El desafío de la educación para proteger los derechos fundamentales frente a Internet.

16/03/2020

(Conferencia Magistral impartida en el Congreso Nacional de Derechos Universitarios en la Universidad de Guadalajara, 9 de diciembre de 2019)

 

El ejercicio de los derechos fundamentales se basa en un marco teórico. Sin embargo, sólo tienen vigencia real y efectiva cuando la mayoría de los ciudadanos se adhiere visceralmente a ellos. Es decir, cuando esa mayoría;

 

  • Entiende el significado de esos derechos fundamentales 

  • Les otorga suficiente importancia, está dispuesta a movilizarse por la vigencia efectiva de esos derechos fundamentales.

  • Vive bajo una realidad material sin carencias esenciales.

  • Considera que todos los habitantes son integrantes de la misma sociedad, es decir, que la mayoría de los habitantes está dispuesta a solidarizarse con otros para exigir el respeto de los derechos fundamentales.

 

La garantía última del Estado de Derecho no consiste en el respeto que los gobernantes procuren a esos derechos, ni en la independencia de los jueces, sino en el soporte sólido de la población a ese modelo institucional que no permite a los gobernantes ni a los jueces, considerar otras alternativas.

 

Es decir, el ejercicio de los derechos fundamentales no es efectivo cuando: 

 

  1. Hay carencias masivas de educación.

  2. Las condiciones materiales son insuficientes para una parte importante de la población.

  3. La discriminación sistémica impide establecer relaciones fraternas y sinceras entre los ciudadanos.

  4. Hay miedo estructural.

  5. Existe desacuerdo cultural respecto a la importancia de los derechos fundamentales.

 

El Derecho Constitucional es una materia de la Facultad y una disciplina de estudio; los derechos constitucionales en cambio, son barreras efectivas que protegen a los ciudadanos de los desvíos del poder estatal o del poder privado, prohibidos por la constitución. Si la barrera no funciona, los derechos constitucionales no tienen vigencia real, no existen. 

 

Cuando el fenómeno es sistémico nos encontramos frente a un estado de derecho cínico, en el que la invocación a los derechos fundamentales sólo es una estrategia comunicativa destinada a legitimar un régimen de poder que bajo la superficie funciona de acuerdo con otros fines e intereses.

 

La única alternativa de solución de largo plazo frente al riesgo de convertirse en estados de derecho cínicos a consecuencia de que sólo una minoría se adhiera visceralmente a los derechos fundamentales para todos, es la educación. 

 

  • Educación teórica, científica y matemática, así como el idioma; que aporten los medios necesarios para superar carencias económicas.

  • Educación compensatoria/socialización, que suple las carencias educativas de los hogares;

  • Educación cívica que internalice valores en los alumnos como para que ellos, cuando adultos, estén dispuestos a movilizarse por la vigencia de sus derechos.

 

Desde luego, el nivel educativo así como los recursos humanos y económicos deben ser los necesarios para alcanzar esos objetivos.

 

La educación es así; descripta, técnica, social y ética. No sólo constituye el proceso formativo de ciudadanos que sostienen los derechos fundamentales, también pre condiciona para ejercerlos efectivamente en favor de todos.

 

Las personas sin educación suficiente tienen menor conciencia de sus derechos, por lo que enfrentan más dificultades para ejercerlos y defenderlos, se manipulan más fácilmente y además de sufrir carencias materiales carecen de libertad en general; frecuentemente temen a la autoridad y presentan mayor fragilidad psicológica.

 

Todos los derechos fundamentales están íntimamente entrelazados con la educación de las personas. Un sistema en el que sólo el sector más educado y acomodado de la sociedad ejerce plenamente sus derechos fundamentales, frente a los estratos poblacionales precarios que los ejerce poco e incluso los desconoce; es un sistema cínico de ejercicio del poder legitimado por un discurso que aparentemente garantiza las libertades constitucionales para todos.

 

En el largo plazo sólo hay una solución posible para garantizar el pleno ejercicio de los derechos fundamentales y el avenimiento del estado de derecho cínico: una educación masiva y adecuada para la población. 

 

La educación está destinada a asegurar la continuidad cultural y la construcción de un modelo de sociedad.

 

La educación es inadecuada e insuficiente cuando no existe voluntad política. 

 

¿Por qué falta esa voluntad política?

