Siempre el mismo cielo

Hola, mi nombre es Andrés, pero todos me dicen Andy, y la verdad me gusta más. Tengo 6 años y hace unos meses salí de un Centro Femenil de Reinserción Social. Viví ahí con mi mamá, Martha, y con otras mamás y sus hijas e hijos, quienes, con el tiempo, se fueron haciendo parte de mi familia: las otras mujeres fueron mis tías, mis mamás, mis abuelas y sus hijas e hijos, se hicieron mis amigos, mis primos y hasta mis hermanos. Con todas ellas y ellos compartí muchas cosas. Desde estancia, salón de clases, patio de juegos, salidas al acuario, a museos y, mi favorita, esa vez que fuimos la playa.

 

El Centro me gustaba mucho, pues ahí vivía con mi mamá y asistía a una escuela; muy bonita, llena de juguetes y columpios. En ella no sólo tomé mis primeras clases y aprendí mis primeras palabras, también hice muchos amigos. 

 

Mi primer mejor amigo fue Carlos. Nos conocimos en primero de preescolar y estuvimos juntos durante un par de años. Después lo dejé de ver porque tuvo que irse del centro con su mamá. Desde ese momento, no volví a verlo ni a saber de él. 

 

Durante mis años en el Centro, mi mamá y yo asistimos a un taller impartido por Reinserta que se llamaba “Jugar y Criar”. Me gustaba mucho porque durante la primera parte, jugábamos y hacíamos actividades como pintar y cantar juntos. Después, mi mamá se quedaba con las facilitadoras platicando y yo regresaba a mi salón. Mi parte favorita de ese taller eran los cumpleaños, ya que nos celebraban con una fiesta en la que nos daban pastel y gelatina. 

 

Con Reinserta hicimos muchos talleres, tuvimos varias actividades y salíamos de paseo. El mejor que hicimos fue a la playa, ¡sí, a la playa! Fue un viaje de 4 días; estuve muy nervioso dos semanas antes de irnos. Nunca había viajado y mucho menos me había subido a un avión. Era la primera vez que iba a estar lejos de mi mamá, pero desde el momento que llegaron por nosotros me sentí muy feliz y emocionado. En el hotel nos dejaron jugar todo el tiempo, conocimos el mar, la arena, hicimos fogatas y ¡hasta vimos delfines! Los mejores 4 días de mi vida.

 

Recuerdo que, durante ese viaje, cuando extrañaba a mi mamá, veía al cielo como mi madre me había enseñado. Ella siempre me decía que no importa en donde estuviéramos, qué tan cerca o lejos, siempre íbamos a ver el mismo cielo. Así, la primera noche en el mar, al voltear hacia arriba, algo mágico ocurrió: vi un enorme balón blanco brillando al lado de las estrellas, era la luna, me dijeron. En ese momento entendí que no la conocía porque salía cada noche, después de que los custodios del centro nos pedían a mi mamá y a mí entrar a la celda. 

 

Al regresar del viaje, pensé en todas esas cosas que, por estar dentro del centro, no podíamos hacer. Por ejemplo, casi nunca veía animales, nunca tuve una mascota, no podía visitar esos lugares que los niños de afuera visitaban como parques, cines, zoológicos, ferias y restaurantes con comida rica. Pensé que, aunque me gustaba estar con mi mamá y el centro se había vuelto mi hogar, era difícil y triste darme cuenta del mundo que existía afuera y de todo lo que me estaba perdiendo. 

 

Antes de todas esas salidas no me había preguntado si quería estar en el centro o en algún otro lugar. Por ello mi último año en ese lugar fue diferente: empecé a sentir la necesidad de conocer otros lugares y a otras personas, ir a una escuela para niños más grandes y aprender cosas nuevas. 

 

Meses antes de cumplir 6 años, mi mamá me comenzó a explicar que tendría que salir de ahí y dejar el lugar que toda la vida había sido mi casa. Los niños grandes no pueden vivir en el Centro con sus mamás y yo ya era “enorme”. Eso provocó en mí algo que no podía entender, pues, aunque estaba feliz porque iba a salir, ir a la primaria y conocer gente nueva, no quería dejar a mi mamá y enfrentar el mundo yo solito. 

