El proyecto petrolero de México: entre el romanticismo y la realidad.

La historia no es un conjunto de proyectos políticos sino un conjunto de realidades que el tiempo se encarga de ordenar.

En ese sentido, la propuesta del Gobierno Federal 2018-2024 parecería ser correcta, pero para un momento diferente de la historia, quizás 1938. Hoy estamos empezando a pagar las consecuencias de esa incorrecta ubicación en el tiempo.

 

Por ello, hay que explicar los contextos. El proyecto de Gobierno respecto a Petróleos Mexicanos se basa en dos objetivos:

 

  1. Incrementar la producción de petróleo. 

  2. Incrementar el procesamiento de petróleo, en otras palabras, refinarlo.

 

Hagamos un recuento de lo que ha pasado a nivel mundial para que entendamos por qué la industria de hidrocarburos está viviendo una crisis histórica, un trance de mayor magnitud de la que ha enfrentado en otros tiempos y por qué la estrategia gubernamental de México no va acorde con el momento.

 

En el 2019 hubo una caída en el consumo de hidrocarburos pero de manera marginal, especialmente en el sector de combustibles. Esto se debe principalmente a dos variables:

 

  1. La eficiencia energética que permite que los motores logren el mismo resultado con menos combustibles.

  2. La transición energética, que en otros países de manera gradual ha impactado en materia de generación eléctrica, principalmente, pero también en movilidad ya que existen más automóviles eléctricos y de gas natural que están sustituyendo el uso de las gasolinas.

 

Sin embargo, el problema de los hidrocarburos ya venía dándose desde el 2016 cuando la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP) encabezados por Arabia Saudita y otro grupo de países exportadores, encabezados por Rusia, la (OPEP+), se reunieron para tratar de estabilizar la sobreproducción de crudo que ya desde ese entonces el mundo venía enfrentando, con sus efectos en el precio del producto a nivel internacional.  

 

En el 2017 se lograron los acuerdos para llevar a cabo un recorte de 1.2 millones de barriles diarios; esto sin la participación de Estados Unidos, quien ya para ese entonces se había convertido en el principal productor de petróleo del mundo.

 

La caída de la demanda se volvió mucho más pronunciada después de la pandemia de COVID-19. El aislamiento social, el paro de actividades industriales de forma paulatina pero casi generalizada en el mundo, modifica de forma importante la demanda de petróleo.

 

Al caer la demanda casi 35 millones de barriles de petróleo diarios, los productores de petróleo vieron precipitarse los precios a niveles de hace dos décadas.

 

El crudo mexicano llegó a precios de 10.37 dólares por barril, cuando tienen campos que, hasta donde se conocen, podría tener costos de 38 dólares por barril (el caso de Akal, uno de los pozos que aún producen de Cantarell y que producen unos 40 mil barriles diarios). En ese sentido, cada barril que se produce en Akal significa pérdidas por al menos 23 dólares por barril, un total de unos 22 millones de pesos diarios.

 

Considerando estos precios en mercado internacional, la acción pragmática de las direcciones de PEMEX y en general del gobierno, debería ser revisar a la baja.  

 

La OPEP y la OPEP+, este 6 de marzo, se volvieron a reunir para pactar otro recorte, a fin de mitigar los efectos que el Covid-19 estaba empezando a generar en la demanda mundial de combustibles, debido a que varias naciones estaban iniciando con la medida de la cuarentena lo que ha implicado una disminución en las actividades comerciales y productivas. Por ejemplo, el mayor consumidor de estos energéticos es el transporte (terrestre, marino y aéreo) y comenzó a presentar caídas de hasta  un  60 por ciento. 

 

Sin embargo, el objetivo no se logró, ya que la OPEP buscaba que la OPEP+ fuera quien redujera su producción en 1.5 mdd a lo que Rusia no estuvo de acuerdo; esto generó un enfrentamiento entre este país y Arabia Saudita, quienes decidieron no sólo no bajar la producción sino incrementarla, generando así un desplome en el precio del curdo de aproximadamente un 89 por ciento, generando que la Mezcla Mexicana de Exportación (MME) cayera a 10.37 dólares por barril.

 

Ante esta alarmante situación que generó no sólo la caída del precio del petróleo sino también del consumo de la gasolina, el presidente de EE.UU., Donald Trump negoció con Arabia Saudita para que se llevara a cabo una segunda reunión en el mes de abril con la intención de llegar a este acuerdo. La Alianza estableció dos condiciones: la primera, que todos los países asistentes deberían participar, de otra forma no habría acuerdo y, la segunda, que todas las naciones presentes deberían bajar el 23 por ciento de su producción. 