 

  • Porque una parte de la sociedad tienen la falsa idea de que las personas provenientes de ciertos grupos raciales o sociales son incapaces de aprender como los otros.

  • Porque las carencias de los grupos vulnerables los obligan a priorizar la redistribución del ingreso de modo inmediato, antes que pensar en una educación de calidad.

  • Porque se da prioridad a otras partidas presupuestarias.

  • Por la poca experiencia de los sistemas educativos para provocar que el alumno migre de la pobreza de su generación anterior para insertarse en la clase media durante la adultez.

  • Por la proliferación de sistemas educativos privados que únicamente ofrecen instrucción de calidad para los sectores medios y altos de la población, quienes a su vez no se ven motivados a impulsar sistemas educativos públicos de calidad para los sectores vulnerables.

 

La educación pública inadecuada e insuficiente genera una sociedad que no defiende los derechos fundamentales y que no logra destruir la discriminación sistémica, ni sacar a la gente de la pobreza. Por el contrario puede ser, asimismo fuente de resentimientos y promesas incumplidas.

 

Tradicionalmente la educación se ha transferido por los padres y maestros. Hoy tenemos una novedad, internet: La educación no se obtiene de dos sino de tres fuentes: padres, maestros e internet.

 

En internet pueden ejercerse algunos derechos fundamentales: estar informado, comprar, vender, aprender, enseñar, participar de los debates; sobre todo, tener libertad de expresión y de asociación. 

 

Internet también es instrumento para ayudar a los educadores a educar y a los alumnos para auto educarse.

 

Si queremos reflexionar sobre un sistema de educación eficaz, que cumpla el objetivo de construir una sociedad con plena vigencia de derechos fundamentales para todos, hoy contamos con Internet como herramienta adicional.

 

Sin embargo, la sociedad aún no comprende que internet conlleva riesgos que pueden suponer la pérdida de algunos otros derechos y generar mayor discriminación y exclusión.  

 

Internet es susceptible de desarmar los sistemas de educación pública para hacerlos obsoletos y aún más insuficientes e inadecuados, pues no preparan a los ciudadanos para una vida digital.

 

¿Qué es la vida digital?, es una vida intermediada por herramientas digitales para comunicar con los otros, vivir con los otros, comerciar con los otros, trabajar con los otros.

 

Internet tiene un potencial emancipador casi ilimitado, pero a la vez tiene un potencial de control y manipulación todavía incomprendido por sus felices usuarios, que lo apoyan casi con fanatismo.

 

¿Por qué internet socava los procesos educativos?, porque ofrece métodos autodidactas que tienen muchas ventajas pero pueden llevar a los menores por diferentes caminos que no necesariamente coinciden con los de una sociedad basada en la vigencia de los derechos fundamentales. Cierto es que la autoeducación y la libertad de expresión propician apertura frente a múltiples puntos de vista; pero eso trae efectos tóxicos que no deben subestimarse 

 

¿En qué falla hoy la escuela respecto a la vida digital paralela en la que viven los alumnos cada vez más? 

 

Internet es un mundo descontrolado donde no todos están vacunados para evitar una potencial intoxicación, en particular los menores. La edad en la que inicia la autoeducación digital continuamente se reduce pues las nuevas generaciones se familiarizan con internet cada vez a más temprana edad.

 

Si se espera que los ciudadanos defiendan los derechos en el mundo material, y a partir de ahora en el mundo virtual; los educadores podrán recibir ayuda de internet pero su tarea se vuelve más compleja y no están preparados para asumirla. Ni siquiera existen marcos teóricos o experiencias probadas para reprogramar a los educadores.

 

Si vamos a preparar a los alumnos para una vida digital, ¿qué podemos esperar de ellos?, ¿cómo se deben capacitar para convertirlos en ciudadanos digitales? 

 

En principio prepararlos para:

 

  • Que no se dejen manipular.

  • Que sean capaces de diferenciar entre una  verdad y un mito, como lo hacen en el mundo físico.

  • Que también en el mundo digital ejerzan responsablemente sus derechos.

  • Que luchen por la vigencia de los derechos fundamentales en los dos universos.

 

Si tuviera que ponerle un nombre a esta nueva materia, la llamaría Educación Cívica Digital.

