La importancia de la educación en valores para la formación de las nuevas generaciones

03/09/2019

La educación es entre otras cosas, el proceso por el que una persona recibe una instrucción que aporta conocimientos a su intelecto, pero no sólo tiene que ver con actividades cognoscitivas, sino también con habilidades sociales y culturales que le permitan convivir dentro de su ámbito y su comunidad; es decir, el ser humano, como lo definió Aristóteles, es un zoon politikon, lo que se interpreta como un ser político; esto no solamente se refiere estar inmiscuido en cuestiones públicas, sino en asuntos de la comunidad y de la estructura social; es entonces que la educación se convierte en la instrucción de conocimientos cognoscitivos, de habilidades y de principios de una comunidad en particular. 

 

 

La educación como un nuevo desafío del siglo XXI, ante los grandes retos que imponen la tecnología, la dinámica social, la rapidez de la comunicación, tanto política, económica, social y las claves que esto implica; merece abordarse y tratarse con especial atención. Por ello debemos considerarla como un espacio idóneo de salvamento para la consecución de estos fines. 

 

Hablemos ahora de los valores. La axiología; cuya raíz etimológica se desprende de los vocablos griegos: “axios”, que significa valioso, digno o estimable, y “logos”, que se entiende como estudio o conocimiento; es la disciplina que estudia lo que es valioso y digno. En cada etapa histórica la sociedad seleccionó los valores que le rigieron y que se transmitieron a futuras generaciones. Si bien el rol que cumple el seno familiar es muy importante en este aspecto, es por medio de las actividades efectuadas en las instituciones educativas como se desarrollan los valores esenciales en los niños. Por medio de la educación en valores los niños adquieren ciertos estándares de vida que los ayudarán a perpetuarse como hombres y mujeres de acciones positivas que contribuyan al mejoramiento de la sociedad en que viven. 

 

Los valores fungen como medio de control para que las normas morales permanezcan, actúan como ancla en el proceso de cambio de toda sociedad, pues de esa forma no se pierden las tradiciones y costumbres al atravesar de una etapa a otra. Nuestra sociedad sufrió un cambio severo a raíz del surgimiento de las nuevas tecnologías y la revolución científica que se han dado en los últimos años.

 

Los niños y los jóvenes se han distanciado de las tradiciones y costumbres que mencionamos anteriormente y se han alejado de los valores que habían regido en sus comunidades por décadas. La industrialización, la urbanización, los medios de comunicación masiva y las nuevas tecnologías, provocaron resquebrajamientos en instituciones como la familia, la escuela o incluso la iglesia, que se encargaban de transmitir los valores; hasta ahora no ha surgido ninguna otra institución con el poder de sustituirlas, ante los cambios que se dieron en este nuevo siglo. 

 

El desarrollo del conocimiento científico sin los valores procovó una severa crisis social que afectó también al ámbito educativo. El aumento del bienestar y la comodidad generó consumismo en la sociedad, la búsqueda imparable del placer, la liberación de todo tipo de impulsos sin ningún tipo de límites. Por lo que las personas han dejado de sentirse satisfechos con lo que tienen, las tradiciones y costumbres de sus comunidades ya no son suficientes, ahora se buscan nuevas experiencias y sensaciones que conducen al ocio, que a su vez motiva a adquirir malos hábitos que perjudican a toda la sociedad. 

 

La falta de valores afectó profundamente a diversos estratos sociales, pero donde caló de forma más severa fue en las escuelas a causa de la contradicción y del conflicto de valores que se vivió a su interioir. Los valores como la generosidad, la caridad, el amor a los demás, la honestidad, el respeto, la tolerancia y otros, se oponían a un sistema socioeconómico que se fundamentaba en premiar y engrandecer la avaricia, la mentira, el fraude, la corrupción, la envidia, y la ambición de poder. 

 

Aprender sobre valores forma parte de la historia de todo ser humano, sin embargo, en las escuelas se ha descuidado este aprendizaje. Todas las instituciones educativas deberían tomar de forma seria su función como entes que transmiten valores a las nuevas generaciones, pues son el medio más eficiente para que los estudiantes sean capaces de desaprender la violencia. 

 

Una verdadera educación debe fundamentarse en valores, son éstos los que brindan la oportunidad de hacer cambios significativos en la vida de las mentes jóvenes que están al cuidado de los docentes; posibilitan mejorar la vida de las personas que integran la sociedad al fortalecer los derechos y obligaciones. Por ello que la educación en valores es la principal herramienta para erradicar la violencia que no sólo se da en las escuelas, sino también en el resto de los ámbitos sociales. 

