Situación económica: México frente al mundo

La economía es uno de los principales componentes que permiten la fortaleza de los países, un factor que conduce a una nación al desarrollo y a la estabilidad socio-política, que genera poder político para enfrentar los retos que conlleva la globalización; donde predominan el mercado internacional y las especulaciones financieras. Este fenómeno, conduce inevitablemente a la confrontación entre los países en camino de consolidarse como superpotencias y en búsqueda de la hegemonía global.

 

México, por su posición geográfica y la existencia de un vecino tan poderoso como Estados Unidos ha condicionado su política tanto interior como exterior.

 

 

Cabe recordar que con el auge del fascismo en Europa durante la década de 1930 y el inicio de la Segunda Guerra Mundial, en 1939; México se convirtió para Estados Unidos de Norteamérica (EEUU), en el principal interés geoestratégico del continente, no sólo por cuestiones de seguridad nacional, sino por la importancia de las materias primas que servirían para el ejército norteamericano. En este sentido, México optó por acompañar la causa de los aliados, el país azteca logró establecer un balance diplomático favorable con el vecino del norte que permitió el acuerdo comercial de 1940, que facilitó la exportación de materias primas estratégicas a EEUU, así como el traslado de trabajadores, braceros, que por millares fueron a sustituir en tareas agrícolas, en el tendido, en el mantenimiento de vías férreas y otras actividades similares, a los norteamericanos reclutados en el ejército. A partir de este acontecimiento las relaciones de cooperación económicas se reforzaron entre ambas naciones.

 

Sin embargo, hubo dos hechos determinantes; la desintegración de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS) y del antiguo campo socialista de Europa del Este, que progresaba silenciosamente hasta que en 1991 se puso fin al orden bipolar que había caracterizado las relaciones internacionales desde el fin de la II Guerra Mundial.

 

Con ello se abrieron nuevos mercados en esa zona, lo que debilitó el flujo de inversiones de Estados Unidos hacia México; este hecho fue uno de los factores que explica la iniciativa del ex presidente, Carlos Salinas de Gortari (1988-1994), de plantear al entonces presidente de los Estados Unidos, George Bush, padre; un Tratado de Libre Comercio que incluyera a ambos países y a Canadá, mejor conocido como TLCAN, ahora T-MEC; que en 1994 entró en vigor para, entre otras cosas, facilitar la llegada de Inversión Extranjera Directa (IED), principalmente norteamericana, factor que profundizó las relaciones económicas México-Estados Unidos.

 

En busca de diversificar las relaciones económicas, en 1997 México firmó otro Tratado de Libre Comercio, ahora con la Unión Europea (UE); el TLCUEM, acuerdo comercial multilateral que entró en vigor en el año 2000 y que colocó a la UE como tercer socio comercial de México, sólo por detrás de EEUU y China.

 

La relación comercial con EEUU ha sido constante, es nuestro principal socio comercial. Sólo en el primer trimestre de 2019, el país norteamericano importó mercancías mexicanas por un valor de 86 mil 629 millones de dólares, esto convirtió por primera vez a México en su primer socio comercial, desplazando a Canadá y China, este último se había colocado como el mayor socio en 2018.

 

Este reacomodo de relaciones económicas es resultado de la guerra comercial que a partir de 2018 mantienen Estados Unidos y China, conflicto que inició con la imposición de una gama de aranceles por parte del gobierno norteamericano a mercancías de procedencia china, a productos como el acero con el 25 por ciento, y el aluminio con 10 por ciento; esto como parte de las políticas ultranacionalistas y de tendencia neoproteccionista encabezadas por Donald Trump. El gobierno de Beijing respondió a estas acciones de la misma forma, con aranceles a las importaciones de artículos estadounidenses, entre los que destacan, aeronaves y automóviles, así como productos químicos.

 

Desde la década de los sesenta Estados Unidos arrastra una tendencia a la baja en el ritmo de crecimiento de su economía. La última vez que creció más de 6 por ciento fue en 1984, pero no logró sostener ese ritmo siquiera un año.  A partir de la liberalización de los mercados, en 1980, su PIB per cápita creció 1.61 por ciento en promedio anual, y sólo 0.6 por ciento desde la crisis de 2007. EEUU ha sostenido desde 1980, un saldo comercial crecientemente deficitario.

 

En este contexto; el explosivo crecimiento de la economía china mediante su política de apertura comercial y el establecimiento de zonas industriales francas, ha sostenido un ritmo promedio del PIB per cápita de 8.6 por ciento, el estrechamiento de sus relaciones económico-políticas con Rusia, la creación de la nueva ruta de la seda (One Belt), el posible retorno del patrón oro en las relaciones económicas mundiales y la carrera tecnológica, en la que China lleva la ventaja con el desarrollo de la red 5G; son factores que amenazan al poderío económico estadounidense, que prácticamente desde 1945 ha impulsado la economía mundial. Esas amenazas también alteran lo que parecía un mundo unipolar establecido al terminar la guerra fría.

 

México no se mantiene ajeno a esta situación que ha provocado un cambio sustancial en las relaciones político-económicas globales, por lo que enfrenta el reto de asumir un proyecto nacional con posicionamiento protagónico a nivel externo, pero que demuestre su interrelación constante con la política interior y que permita adaptarnos a las continuas alteraciones sistémicas internacionales.

 

En este sentido, vemos que el Plan Nacional de Desarrollo 2019-2024 (PND) busca impulsar la reactivación económica, el mercado interno y el empleo, mediante programas sectoriales, proyectos regionales, obras de infraestructura y créditos para pequeñas y medianas empresas; de igual forma, el rescate de sectores estratégicos para la nación como el energético, con PEMEX y la CFE,  para la reindustrialización del país y la generación del sustento económico. 

 

En un afán de ampliar y diversificar las relaciones comerciales y de inversión, es necesario estrechar los intercambios económicos con países de América Latina y el Caribe; y con ello abonar a la integración latinoamericana, lo que además permitiría que México recupere su papel protagónico en la región. 

 

Son evidentes los beneficios económicos de la relación comercial con Estados Unidos, sin embargo, las acciones del gobierno norteamericano, anteriormente señaladas, urgen a nuestro país a fortalecer sus relaciones de cooperación con las potencias emergentes como China y Rusia, a generar certeza en el desarrollo económico con una cosmovisión del momento histórico, y a ampliar el margen de maniobra diplomático ante futuras represalias del gobierno de la Casa Blanca, además de las inevitables consecuencias en el sector económico con el aislamiento internacional del gobierno de Donald Trump.

 

Guenady H. Montoya Orozco

Máster en Ciencia Política por la Universidad de La Habana, Cuba.

Analista Político en la Subsecretaría de Desarrollo Político, Gobierno del Estado de México.

montoyaorozco92@gmail.com

Please reload

Artículo de la semana

El humano y la naturaleza: una verdad incómoda

1/1
Please reload

Artículos recientes
Please reload

Secciones
Archivo