 

Los riesgos no son futuros ni hipotéticos; son actuales y reales. Miremos hacia el norte. Hoy, en 2019 no en 2029; los ciudadanos de los países desarrollados votan por los autócratas demagogos que los manipulan y les mienten abiertamente. Internet favorece un proceso de relativización de la verdad que facilita la creación de falsedades descaradas. 

 

La mayor ventaja del mundo digital es la libertad para expresar todos los puntos de vista; su mayor desventaja es que facilita la diseminación de mentiras despiadadas. El mundo digital que está naciendo es aún más cínico que el mundo real, y como tal es susceptible de convertir los estados sinceros de derecho en estados cínicos, o de impedir su saneamiento.

 

Los procesos educativos que pongamos en marcha para preparar a los ciudadanos digitales de mañana son, a mi entender, la clave para que en el futuro los derechos fundamentales se mantengan vigentes.

 

Hoy en día ni los padres ni los maestros enseñan a los niños a navegar en internet y a diferenciar entre puntos de vista alternativos para separarlos del veneno, las mentiras deliberadas y los mitos extravagantes.

 

Internet está repleto de verdades y mentiras. Si el rol fundamental de la educación es enseñar a los alumnos a encontrar la verdad por sí mismos y a distinguirla de un mito; los educadores deben asumir claramente la obligación de enseñarles a identificar las verdades y las mentiras en internet. O al menos enseñar a desconfiar de lo que encuentran.

 

Los riesgos para las personas son muy altos: internet puede conducirlas a estafas morales o financieras, a engaños, a manipulaciones, incluso pueden radicalizar sus posturas, o simplemente desperdiciar sus vidas deambulando por el ciberespacio para llenar el vacío del tiempo, como quien deambula sin propósito ni destino por las calles.

 

La escuela simula una estructura social en la que los alumnos se integran progresivamente; el salón de clases es el laboratorio donde los alumnos experimentan sus propias maneras para integrarse y definen su proceder frente a los otros. 

 

Si la educación, según Jean Delay, es la adquisición de reflejos condicionales capaces de inhibir los reflejos innatos, esa inhibición requiere de disciplina y de autoridad de los maestros. En internet, por el contrario, los procesos de autoeducación se realizan alimentando los reflejos innatos, la búsqueda del placer, las propias pulsiones y la gratificación inmediata.

 

En el mito de Epimeteo y Prometeo se relata que Zeus dio a los humanos dos cualidades para que no se destruyan entre sí, el honor y la justicia. Esas cualidades se enseñan, se practican y se internalizan en la escuela. Por el contrario, no hay honor ni justicia en Internet y si hay tienen otro significado.

 

El honor es la imagen que tienen los otros sobre nosotros mismos, sobre quienes somos. Pero en internet no hay honor, porque hay anonimato e invención de identidades. En internet podemos inventar quienes queremos ser y actuar el personaje, sobre nuestro propio libreto. Podemos hacer creer a los otros que somos lo que no pudimos ser. El honor desaparece y se vuelve una cualidad redundante en el mundo digital.

 

La justicia consistente en dar a cada cual lo que le corresponde, es reemplazada por un algoritmo encargado de venderle a cada uno lo que desea.

 

Como decía Xenofon, interrogar es enseñar. Cuando preguntamos a nuestros maestros, ellos aprenden un nuevo interrogante, pero también se enfrentan a una duda que ellos deben responder, para mejorarnos. En cambio, cuando interrogamos a Google, el algoritmo aprende nuestras debilidades e interrogantes para aprovecharse de ellos. El mundo digital aparenta ser más seguro para quienes lo visitan, pero en realidad es más riesgoso. Los maestros aún no se han percatado de que su misión incluye preparar a sus alumnos para esos riesgos, antes de verse absolutamente desplazados por el robot que lo sabe todo y al que acudirán los estudiantes en busca de respuestas.

 

Remplazar libros en papel por textos digitales representó numerosas ventajas en su costo y facilidad de distribución. Pero los contenidos se internalizan de modo distinto dado que la experiencia es diferente: en la lectura del papel hay un contacto físico con la materia, un contacto táctil, olfativo y visual. Las palabras se tocan, tienen forma. En cambio los textos en pantalla, compuestos de luces diferenciales, se leen superficialmente como todo lo que está en una pantalla: la experiencia es cosmética, sin esfuerzo ni concentración, mientras otras luces se encienden y apagan para anunciar la llegada de mensajes, de publicidad. 

