Sobre la inclusión de adolescentes en conflicto con la ley jurídica

Cuando un sujeto entra en conflicto con la ley jurídica inaugura una extraterritorialidad propia, sustentada en una historicidad saturada de otredad que lo aliena a permanecer y compartir en sociedad, porque su historia y la de los otros no coinciden en fines y propósitos. 

 

No es con una voluntad de goce sobre el cuerpo del que está en conflicto que el Estado moderno deberá afronta la cuestión; antes bien deberá ofrecer, sobre todo al sujeto adolescente, una oportunidad de restituir el vínculo con los otros, de redimir su historia, de recuperar su visibilidad. En otras palabras; el Estado moderno, garante de los derechos individuales, deberá buscar la inclusión de aquel que entró en conflicto con su ley.  

 

 

Por lo tanto, una de las primeras interrogantes que debemos responder antes de plantear la posibilidad de la inclusión, es como se ha dado el proceso de exclusión, que devendrá oposición, conflicto y denegación de la ley jurídica. Es decir, una historización saturada de exclusión.  

  

De acuerdo con la perspectiva narrativa propuesta por Michael White y David Epston, en terapia familiar sistémica se habla de historia dominante contra historia alternativa; la primera se refiere a aquel relato donde existen verdades absolutas sostenidas desde un discurso de poder; en cambio, la historia alternativa tiene que ver con el reconocimiento de eventos extraordinarios que contradigan la historia dominante y que ayuden a la persona a crear una nueva identidad y agencia personal sobre su historia. 

  

Según la propuesta del modelo narrativo, nos referiremos a la historia dominante en adolescentes que han transgredido la ley jurídica. 

 

Este artículo tiene el objetivo de reflexionar sobre la relación entre la historia dominante en los adolescentes en conflicto con la Ley y lo que consideramos como verdades absolutas en materia de exclusión, y cómo estas verdades actúan en nuestras mentes para dificultar la inclusión de los jóvenes.

   

Debido a los discursos de poder que predominan en la sociedad se ha favorecido un “estilo de vida al fracaso”, consistente en etiquetar negativamente y excluir a todo aquel que no cumple con las reglas sociales. Es común que estos adolescentes hayan sido diagnosticados durante su infancia con hiperactividad, sociopatía u otros rótulos menos eruditos pero más lapidarios como "niños problema", "ingobernables" o "latosos".

 

El proceder de las instituciones educativas para atender estas situaciones, a nivel de microtécnica de poder, estribó en sacar a estos estudiantes de la vista y ubicarles en la parte trasera del salón, o aplicar suspensiones y expulsiones; mientras que en el seno familiar hubo reclusiones en la habitación o castigos con levantarse de la mesa, entre otros. 

 

Lo anterior provocó que en el núcleo familiar y en la sociedad en general, se practique con ellos el "time out" en lugar del “time in”. Entonces, la expulsión social y la invisibilización de los jóvenes ante el resto de la comunidad, constituye el paso previo antes de transgredir la ley jurídica. 

 

Si se entiende "time out" como una metáfora del proceso de historización que atraviesan estos adolescentes, se comprenderá la facilidad con la que se auto describen como sujetos “malos, desamparados, rechazados, impotentes, desesperados…”, y que con ello justifiquen una fuente para su identidad negada por el ejercicio del "time out"; además de percibir un goce particular por ser considerados como temibles, inasimilables, "chacalones".  

  

En un trabajo realizado en 1993 por White y Epston con familias cuyos hijos tenían mala conducta, se observó que con frecuencia los padres presentaron tales niveles de frustración que podían derivar en ataques de cólera. No resulta extraño que los padres de estos adolescentes enfrenten serias dificultades para comprenderlos, además de sentirse rechazados por ellos. Lo anterior obliga a redefinir el problema no sólo desde un ámbito personal, sino a partir de consideraciones sociales y familiares, además de aspectos individuales. 

  

Una buena pregunta para estas familia sería, ¿hasta qué punto el problema influye en su vida y relaciones?, generalmente el “estilo de vida del fracaso” los absorbe y hace caer en la desesperación y en la exclusión; primero del núcleo familiar, con actitudes como falta de comunicación y vínculos deficientes que no favorecen el sentimiento de pertenencia, lo que se traslada en un segundo momento frente a la sociedad en general. 

  

Lo interesante sería preguntarnos, ¿cómo escapamos a todo esto?, ¿cómo evitamos influenciarnos con los estereotipos sociales acerca de los jóvenes con mala conducta?, quienes empezaron a tener actitudes y desarrollar actividades cada vez más riesgosas; como reprobar materias, salirse de casa o consumir sustancias hasta cometer cualquier clase de delito; “estilo de vida del fracaso”, según White.

  

Creemos que como el modelo narrativo plantea, estos adolescentes y sus familias no podrán alejarse del fracaso y alcanzar el éxito a menos que reescriban su historia en términos de "time in", de visibilidad y de pertenencia. 

 

El adolescente necesita transitar de un lugar de exclusión a uno de intimidad, además de un sentido de comunidad y pertenencia. La meta profunda no es erradicar la conducta delictiva para que deje de molestar, sino permitir que todos los miembros de la familia escapen de la “exclusión que provoca la mala conducta”. De encontrar vías de significación diferentes.

 

Ana Lilia Trejo Arteaga

Maestra en Psicología con residencia en Terapia Familiar por la UNAM. 

Terapeuta familiar, docente y supervisora Sistémico-Dialógica por la Scuola di Psicoterapia Sistemico-Dialogica, en Milán, Italia; y Sistémico Relacional, en la Ciudad de México. 

Terapeuta familiar en práctica privada y docente de la maestría en Psicoterapia Familiar Sistémica en UVM Campus Coyoacán y UDL Campus Frontera.

Terapeuta familiar en la Comunidad Externa de Atención para Adolescentes, 2008-2010. 

akenni_16@hotmail.com

 

Alfredo Francisco Ferrat Medina

Maestro en Psicología con Residencia en Terapia Familiar, UNAM.

Terapeuta familiar en práctica privada y docente de la maestría en Psicoterapia Familiar Sistémica en UVM Campus Coyoacán y Chapultepec. 

Docente de la Licenciatura ejecutiva en Psicología UVM, Campus Santa Fe. 

Terapeuta familiar en la Comunidad Externa de Atención para Adolescentes 2008-2011. 

ferratpsi@yahoo.com

Please reload

Artículo de la semana

Los sistemas penitenciarios en México y el mundo

1/1
Please reload

Artículos recientes
Please reload

Secciones
Archivo