Usinas Naranja, una curiosidad sociocultural

05/11/2019

Los medios de comunicación son usinas virtuales Naranja que transforman la ficción en realidad y viceversa: comunican, informan y difunden contenidos de carácter privado o colectivo; sin embargo, su función no siempre es tan llana, existen empresas de medios que, mediante la tecnología actual que poseen, secuestran la información privada de los usuarios: datos, gustos y perfil consumista, entre otros.

 

Sus servicios y productos forman un abanico tonal pigmentado cuya intensidad puede destacar genialidad, excelencia o mediocridad. Su participación en el mundo moderno es necesaria, aunque prescindible en ocasiones. Actualmente, gran parte de la población es medios-dependiente, sin ellos sus relaciones, intereses y placeres podrían sesgarse. 

 

Oportunamente la invención de la imprenta dio paso a la circulación impresa masiva de panfletos, periódicos, obras literarias, científicas y más, en aras de informar, entretener, inducir y formar a las personas. Más tarde, las telecomunicaciones hicieron lo propio, sumando a esa difusión de información las imágenes, la voz y los datos.

 

Los avances tecnológicos actuales permiten innumerables posibilidades para optimizar los servicios de los medios, hoy sus productos pueden difundirse a cualquier rincón del mundo permitiéndole al hombre utilizar el recurso más eficaz para aprender, enseñar, relacionarse, transmitir e informarse eficientemente aprovechando sus propios tiempos y espacios conforme sus rutinas cotidianas se lo permiten.

 

Las organizaciones que se dedican a tales labores pertenecen al sector de la Economía Naranja*, sus objetivos sociales son heterogéneos y su función básica en la comunidad consiste en mediar entre la oferta y la demanda de la población, adicionando en tal operación su propio valor (noble o vil) agregado. Su misión comunicacional echa raíces en el contexto sociocultural, para saber con certeza las circunstancias que envuelven a sus clientes-meta y así poder ofrecerles contenidos propicios.

 

En cualquier asunto que el hombre genere riqueza, producción, distribución y consumo de bienes y servicios a fin de satisfacer las demandas humanas, la sociedad en su conjunto permanece vulnerable a la manipulación y a las prácticas aviesas de los insolentes. Las empresas de comunicación no son la excepción a dicho precepto, ellas pueden poseer tanto espíritu mercantil como también mercantilista porque viven sujetas a las reglas de juego del segmento de mercado al que pertenecen.

 

Cada medio comunicacional es el resultado de la idiosincrasia de sus desarrolladores, propietarios, directivos, colaboradores, trabajadores, y también de sus consumidores; su finalidad básica es generar audiencia porque su lucro depende de ella, pues sus clientes más rentables son los anunciantes, tratantes de Datos y los organismos oficiales, quienes generalmente buscan en plaza las firmas de comunicación de mayor audiencia y altamente posicionadas en el mercado. 

 

Así como la consumición inadecuada de bebidas y alimentos afecta el sistema digestivo y deteriora nuestra salud preocupando a las personas que amamos, el consumo exagerado e irreflexivo de contenidos y de mensajes subliminales moviliza la conciencia y la sensibilidad del hombre modelando sus emociones y pensamientos, connotaciones individuales que, conforme al peso de su entidad, podrían adherirse al pensamiento colectivo.

 

Las usinas Naranja, como cualquier otro emprendimiento humano, no dejan de ser un espejo de la sociedad que las anima, son el reflejo de la realidad que muchas veces no queremos ver, ellas nos hacen conocer la repercusión y el interés que despiertan en la sociedad las figuras y las sombras del mundo que habitamos, ornamentando con su arte comunicacional las virtudes y las miserias del alma colectiva.

 

Los productos ofrecidos por las usinas Naranja devienen de la diversidad reinante en la población; sus contenidos tienen la capacidad de lograr un posicionamiento único e íntimo en su audiencia, pues sus mensajes despliegan todo su potencial en la mente del usuario, quién los percibe y experimenta conforme a su humor ocasional, y tal vez sin tomar plena conciencia de ello; emociones y sensaciones que seguirán cavilando en él... 

 

Los productos y contenidos comunicacionales son la puerta y la ventana abierta al universo de posibilidades; a las Usinas les permite enterarse de la privacidad del usuario; a los anunciantes les deja conocer las necesidades de sus clientes-objetivo; y a los consumidores les posibilita ver y enterarse en tiempo récord de un suceso en particular quizás ocurrido a miles de kilómetros de distancia, disfrutar del arte o de lugares y situaciones exclusivas, soñar con determinado episodio visto u oído, y demás eventos similares. En este juego de entregas y beneficios mutuos, a los implicados les resultaría imposible tener vivencias como las citadas sin su dedicada participación en la Economía Naranja.

 

Merced a la naturaleza, su propia experiencia y formación individual, el hombre traza su propia evolución, y es parte de ese proceso avanzar un paso para luego retroceder dos o más, hasta que la sincronía de las ideas, los comportamientos y los juicios con sus pares por fin arriba en procura de un paradigma sociocultural determinado. 

 

La sociedad permanentemente transita un cambio de modelo, cada nueva generación se encarga de ello, mas en esta ocasión su ánimo está irritado, agresivo y pendiente de los nubarrones existenciales: la economía como eje de todo cuanto existe, el cambio climático, la pérdida de espacio y privacidad, la violencia, las provocaciones y crisis por doquier. 

 

En este sentido los factores de poder han cumplido holgadamente su cuota, y los medios -"cuarto poder"- también, ellos conocen perfectamente la gravitación que sus contenidos y entromisiones tienen y la influencia que su posicionamiento produce en la sociedad y la opinión pública. 

 

El papel de un medio de comunicación puede contener intenciones claras, oscuras o negras, el contenido de sus productos puede ser prudente o imprudente, objetivo o inductor de comportamientos, leal o desleal con su audiencia; pero todos impactan en su blanco: la audiencia, el público que en su aporte sociocultural cargará, o bien sus propias ideas o bien agregará el juicio que tomó prestado de algún recurso singular. 

 

Gran parte de la sociedad actualmente percibe un ambiente enrarecido, caótico y de cambios raudos, y bastante preocupada observa en los medios de comunicación la sobreabundancia manifiesta en sus contenidos del relativismo moral, lingüístico, ético, estético y cultural, manifestaciones que vaticinan cierta predisposición sociocultural en ciernes. 

 

En los acontecimientos colectivos, hay gente que puede estar a favor o en contra sobre un tema en especial, y pese a que las coincidencias y disidencias unan o separen a cualquier grupo, éstas no dejan de ser propicias para que la humanidad evolucione.

 

A la gente que decida tomar cartas en este asunto o similar, le bastará con saber elegir el tinte de su intención para luego aplicarlo sobre el espectro sociocultural; entonces, si el color elegido fuese negro, aceptará que los poderes inadecuados decidan su destino; si por el contrario eligiese el blanco, se liberará de los contenidos alienantes; en cambio si la fuente seleccionada resultara gris, le confesaría a sus pares que poco o nada le interesa aquello que ocurra en la sociedad porque, su lado mezquino, en tal ocasión pudo más. 

 

* “La Economía Naranja está basada en el talento, la conectividad, la propiedad intelectual y la herencia cultural de la región”  

-Felipe Buitrago Restrepo, Iván Duque Márquez.

 

Oscar Calvete Sousa

Escritor

www.oscar.uy

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