Innovación Pública: un proceso creativo del servidor público

05/11/2019

Hablar de actores sociales refiere a diversidad de colectivos; el sector público es uno de ellos, ya que dentro de este se configuran sociedades de conocimiento y de trabajo colaborativo, que en situaciones complejas como lo manifiestan los procesos acelerados, alientan a desencuentros de racionalidades.

 

El sector público se integra por políticos, quienes ante problemas históricos priorizan decisiones referentes a los objetivos; burócratas, quienes mecanizan las normas y competencias dirigidas a la funcionalidad; técnicos, quienes favorecen la planificación de estrategias en cuanto a medios e instrumentos para la ejecución de los planes políticos, es decir, su papel esta ligado al pensamiento científico y a la “racionalidad técnica o instrumental”.

 

Ernesto Cohen y Rolando Franco, señalan que las frustraciones en el sector público, así como las limitaciones personales y de estructura, favorecen algo que llaman “la contingencia imprevisible”, que atenta contra la consideración del técnico, ya sea por su exclusión total o por su inmersión inapropiada, lo que conlleva al mal diseño de políticas públicas.

 

En dicho sentido, es importante reflexionar sobre el papel del actor público y su pertinencia como conductor hacia la Innovación Pública, definida como: “la creación o mejora de políticas, procesos, productos o servicios del Estado, apropiado por el gobierno y la ciudadanía, que busca generar un valor público en los ciudadanos”, según LABcapital.

 

La Innovación Pública, por lo tanto, es un esquema que se fundamenta en el pensamiento creativo; como aquél gestor de nuevas herramientas para el desarrollo de ecosistemas del quehacer público, su delimitación de rutas puede diagnosticar el comportamiento de las acciones, y por ende, diseñar e implementar nuevas estrategias que más allá de manifestarse en la creación de espacios físicos insertos en las dependencias públicas, sean responsables de ejecutar la Innovación; ello debiera asumirse como una práctica transversal en la cotidianeidad laboral, lo que genera buenas prácticas mediante ideas creativas abordadas por los mismos servidores públicos para plantear nuevas soluciones a retos públicos.

 

El servidor público por lo tanto, es el motor interno de las áreas gubernamentales, Salvador y Ramírez, señalan que:

 

“Las propias administraciones en su interior reúnen gran cantidad de experiencia y conocimiento que puede convertirse en potencial innovador, para fomentar la generación de inteligencia colectiva. En un entorno institucional que dificulta la innovación será clave la existencia de un liderazgo político y directivo-técnico que crea en la innovación, así como motivar y dar confianza a los servidores públicos y facilitar mecanismos que cuestionen el principio de jerarquía, facilitando la transmisión de conocimiento de abajo hacia arriba”. 

 

De este modo, el actor público como eje central de la innovación pública, tiene la capacidad de reformar y de generar nuevos sistemas de vinculación y monitoreo, que favorezcan los procesos de mejora en los canales de comunicación y en la relación entre los funcionarios y la sociedad a la que sirven. 

 

Los mecanismos, por lo tanto, pretenden la transformación de las realidades existentes bajo la introducción de nuevas metodologías que fomenten dinámicas de cambio y que impacten positivamente, no sólo para la identidad de la organización, sino del propio individuo, es decir, el servidor público.

 

Las modificaciones parciales incitan, en definitiva, a una actitud flexible para asumir alternativas viables que encaminen las mejores prácticas y así, incrementar la eficiencia y eficacia de los fines políticos previamente establecidos, desde luego, en atención a las mejoras de funcionamiento, optimización de recursos y simplificación de procesos, entre otras propuestas de gestión.

 

Algunas características de una mejor práctica, como señala el gobierno del Estado de México, son entre otras.

 

  • Tener un impacto tangible en la gestión del gobierno, en la opinión de los usuarios y de los operadores de la práctica.

  • Estar alineada a los intereses de los usuarios, al contexto de la región geográfica y a su planeación estratégica.

  • Medir y cuantificar de manera objetiva y con indicadores adecuados.

 

Como es posible ver, una mejor práctica debe atender las demandas y necesidades de los usuarios desde su raíz; aspectos como educar la empatía en el servidor público, favorecerá que las relaciones sistémicas de intercambio de información permitan adecuar e implementar las tareas; en consecuencia, el comportamiento creativo ofrecerá la posibilidad de integrar nuevas cualidades a un esquema de trabajo que pudiese parecer restrictivo. 

 

Para concluir, las dependencias públicas tienen el recurso más valioso, el talento humano; aquél que mediante la capacitación puede maximizar su potencial para formular nuevas ideas y métodos de trabajo; que busquen, en esencia, los escenarios de innovación y que permanezcan en el tiempo para promover las  mejores prácticas entre generaciones subsecuentes, y con ello consolidar un esquema de crecimiento humano y productivo en el sector público.

 

Daniela Velázquez Ruiz

Maestra en Alta Dirección e Inteligencia Estratégica.

Investigador Científico. Doctorante Conacyt en Diseño por la Universidad Autónoma del Estado de México.

danielavelazquezruiz@gmail.com

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