia como Estado, dirigiendo sus esfuerzos a una implementación y aplicación de un modelo de administración destinado a la correcta prestación de servicios públicos; que tengan como objetivo el valor subyacente de cualquier política pública: el bien común, además de la satisfacción de las necesidades y las expectativas de la comunidad y todos los entes que hacen ser al territorio y transformarlo es un verdadero estado de bienestar.


El gerente público, directivo, líder, o como quiera usted nombrarle, tiene la obligación de cumplir con los retos que todo territorio implica en los ámbitos de seguridad, desarrollo económico, social, educación, trabajo, sustentabilidad ambiental, SALUD, entre otros para consolidar la estrategia que garantice el incremento del índice del desarrollo humano; pero además, también tiene la obligación y capacidad intangible de aceptar cuando existe un conflicto y ver la mejor manera de gestionarlo, revisando (con un conocimiento previo del origen y las demandas de la contraparte) la mejor estrategia para su correcta intervención, y así tomar la de decisión de erradicar de tajo el conflicto o incentivarlo para que los resultados finales sean los mejores para los actores del territorio.


Es así como después de estas descriptivas y profundas palabras llegamos a la conclusión de que tenemos un severo conflicto, no solo en el territorio nacional sino también en el territorio mundial: el conflicto llamado COVID-19.


Antes de seguir, iré compartiendo a lo largo del texto brevemente el mito griego de “La Caja de Pandora” porque asemeja la situación que estamos viviendo en México y el mundo.


Bien pues, ¿quién abrió la caja? Recordando un poco a Tucídides en uno de los textos que plasmó en su Historia de la Guerra del Peloponeso:


“Jamás se vio en parte algún azote semejante y víctimas tan numerosas; los médicos nada podían hacer, pues de principio desconocían la naturaleza de la enfermedad. Además, fueron los primeros en tener contacto con los pacientes y morían en primer lugar” (Tucídides, 2010, pág. 116).


De manera simbólica podemos decir que, debajo de la tapa de la caja que estaba totalmente asegurada se encontraba lo que hace ser el tema de actualidad: la cepa del virus que es parte de una familia de bichos que se han de sentir reyes porque en sí mismos llevan una corona puesta, una corona de contagio y propagación.


¿Quién destapó la caja? Vuelvo a preguntar… seguramente quien se atrevió a hacerlo escuchó, como Pandora lo hizo, “horribles zumbidos de un enjambre de animales feos dotados de alas de murciélagos y dotados de poderosos aguijones que picaron a su compañero Epimeteo” (Caja de pandora, 2014).


La enfermedad salió de la caja y ahora se ha transformado en una pandemia que se requiere controlar, una pandemia que requiere del esfuerzo, voluntad, empatía, trabajo, inteligencia y colaboración de todos; así es, de todos los actores que formamos parte del territorio.


Si hablamos a manera de una administración pública tradicional podríamos decir que, quien debería encabezar los esfuerzos, estrategias, la gestión y atención del conflicto (COVID-19), debe ser el directivo principal de la institución o gobierno federal, soportando sus decisiones en los ejecutivos locales y municipales.


Como fue mencionado en líneas anteriores, el directivo tiene la obligación y debe tener la capacidad de aceptar cuando hay un conflicto para encontrar la mejor manera de solucionarlo. Como virtud directiva se debe tener la visión de formar un equipo multidisciplinario de expertos en la transversalidad que requiere la atención del problema, para este caso nos seguimos refiriendo al COVID-19, hacerse de información y transformarla en estrategias siempre asesoradas, diseñadas, planeadas, instrumentadas y evaluadas por el equipo experto en el tema.


Me detengo un poco a realizar una pregunta, ¿ha sido gestionado de manera eficaz y eficiente el conflicto del virus de la corona aquí en México? La respuesta cada uno la tendrá y la fundamentará. Lo que yo podría decir es que desde el inicio la comunicación de lo que representa el COVID-19 y las medidas de prevención, así como el avance del número de contagios, no fueron y siguen sin ser las adecuadas y verdaderas por parte del gobierno central nacional.


Y esto lo digo porque hay que recordar la importancia de la estrategia e implementación de acciones de comunicación acordes al target correspondiente para la buena gestión gubernamental. Es de suma importancia trabajar en la transversalidad y complementariedad de las acciones de gobierno como entidad y las acciones de la comunicación política. La suma de ambas llega al equilibrio deseado por cualquier administración en cuestión de comunicación.


Posicionar ambas características en la sociedad requiere de una correcta construcción del mensaje que quiere darse tanto al exterior como al interior de la institución. Y por si estaban con el pendiente no me detendré en el problema personal entre mi amiga Susana y su jefe; pues mientras una se mantenía distante, el otro quería abrazos.


El mensaje debe construirse desde una visión de la idealización ciudadana respecto de sus expectativas, demostrando día a día el andar de las acciones de gobierno y que, el ciudadano sienta atendida su demanda o necesidad, generando en un primer momento el consenso y, en un segundo momento la buena gestión, aspectos que deben ser necesariamente subyacentes entre sí.