 

La pantalla digital se lee rápido y se digiere sin malestar, pero de ella queda mucho menos que de la lectura del papel. Los internautas adoptaron los incentivos para no memorizar y perdieron la capacidad de rememorar: ¿para qué voy a esforzarme en recordar si puedo regresar a esta información en cualquier momento sólo con observar mi teléfono?

 

La autoeducación digital tiene costos ocultos, pérdidas irreparables y toxinas contra las que todavía no tienen vacuna las escuelas.

 

Si la esencia de la educación estriba en acuñar individuos según la forma de la sociedad; la autoeducación digital da al individuo la facultad de auto acuñarse conforme a sus propios deseos, ello incrementa su libertad individual, pero corre el riesgo de ajustarse a los designios de quienes controlan los sitios que acostumbra visitar, y que logran manipularlo más fácilmente que en un espacio físico.

 

Internet llena los huecos de la vida y entretiene a la vez que informa, pero esos huecos eran necesarios para la autorregulación del individuo, que hoy piensa sobre sí mismo y su entorno frente a una pantalla que le conduce hacia el universo digital. De ese modo, Internet llena los huecos temporales que antes se llenaban con silencio, con reflexión, tal vez frente a una ventana real o frente a nuestra propia vida; expuestos ante nuestros vacíos existenciales irresueltos.

 

Si la escuela pública es un microcosmos republicano donde se construye una identidad individual basada en el honor frente a los otros, y donde aprendemos que lo que decimos y lo que hacemos tiene consecuencias; en internet aprendemos exactamente lo contrario, es decir, podemos dar rienda suelta a lo que pensamos, podemos decir y hacer lo que nos plazca; de cualquier forma, se puede cerrar un perfil para abrir otro completamente distinto sin inconveniente alguno. El individuo recupera el control de su honor para construirlo y reconstruirlo a su antojo y sin preocuparse por las reacciones de los otros, quienes a diferencia de nuestros compañeros de clase, pueden bloquearse.

 

La escuela es el lugar donde aprendemos a diferenciar la verdad del mito, pero en internet el mito puede, por la magia de los algoritmos, tener un valor mayor que el de la verdad.

 

El desafío de la educación para vivir en un mundo digital es triple: educación técnica, que resulta el capítulo menos complicado; educación social, que pueda concentrarse mejor en las carencias individuales; pero requiere una interacción supervisada y formativa y no un surfeo libre inducido por algoritmos, así como una educación cívica digital cuyos contenidos hoy ni siquiera existen. 

 

La justicia, por su parte, es un componente fundamental de la escuela: quienes estudian y se comportan correctamente son reconocidos, quienes no estudian y se comportan incorrectamente reciben malas notas. El maestro administra justicia, pero también los alumnos entre sí; los liderazgos se desarrollan, los fabuladores son rechazados. 

 

Internet, por el contrario, subvierte ese orden social; lo que cada uno recibe, lo que le corresponde, no se determina por su conducta, por sus esfuerzos o por su actitud; sino por la atención que genera, por los clics que recibe. El ranking digital reemplaza a la justicia humana para juzgar el valor y lo que merece cada individuo. La vida se transforma en una competencia por la figuración digital.

 

Maestros, padres, abuelos; todos pierden legitimidad y ejemplaridad. No es el pelo blanco el que presume sabiduría, sino la posición en el ranking de las búsquedas. Así se aprende que se puede confiar más en las computadoras que en los humanos, incluso en quienes son más cercanos a nosotros. Si perdemos la confianza entre nosotros, ¿qué clase de vínculo tendremos y qué clase de sociedad construiremos?, y si confiamos más en los ordenadores que en los cerebros para conocer la verdad, ¿resulta realmente disparatado imaginar que un día les confiaremos también nuestros gobiernos?

 

El fenómeno del reemplazo del estado por internet como institución educativa primordial sustituye el objetivo de la educación; en el modelo tradicional la escuela tiene el rol de fábrica, de matriz de la sociedad, mientras que en la autoeducación digital el individuo tiene el rol de fábrica de sí mismo conforme a sus propios deseos. ¿Qué proyecto compartido saldrá de ello? 

 

Si la escuela es como la matriz de una mujer, que alimenta y protege de las toxinas exteriores al ser que crece en su seno, la autoeducación se realiza sin filtros ni controles. Para muchos adultos eso está muy bien pero, ¿cómo y por qué dejar a menores expuestos a esos contenidos? Luego de toda esa exposición muchos adolescentes estarán mejor vacunados contra las toxinas futuras, pero también habrán absorbido venenos que no necesitan. 

