¿La 4T? y tu cerebro en riesgo

05/11/2019

“Un político divide a la humanidad en dos clases, los instrumentos y los enemigos”.

Friedrich Nietzsche.

 

El presidente actual de nuestro país ha demostrado su impaciencia en muchos aspectos, uno de los más evidentes ha sido denominar la administración gubernamental que encabeza como, “la cuarta transformación”. La historia, el paso del tiempo, los analistas y sobre todo los resultados y el impacto de las políticas públicas en el bienestar de los mexicanos, serán los que determinen si se trata de una verdadera transformación o simplemente de una estrategia para ganar adeptos, para permanecer en la aceptación de sus seguidores o para perpetuar al partido político que fundó, en la preferencia de los electores. Por tanto, tal epíteto resulta prematuro.

 

Hacer un análisis global de los resultados de la administración federal, a casi un año de haber iniciado, resulta muy ambicioso y excede el objetivo del presente texto. Así que simplemente se brindarán algunos datos que reflejan el rumbo de la economía nacional y se citará algo de lo que dice la neurociencia respecto del ingreso económico y su impacto en las funciones cognitivas.

 

Comparemos cinco indicadores económicos; inflación, deuda pública, crecimiento económico, generación de empleos y desempleo; entre 2018 y 2019.

 

Entre enero y julio de 2018 la inflación fue de 4.81 por ciento, mientras que para el mismo lapso de 2019 fue de 3.78 puntos porcentuales, eso según cifras del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI). Este indicador muestra mejoría.

 

Respecto a la deuda pública, esta permanece prácticamente igual; pasó de 45 a 44.7 por ciento del Producto Interno Bruto (PIB), de acuerdo a la Secretaría de Hacienda y Crédito Público.

 

Según el INEGI, el crecimiento económico registrado en los primeros dos trimestres de 2019 fue de 0.1 por ciento, mientras que en el último trimestre de 2018 fue de 2.0.

 

En lo concerniente a la generación de empleos, el Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS), señala que en los primeros siete meses de 2019 se generaron 306 mil 14 empleos, frente a los 530 mil 789 creados en 2018, es decir, un aumento de 42 por ciento en el mismo lapso. 

Finalmente la tasa de desempleo hasta julio de 2019 fue de 3.6 por ciento, mientras que en el mismo periodo del año anterior llegó a 3.3 por ciento.

 

En resumen, dos de los cinco indicadores han empeorado y dos se han mantenido prácticamente igual, sólo uno ha mejorado.

 

Si bien la inflación es menor, también la generación de empleo, lo que dificulta que aumente la adquisición de bienes y servicios. 

 

Más allá de la utilidad de estos datos para poder medir y comparar la situación económica del país, por sorpresivo que parezca, resultan útiles para saber qué impacto tiene la economía en la cognición y en el cerebro.

 

Un estudio publicado en octubre de 2019, en la revista de la Academia Americana de Neurología, analizó durante 20 años la relación existente entre la fluctuación del ingreso económico en adultos de 23 a 35 años y su cognición.

 

Los participantes debían reportar su ingreso anual, con esos datos, los investigadores segmentaron a los sujetos en tres grupos según la disminución de sus ingresos: uno que no experimentó cambios significativos, otro con una disminución de 25 por ciento o más, y otro cuya disminución rebase más de una vez el porcentaje señalado.

 

Además, a todos se les practicaron pruebas cognitivas, exámenes que daban puntos a las diferentes funciones mentales, como la atención y la memoria, entre otras.

 

Los individuos del tercer grupo, de quienes disminuyó el ingreso 25 por ciento o más, tuvieron peor desempeño que los individuos del primer grupo, aquellos en los que no hubo disminución significativa.

 

Por otro lado, a un subgrupo de participantes se les practicó sendas resonancias magnéticas cerebrales, al inicio del estudio y 20 años después; al compararlas se reveló que el volumen y la conectividad cerebral de quienes habían tenido una o más reducciones significativas en sus ingresos, eran menores respecto al grupo cuyo ingreso se mantuvo estable.

 

Es obvio que las relaciones descritas no prueban que el nivel de ingreso influya directamente en la salud cerebral, pero sí evidencian que existe alguna relación.

 

Sirva la descripción de estos datos para reflexionar sobre los indicadores económicos y el desempeño de quienes, por elección popular deciden el rumbo económico del país. Tales cifras no son números muertos, tienen una asociación con la función cognitiva y la integridad cerebral. Así que estimado lector, la prematuramente llamada 4T no sólo implica una corriente ideológica, la hegemonía de un partido político, la división entre chairos y fifís o el dinero en la cartera. Puede ser algo mucho más importante: la preservación de la cognición.

 

Vicente Camacho Téllez

Médico por la Universidad La Salle, A.C.

Especialista en Neuropsicología Clínica por el ISEP, Barcelona, España.

Maestro en Ciencias (Neurobiología) por el INB, UNAM, Campus Juriquilla.

vicentct@hotmail.com, @VICATEL

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