La persuasión es una herramienta adecuada para instalar argumentos y mensajes contundentes como el #QuédateEnCasa para evitar la propagación coronaria 19 y que el agente del territorio (entiéndase esto último como ciudadano), adopte todo el significado que yace de quedarse en casa. No son vacaciones amigos, son medidas de atención y prevención ante el ataque de lo que salió de la caja.


Por cierto, ¿ya leyeron el mito de La Caja de Pandora? sería muy interesante saber por qué existe, habría que preguntarle a los Titanes Prometeo y Epimeteo, pero sobre todo al gran Zeus. La caja fue abierta en un pueblito de China como ya todos lo sabemos y en días el bicho fue regado en muchas partes del mundo, llegando a cifras alarmantes en la gran Italia, la sublime España y el todo poderoso Estados Unidos.


Y ¿saben por qué? Porque o los otros actores que están involucrados en la gestión del conflicto no atendieron el llamado de las autoridades o la institución no tuvo la suficiente eficiencia y eficacia en la transmisión del mensaje de gravedad del problema hacia el ciudadano o, también quizás, una combinación de ambas deficiencias.


El marcar una agenda que contemple como eje rector la expectativa, demanda y necesidad ciudadana hacia el gobierno y viceversa, para estos casos, habría sido una parte importante de la disminución del contagio de este peligroso virus.


La otra parte complementaria debería ser el saber comunicar la atención que se le está dando a los aspectos antes mencionados. El buen gobierno y la tranquilidad social se logrará si, y solo si, el ciudadano se siente parte del proceso y se siente atendido, dos variables que son difíciles de unir, pero que son las impulsoras del éxito.


Señoras y señores, esta pandemia NO “nos cayó como anillo al dedo”, esta frase es un claro ejemplo de la mala implementación del arte de comunicar. Por cierto, por favor #QúedateEnCasa.


En la época actual, en la que los medios de comunicación masiva, sea impresa, radiofónica, cine, televisión o por internet, en especial esta última por el vertiginoso avance tecnológico; en la que las nuevas generaciones están vinculadas necesariamente con dichos medios. Y, sobre todo, considerando que la forma en que fluye la comunicación; es decir, lo que se escucha y se ve, la brevedad del tiempo en que se proyecta, así como las imágenes y contenidos de la información que se transmite, obligan a revisar y, en su caso, a reconsiderar la forma en la que los gobiernos comunican su quehacer ante esta pandemia.


Ciertamente ningún gobierno está preparado ante una situación tal como la actual pero la administración está conformada por humanos con capacidad de pensar, con razón, con inteligencia, voluntad y afectividad. No hay que tener miedo, hay que actuar de manera responsable ante esta grave situación por la que pasa el mundo, hay que ser empáticos con el prójimo, no es momento de ser egoístas, sino de vernos en los ojos del otro.


“La dureza de la guerra no apagó el afán de saber qué animaba a los atenienses” (Tucídides, 2010). Miedo no, es momento de reconocer nuestra fragilidad como seres humanos y sabernos necesitados de fe y esperanza.


Antes de terminar quisiera comentar que después de que Pandora abrió la caja, rápidamente colocó nuevamente la tapa y se puso encima de ella, momentos después escuchó un susurró dulce que decía que la dejaran salir; con ayuda de Epimeteo quitaron nuevamente la tapa de la caja (con un profundo miedo por lo que habían presenciado segundos antes) y de ahí salió una luz brillante de nombre ESPERANZA, comparto un fragmento de la plática que tuvieron (Mitos y leyendas, 2013):


—No me moveré mientras me necesitéis —contestó la Esperanza sonriendo. —No os abandonaré mientras viváis en el mundo. Sí, queridos niños, sé que más tarde os será otorgado un don inapreciable.

—¡Oh, dínos cual!

—No me lo preguntéis —repuso la Esperanza poniéndose un dedo en sus rosados labios. —Pero no desesperéis, aun cuando nunca gozaseis en esta vida de la felicidad que os he anunciado. Creed en mi promesa, porque es verdadera.

—¡Creemos en ti! —gritaron a coro Epimeteo y Pandora.

Y así lo hicieron, y no solamente ellos, sino que también todo el mundo ha confiado en la Esperanza, que desde entonces vive en el corazón de los hombres.


Con esperanza saldremos de esta situación, el virus será derrotado y la humanidad tendrá un nuevo rostro de hermandad, solidaridad y fe. Mi amplio reconocimiento a todos los miembros del Sector Salud, que día a día entregan todo su talento con profunda responsabilidad para luchar contra esta pandemia, ellos son el rostro de la esperanza.

César Rodrigo López Espinosa

Maestrante en Dirección y Gestión Pública Local por la Unión Iberoamericana de Municipalistas (España) y el Centro Panamericano de Estudios Superiores (México). Maestrante en Humanidades por la Universidad Anáhuac México Norte (México).

C_R_Lopez@hotmail.com, @CesarLpEs

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