 

Internet provoca que la sociedad pierda el control de los procesos educativos de sus miembros. Algunos celebrarán esa novedad, pero los primeros resultados ya conocidos no son muy alentadores, particularmente la elección de gobiernos populistas y demagogos en sociedades desarrolladas.

 

Otra víctima de los procesos de autoeducación digital es la verdad, entendida como la noción de adecuación entre una realidad y las expresiones de lenguaje que la describen.

 

Para arribar a la verdad se requieren cuatro elementos; lógica, acumulación de certezas constituidas una sobre otra, un sistema de verificación empírica y una posición de neutralidad; es decir, que en la búsqueda de la verdad no tratemos de encausar su sentido, sino únicamente conocerla y afirmarla como es, pues de lo contrario se puede influenciar nuestro criterio.

 

Internet destruye esa neutralidad: 

  • Algunos sitios influyen mayormente sobre nosotros debido a colores, sonidos, o presentación gráfica, que resultan más convincentes que otros; es decir, es más fácil creer en ellos por su agradable apariencia.

  • La influencia es mayor si los algoritmos alteran el contenido y lo adecúan a lo que queremos escuchar. 

  • El hecho que ciertas opiniones aparezcan en pantalla, junto a otras diversas, contribuye a crear la sensación de que todo tiene la misma entidad y el mismo nivel. Además, los resultados de búsqueda que aparecen primero son frecuentemente lo más extremistas.

 

¿Qué aprendemos en la escuela? 

  • Disciplina, que los esfuerzos son recompensados

  • El respeto y la importancia de la autoridad para una sociedad sin violencia

  • Justicia e igual trato para todos

  • Generosidad

  • Pertinencia

  • Lealtad

  • Amistad

  • Tolerancia

  • Responsabilidad personal

  • Prudencia

  • Dignidad de cada uno y de los otros

  • Importancia del grupo para nuestra propia vida

  • Importancia de la verdad

 

¿Qué de todo eso se aprende con la autoeducación? Nada.

 

¿Qué debe entonces desarrollar la escuela para asegurar la construcción de una sociedad en la que se respeten efectivamente los derechos fundamentales de todos, incluso en el mundo digital?

 

  • Un nivel de educación técnica, social y ética suficiente; apoyado en medios informáticos cuando sea necesario. Esa es la única solución definitiva contra la discriminación sistémica.

  • Protección contra la manipulación.

  • Relativización de las informaciones, para distinguir rápidamente las mentiras.

  • A comportarse como un ciudadano digital digno.

  • A construir y respetar normas que protejan la dignidad de todas las personas.

  • A militar activamente y a luchar, como en el mundo físico, por una sociedad en la que todos sean dignos, libres e iguales.

  • A salir, a hacer el bien y a encontrar el profundo regocijo de hacer cosas en beneficio de otros y no por alimentar la satisfacción propia. 

 

La escuela enseña que la mala conducta paga, Internet que no paga. La escuela enseña que para aprender son necesarios la disciplina y los esfuerzos, pero que serán reconocidos. En internet se aprende que los conocimientos están allí, que no hay que hacer esfuerzos para internalizarlos, sólo recordar cómo llegar a ellos. 

 

La escuela enseña que la vida se vive junto a los otros, dentro de los otros, y que el destino de todos es en buena parte compartido. Internet enseña que se puede vivir la vida en soledad, frente a una pantalla, lejos y fuera de los otros, y que el destino propio lo decide cada quien, individualmente, escogiendo sus preferencias frente a las posibilidades infinitas que ofrece el mundo digital. 

 

La escuela independiza a sus alumnos y no triunfa hasta que la abandonan definitivamente para vivir sus vidas en total independencia, internet hace dependiente a sus visitantes y triunfa cuando esa dependencia ya es permanente e irreversible.

 

El único combate efectivo contra la discriminación sistémica es la educación pública de calidad, potenciadora de conocimientos y competencias. Ello se vuelve aún más crucial cuando una parte de nuestras vidas transcurre en universos digitales. 

 

Gustavo Ariel Kaufman

Abogado por la Universidad de Buenos Aires.

arielkaufman@live.fr

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