La imprudente apuesta por lo agotable

05/11/2019

Energía asequible y no contaminante, así lo dicta el séptimo objetivo de desarrollo sostenible de la Agenda 2030, que desde 2015 y con la adhesión de ciento noventa y tres Estados miembros de las Naciones Unidas, es el plan rector para que en 2030 logremos disfrutar de un mundo sostenible en los ámbitos económico, social y ambiental.

 

En la edición anterior de esta revista, mencioné la vastedad de nuestro país, de sus riquezas naturales, y por supuesto, de su majestuosa belleza; es bajo este tenor que se enfatiza la importancia de generar acciones que contribuyan a promover el uso de energías renovables; debería ser un tema coyuntural para esta administración gubernamental, en aras tanto de aprovechar las energías naturales con las que contamos, como de abonar a minimizar el impacto ambiental generado por el uso de energías no renovables como el petróleo, el carbón y el gas, entre otras.

 

La mayor cantidad de fuentes energéticas renovables en América Latina son eólica, solar y geotérmica; Chile es un claro ejemplo de uso inteligente de la energía solar; aprovecha la radiación que se produce en el desierto de Atacama, cuya extensión de 105 mil kilómetros cuadrados equivale a poco menos de la mitad del territorio de Chihuahua; donde se instaló la primera planta termosolar latinoamericana, capaz de abastecer de electricidad a 240 mil hogares, además de minimizar sustancialmente las emisiones de CO2 producidas durante la generación de energía eléctrica mediante combustibles fósiles.

 

Si bien el éxito de una planta termosolar o una planta fotovoltaica depende en gran medida de las características particulares de la región como la latitud, la nubosidad, el clima, la velocidad del viento y muchas otras; nuestro país cuenta con zonas que cumplen los requisitos necesarios para la construcción de complejos similares al del referido desierto chileno, principalmente porque México es uno de los cinco países con mayor irradiación solar a nivel mundial.

 

Según estudios del Banco Interamericano de Desarrollo, los desiertos de Chihuahua y Sonora, áreas de Durango, Aguascalientes, Coahuila, Hidalgo y San Luis Potosí; son consideradas zonas con un potencial solar de medio a alto. De acuerdo con datos de la Asociación Mexicana de Energía Solar, en nuestro país existen 44 parques solares a lo largo de catorce de sus entidades, cuya producción energética pasó de los 3 mil 75 MW en diciembre de 2018, a los 4 mil 57 MW en junio de este año, lo que representó un crecimiento de 32 por ciento en los últimos seis meses.

 

La construcción de estas plantas fue un logro puntual de la Reforma Energética de 2013-2014, con la que pudo implementarse un nuevo modelo que permitió la participación de la iniciativa privada en proyectos de gran calado y con la que fue posible la competencia en los mercados tanto de generación como de distribución de energía eléctrica, esto en concordancia con la Ley de Cambio Climático que dicta la reducción de emisiones y la transición hacia una economía competitiva de bajas emisiones de carbono, con lo que también se indica la reducción de 30 por ciento de partículas en 2020 y de 50 por ciento para 2050, ello en comparación con las emitidas en 2000.

 

A pesar de eso, las actuales decisiones del Ejecutivo y su gabinete, como cancelar subastas de energías renovables, las deficiencias encontradas por la iniciativa privada en los contratos de licitaciones públicas, y algunos cambios sustanciales en la política energética, han generado incertidumbre para los inversionistas en el mercado energético mexicano; basta con echarle un vistazo al Índice de Atracción de Energía Renovable por País, elaborado por la renombrada firma, Ernst &Young; donde México se posicionó en decimotercer lugar para septiembre de 2018, pero  en junio de 2019 ya había descendido hasta la decimonovena posición. 

 

Ahora, en la estructura programática contemplada en el Proyecto de Presupuesto de Egresos de la Federación para la Secretaría de Energía en 2020, las cifras muestran el poco interés por cumplir los compromisos suscritos por el gobierno de México, tanto nacional como internacionalmente; que entre otros rubros buscan que la generación de electricidad sea cada vez menos dependiente del carbono. Así, y sin importar que nuestro país tenga una prospectiva de disminución de emisiones con metas establecidas en la Ley de Transición Energética y en la anteriormente citada Ley General de Cambio Climático, es notable que en rubros referentes a energías limpias, la asignación de recursos presente decrementos sustantivos en comparación con los recursos etiquetados en 2018.

 

De esta manera, aunque los recursos asignados a la Secretaría de Energía son los más altos históricamente, del presupuesto total que asciende a 48 mil 507 millones 330 mil 641pesos, unos 46 mil 411 millones 845 mil 578 están etiquetados para hidrocarburos. En 2018, 61 mil 457 millones 819 mil 955 se destinaron como “recursos para la adaptación y mitigación de los efectos del cambio climático”, por el contrario, en el Proyecto de Presupuesto de Egresos de la Federación para la Secretaría de Energía en 2020, el capital para ese rubro disminuyó 6 por ciento, se asignaron 55 mil 652 millones 335 mil 358 pesos; la coordinación de la política energética en electricidad, dentro del anexo de recursos para la adaptación y mitigación de los efectos del cambio climático, es la mayormente afectada al pasar de 55 millones 853 mil 117 pesos en 2018 a 3 millones 928 mil 820 para 2020, lo que representa una disminución de 93 por ciento. 

 

Es clara la prioridad de la actual administración: los recursos no renovables, los más contaminantes. Rotundamente las energías renovables y limpias, juegan un papel incipiente en el sector energético.

 

En conclusión, pese a que nuestro país goza de condiciones geográficas y climatológicas excepcionales y adecuadas para el impulso de la energía solar y su contribución a la generación de energía eléctrica, y a pesar también de haberse logrado algunos proyectos exitosos, la enorme oportunidad del uso de la energía solar en el mercado energético mexicano continuará relegada mientras se apueste por combustibles que cada día presentan mayor volatilidad debido a su alta demanda y constituyen mella constante por su exacerbada utilización.

 

Andrea López García

Licenciada en Negocios Internacionales por el Instituto Politécnico Nacional (México).

Analista en la Subsecretaría de Desarrollo Político, Gobierno del Estado de México.

branloga.21@gmail.com, @anloga10

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