El 9M ¿Ninguna se movió?

“Le cortan sus alas y luego la culpan por no saber cómo volar” es la frase de la escritora, filósofa, profesora y feminista francesa Simone de Beauvoir que, desde mi perspectiva, enmarca el por qué el paro nacional de labores del pasado nueve de marzo no fue posible en todos los sectores de la población femenina.

 

Entremos en contexto, el 18 de febrero del año en curso, como iniciativa del colectivo feminista “Las Brujas del Mar”, se convocó al que sería uno de los movimientos más representativos de la historia feminista mexicana, bajo las consignas de “el nueve ninguna se mueve” y “un día sin nosotras” varios colectivos más adoptaron la causa que se fue difundiendo a lo largo y ancho del país; su objetivo: visibilizar la violencia de género haciendo notar el papel fundamental de las mujeres en la economía a través de un ejercicio de ausencia por decisión propia, misma que al ser replicada por todas las mujeres mostraría de forma contundente las pérdidas que se generarían en un solo día de inactividad femenina. 

 

La convocatoria consistió en hacer un llamado para que en el marco del Día Internacional de la Mujer (8 de marzo) toda aquella mujer que por convicción lo decidera, no asistiera a su lugar de trabajo el lunes 9 de marzo, para que las estudiantes y profesoras se ausentaran de los centros educativos, para que la fuerza laboral femenina de las estructuras empresariales y de gobierno no estuviera presente, fue además una invitación a evitar realizar cualquier compra, a no utilizar ninguna red social ni plataformas de streaming como Netflix o YouTube, con la intención de frenar la derrama económica proveniente de los recursos femeninos.

 

Mediante estos hechos se establecería el supuesto de que cada mujer que se ausentara de sus actividades cotidianas habría sido víctima de la ola de feminicidios, desapariciones y vejaciones que sacuden a nuestro país desde sus entrañas, que lo tienen convulso frente a un incremento sin precedentes de la violencia de género, porque cada día un promedio de diez mujeres son asesinadas por el simple hecho de haber nacido así, siendo mujeres; tal práctica contribuiría a que aquellos y aquellas que aún no han sido capaces de dimensionar el fondo de las protestas por la escalada de violencia en contra de nosotras vivieran por 24 horas sin la presencia de su jefa, de su secretaria, de su madre, de su hermana, de su hija, de su trabajadora del hogar, de su compañera de trabajo, de su pareja, y de esta forma concientizarles un poco sobre la gravedad de lo que miles de familias viven al perder a una mujer de su círculo más cercano.

 

Como resultado de la difusión de las acciones a llevarse a cabo el lunes nueve de marzo, universidades, empresas, partidos políticos, cámaras empresariales, gobiernos estatales y municipales, congresos locales, entre muchos otros entes, se dieron a la tarea de emitir comunicados oficiales en los que plasmaban su compromiso con el movimiento “el nueve ninguna se mueve”, demostrando así que el sistema patriarcal enraizado en México por siglos no ha cambiado considerablemente, en dichos comunicados fue notorio que las mujeres seguimos siendo oprimidas por un entramado primordialmente constituido por hombres en el poder, quienes continúan disponiendo qué podemos hacer y qué no, quienes inicuamente buscan ser los protagonistas de una causa que no les corresponde abanderar, una causa de la que deben ser partícipes con actos concretos que se apliquen como políticas transversales en las estructuras que dirigen, garantizando la dignificación de la mujer y la reivindicación de sus derechos. 

 

Y es que de acuerdo con datos del Instituto Nacional de Estadística y Geografía, las mujeres constituyen el 54% de la carga total del trabajo y el 45.5% de la fuerza laboral nacional, un par de datos que demuestran la importancia de las mujeres para la economía nacional, por consiguiente, se estimó que al no realizarse tales actividades las pérdidas que se tendrían alcanzarían un valor económico aproximado de 26 mil millones de pesos en un solo día. 

 

Sucedió que con la participación de poco más de 22 millones de mujeres en todo el país, ausentes en un 53% del sector comercial, en un 59% de la industria de servicios y en un 38% de la industria manufacturera (según el Instituto Nacional de Estadística y Geografía), el nueve de marzo se tuvo un impacto económico estimado de 37 mil millones de pesos, lo que representa más de la mitad del Producto Interno Bruto si tenemos en cuenta que la economía mexicana genera 65 mil 753 millones de pesos diarios. 

 

Hasta aquí tenemos el panorama de lo medible, de lo que pudo ser visibilizado, los resultados de una convocatoria que parcialmente llegó a buen puerto debido a que logró posicionarse en la agenda pública y se mantuvo por varias semanas en difusión continua, sin embargo, continuamos a la expectativa para confirmar que el  9M fue un parteaguas para que acciones afirmativas se implementen en las diferentes esferas: desde reformas laborales, sindicatos paritarios, igualdad salarial, hasta seguridad con perspectiva de género y muchas otras.

 

Por otro lado, y es en este punto donde dilucido la esencia de la frase con la que inicié esta colaboración, ¿qué pasó con aquellas mujeres a quienes no se les permitió parar?, las mujeres que representan el 77% de la fuerza laboral doméstica no remunerada, las vendedoras ambulantes, las campesinas, las mujeres que trabajan en líneas de producción, fábricas, maquiladoras, etcétera, y cuyas prestaciones laborales son paupérrimas o absolutamente inexistentes. Una vez más la realidad de la desigualdad social en México se impuso: esas mujeres no pudieron detenerse porque sus necesidades básicas son apremiantes e inmediatas puesto que viven al día porque sus ingresos económicos son de un salario mínimo diario o menos, esas mujeres que son jefas de familia con varios dependientes económicos directos, esas mujeres simplemente no pueden liberarse del injusto yugo económico impuesto por razones de género, esas mujeres no pueden volar, porque definitivamente, les han cortado las alas.

 

Brenda Andrea López García

Licenciada en Negocios Internacionales por el Instituto Politécnico Nacional.

Analista adscrita a la Coordinación de Análisis en la Subsecretaría de Desarrollo Político de la Secretaría General de Gobierno del Estado de México.

branloga.21@gmail.com, @branloga10

 

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