 

Sin embargo, México no aceptó y entró en una negociación con Estados Unidos, en la que nosotros recortaríamos solo 100 millones de barriles de los 400 que nos correspondía y, EE.UU, 250. Pero el líder de la OPEP no aceptó el trato, dejando al Gobierno Mexicano mal parado ante el escenario mundial, ya que fue el responsable de que el acuerdo no se cerrara; además de que la Secretaria de Energía, Rocío Nahle, había abandonado abruptamente, sin avisar, la reunión con los principales líderes petroleros del mundo.

 

El domingo 12 de abril, en una segunda reunión posterior a una nueva negociación, la OPEP acepta la nueva oferta de México, en la cual nuestro país recortaría 100 millones de barriles entre el 1 de mayo y el 30 de junio y EE.UU. los 300 restantes. Por lo que la OPEP/OPEP+ acuerdan una reducción, en un primer plazo de 9.7 millones de barriles diarios, que si bien es un primer esfuerzo no cubre la caída de la demanda que está entre 20 y 35 millones de barriles diarios.

 

Este acuerdo desprende cuatro problemáticas para México.

La primera es que Trump es un negociador nato y “no da pie sin huarache”; es decir, que el costo de su apoyo seguramente será muy alto para nuestro país y especialmente porque el presidente del país vecino del norte busca reelegirse en noviembre de este año. Así que no sólo nos endeudamos económicamente sino también políticamente con el Gobierno de los Estados Unidos; es decir, le debemos un favor a Trump, en año electoral, que no sabemos cómo se lo quiera cobrar.

 

La segunda, que ante los necesarios recortes de la producción futura de petróleo, los secretarios de energía de la OPEP/OPEP+ ahora saben que no cuentan con México. ¿Por qué es importante? En este episodio, ante la negativa de México de llevar a cabo el recorte integral y de alguna forma salirse con la suya en un momento de crisis, los países árabes, como suelen reaccionar, castigan a los países que se salen del carril. Justo un día después del acuerdo, Saudi Aramco, la empresa más grande de petróleo del mundo llevó a cabo un descuento en los Precios Oficiales de Venta (OPS, por sus siglas en inglés) de Aramaco light, el tipo de crudo ligero de la empresa justo en los mercados de Asia donde Pemex vende casi el 30 por ciento de su producción. Podríamos llamarle una “guerra pasiva”; además de ofertar 90 por ciento de crédito a las refinerías para que puedan hacer frente a la caída de la demanda.

 

El saber que no cuentan con México en recortes futuros, puede traer como consecuencia medidas todavía más agresivas para sacarnos del mercado internacional.

México no sólo continuará con su mismo ritmo de producción, sino que intentará, según promesas del presidente Andrés Manuel López Obrador, incrementarla hasta llegar a una meta de 2 millones de barriles diarios, considerando que hoy se producen 1,781millones de barriles diarios.

 

Finalmente, mientras el mundo está caminando hacia la transición energética, México le está apostando a una sola empresa petrolera, a producir más a pesar de los altos costos de producción y a la poca rentabilidad de estos, así como a un proyecto “romántico” que parece ya no tener cabida en el actual mundo globalizado.

 

Por lo tanto, sólo nos resta hacer la siguiente pregunta: ¿el Gobierno Mexicano le estará apostando a desconectar a nuestro país del mercado internacional y hacer de México una isla petrolera “autosuficiente”?  

Porque de ser así, esto tendría altísimos costos económicos y políticos para nuestro país. 

 

Abril Moreno* y Víctor Ramírez**

* Fundadora y Directora General de Perceptia21, empresa especializada en la industria de energía, la cual ofrece consultoría en manejo de crisis, asuntos públicos y gestión de la reputación. Es integrante del colectivo #WeTweetEnergy. Vicepresidenta del Comité de Energía del IMEF y Partner de la asociación Oil & Gas Alliance. 

@Abril_More

** Doctor en ciencias por la Universidad Nacional Autónoma de Mexico. 

Consultor en el sector energético, vocero de la Plataforma Mexico Clima y Energía. Forma parte del colectivo WeTweetEnergy que busca socializar al sector energético mexicano. Tiene experiencia en el sector ambiental, tanto desde el sector público como el privado.

victorramirezcabrera@gmail.com, @vicfc7

Please reload

Artículo de la semana

COVID-19 y el nuevo orden mundial

1/1
Please reload

Artículos recientes
Please reload

Secciones
Archivo