 

Nos encontramos en el siglo XXI, a lo largo del mundo se lucha por diversos derechos que necesariamente deben venir acompañados de valores. Si se pelea por la equidad de género, la libertad de decidir sobre nuestra sexualidad, la libertad de expresión y otros más, deberíamos preocuparnos por introducir en las instituciones el respeto, la tolerancia, la empatía, la solidaridad, etcétera. 

 

Hay que replantearnos la finalidad de las instituciones educativas, ya que tradicionalmente se cree que su única labor es llenar la cabeza de los estudiantes de conocimientos en diversas materias. Este es un concepto erróneo. Como menciona Díaz Barriga, “la finalidad de la escuela es formar a ciudadanía en la defensa de los derechos humanos, el respeto al medio ambiente y la responsabilidad social. No hay forma de lograr la convivencia social si la escuela no atiende estos problemas”. 

 

En este sentido Esquivel menciona lo siguiente: 

 

“Educar, por lo tanto, tiene que ver con la existencia, con el pensamiento, con la cultura, con el quehacer y, finalmente, con el ser. Educar y ser son dos términos inherentes: se educa para ser y se es de acuerdo a la educación adquirida para pensar, sentir y actuar, para constituir nuestro vivir y no al margen de las condiciones o circunstancias sociales, económicas y políticas. Dentro de esta perspectiva, una verdadera educación conlleva a transformar nuestras circunstancias familiares, sociales, políticas, religiosas, morales, éticas, cívicas, democráticas que acepta, asume y vive su realidad y respeta la alteridad”. 

 

Es indispensable que se deje de tomar a las instituciones educativas como entes que instruyen a los estudiantes sólo de manera teórica. Si bien, los valores deben inculcarse a los niños desde sus hogares, es la escuela su primer contacto con nuevas personas ajenas al entorno familiar y es en ese lugar donde pasarán la mayor parte del tiempo en sus años de su juventud. 

 

Sin embargo, el sistema educativo en que se ha formado a los estudiantes en la actualidad, al menos en México, se basa en competencias, es decir, no se trabaja en conjunto para potenciar las habilidades de los individuos, sino que se promueve la pugna por ser mejor que otros y de esta manera se evalúa el desempeño de los niños y jóvenes que asisten a las escuelas. Este sistema también ha contribuido a alimentar la rivalidad, envidia y los sentimientos de superioridad en los estudiantes. Ahora la pregunta que debemos plantearnos es, ¿cómo introducir valores en este contexto educativo? 

 

Se deben impartir materias que tengan como único propósito formar a las nuevas generaciones en valores, cursos que se pretendan instituir con este fin no deben tomarse como “relleno”, optativos o simples talleres. Los valores deben ser un pilar fundamental en los planes de estudios de todas las escuelas y se les debe dar la importancia que corresponde. 

 

Es importante recalcar que en este proceso de educación en valores no pueden quedar fuera las familias de los estudiantes, ellas constituyen un eje primordial en la sociedad y sin su colaboración cualquier intento de transmitir valores a los jóvenes será en vano. Igual que los docentes las familias dan ejemplo constante, las acciones en este núcleo inevitablemente trascienden en las mentes de los chicos. Es indispensable que se les instruya para que sean ellos los primeros que practiquen los valores en las aulas, ya que es imposible que los alumnos los adquieran de una figura que no los ejerce. 

 

Debemos aceptar que la educación en valores es la única herramienta que tenemos para humanizar a nuestra sociedad, hecho que reafirma la importancia de esta labor. Se necesita retomar valores del pasado para aplicarlos de acuerdo a las condiciones que existen en el presente; dado que vivimos en una sociedad cambiante, conviene considerar que se pueden generar nuevos valores para la vida futura. 

 

Nos encontramos en la zozobra que produce la incertidumbre del futuro, nos cuestionamos constantemente qué será de las próximas generaciones y si en verdad los planes que tenemos para resolver la actual crisis de valores darán resultados óptimos. 

 

Más que preocuparnos por ello, debemos atender el problema y esforzarnos con acciones reales para transmitir a los más jóvenes los valores que han subsistido en nuestro mundo desde la antigüedad, es necesario abrir la posibilidad de crear nuevos principios que satisfagan la vida de quienes vivan en el futuro. Si logramos que al menos una parte de la comunidad estudiantil y de la sociedad vivan los valores con los que fue educada, podemos tener la seguridad de que lo mismo ocurrirá con las generaciones que hereden el mundo en que vivimos.

 

Gabriela Salgado Mercado

Maestra en Ciencias de la Educación por el Instituto Universitario Brima.

Maestra de Inglés en la Facultad de Contaduría y Administración UAEM.

whistlergsm@hotmail.com

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