 

Para entender mejor este cambio y prepararnos para la salida, mi mamá y yo nos inscribimos al “Taller de Salidas” impartido por Reinserta. Éste era un espacio especial para mí y para mi amigo Tomás, que también iba a salir. A lo largo de las sesiones, nos explicaron que ya era tiempo de salir, nos contaron lo que pasaría y nos dieron opciones de Casa Hogar a las que podíamos ir. Además, nos enseñaron a hablar sobre lo que sentíamos y nos dijeron que estar triste y asustado estaba bien. Creo que al final, lo más importante que aprendí en ese taller es que no importa lo que pase, mi mamá siempre va a ser mi mamá y yo siempre voy a ser su Andy.  

 

Un día, durante ese taller, Reinserta me llevó a visitar varias Casas Hogar para que fuera más fácil para mi mamá y para mí escoger la mejor opción. Después de varias casas y horas en el auto, llegamos a una casa padrísima, llena de colores, juguetes y muchas bicicletas; esa me encantó. Allí conocí a muchas niñas y niños y supe que ese era el lugar en el que quería estar. Cuando regresé al centro, le platiqué todo a mi mamá, le dije lo bien que la había pasado y la traté de convencer para que me llevaran a esa casa en cuanto saliera de ahí.

 

El tiempo pasó muy rápido. Cada vez me quedaban menos días y yo notaba a mi mamá más triste y nerviosa. He de admitir que yo también lo estaba. 

 

Y por fin llegó el gran día. Me despedí de mi mamá con una extraña sensación en mi pecho pues, aunque estaba triste, también me sentía muy emocionado de empezar esta nueva aventura. Aunque sabía muy bien lo que significaba estar lejos de mi mamá, había una parte de mí que ya quería dejar el centro para empezar a vivir con niños de mi edad. Antes de la despedida, mi mamá y yo nos disfrazamos con trajes de superhéroes que Reinserta consiguió para sentirnos más fuertes. Y en efecto, ese día fuimos invencibles. 

 

Mis primeros días en la nueva casa fueron tristes. Me sentía solo, extrañaba a mi mamá y la rutina de ese lugar era muy diferente. Algunos días gente de Reinserta iba a visitarme. Eran días especiales porque además de que me daba mucho gusto ver gente querida y conocida, podía platicar y contar cómo me sentía.  

 

Hoy la tristeza no se ha ido, pero me ha permitido adaptarme. Visito a mi mamá una vez al mes, y entiendo mejor que el centro no es el lugar ideal para vivir. Ahora que estoy afuera, he aprendido muchas cosas, soy más independiente, puedo hacer más cosas solito, he conocido a personas amables y divertidas y he hecho varios amigos. 

 

Hay días mejores que otros. A veces cuando me siento triste, pienso en mi mamá y abrazo el osito que hice con ella en el “Taller de Salida” de Reinserta. Mi mamá me habla por teléfono todos los días, eso me hace sentir bien. A veces todavía lloro un poquito, pero el pensar que cada vez falta menos tiempo para verla y estar con ella me hace sentir un poco mejor. 

 

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Esta es la historia de Andy, pero podría ser la de Daniela, Sebastián, María o Luis. En México alrededor de 800 niñas y niños nacen y viven con sus madres en prisión. Historias como esta se repiten cientos de veces en todo el país, en diferentes centros de reclusión. Instituciones como Reinserta velan por que los derechos de madres, niñas y niños sean respetados. Se busca alcanzar el bienestar de todas y todos aquellos que se ven afectados por vivir en esta situación. Esta población constituye un sector vulnerable, que necesita atención especial del Estado para garantizar un desarrollo integral en igualdad de acceso a Derechos Humanos, como cualquier otro menor fuera de reclusión. 

 

Reinserta es una organización civil que busca romper con el círculo de violencia para prevenir la delincuencia. Existe para luchar por un México más seguro, a través de la prevención del delito. Uno de los ejes de acción principales es “Niñez y Prisión”, que aborda la problemática de niñas y niños en contacto con el sistema penitenciario. El objetivo de esta área es transformar la vida de las niñas y los niños con madres y padres privados de libertad, mediante un modelo de cuidado cuyas características le permiten replicarse en todo el país.

 

Andrea Borbolla Vargas

Licenciada en Psicología por la Universidad Iberoamericana, Ciudad de México.

Coordinación Operativa en Reinserta, A.C.

andrea@reinserta.org

 

Anna Karen González Ruiz

Licenciada en Psicología por la Universidad Iberoamericana Ciudad de México.

Coordinación Operativa en Reinserta, A.C.

anna@reinserta.org

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