El humano y la naturaleza: una verdad incómoda

03/09/2019

En julio de 2019 Steffen Olsen regresó junto con sus colegas a una de las estaciones de expedición en el fiordo de Inglefield, al noroeste de Groenlandia, para recuperar equipo meteorológico que habían instalado días antes. Olsen es un climatólogo del Instituto Meteorológico de Dinamarca que con su equipo, realizaban mediciones de las variaciones de temperatura en el Ártico. Al regresar a la estación, vieron que lo que dejaron en un paisaje plano y blanco, se encontraba bajo el agua. Olsen se apresuró a tomar su cámara y retrató a los perros jalando su trineo, subió la imagen a internet y ésta se volvió viral en cuestión de horas. Y no es que el deshielo sea raro en el Ártico, de hecho, ocurre cada año. Lo inusual es el tiempo que tomó para derretirse, porque fue una prueba contundente de que las temperaturas en Groenlandia han subido cada año sin detenerse.

 

 

Ejemplos como éste han surgido cada vez con más frecuencia en años recientes, lo que respalda la información sobre las variaciones de temperatura y el cambio climático en el planeta. Hemos visto noticias sobre ciclones en el Caribe, inundaciones en grandes ciudades, temperaturas récord en países fríos y osos polares famélicos sobre pequeños bloques de hielo. El cambio climático es una realidad innegable y aunque se olvide, no somos la única especie que vive en el planeta. Es cierto que, por miles de años, tanto humanos como demás animales y plantas hemos cambiado nuestras expresiones fisonómicas y fenológicas en respuesta a variaciones en el clima, como glaciaciones y deshielos, por ejemplo. 

 

Miles de especies migran, hibernan o florecen cada año y se han adaptado a los cambios estacionales. El cambio ha sido parte y resultado de la evolución. No obstante, cambios tan bruscos como los que hemos presenciado en las últimas décadas comprometen a todas las especies del planeta, desde el mamífero más grande, la ballena azul, hasta los diminutos virus que causan enfermedades, pues son forzadas a cambiar de entorno, lo que provoca que se trasladen a hábitats desconocidos para ellas y consecuentemente, establecen nuevas relaciones que repercuten a todos los niveles, incluso en la aparición de enfermedades nuevas o extintas. 

 

Y aunque el impacto de la actividad del hombre en el cambio climático continua como tema de debate, su invasión a la naturaleza y consecuente huella ecológica ha sido tan brutal que hemos presenciado la extinción de especies incapaces de adaptarse tan rápido. Estrictamente, desde el punto de vista genético la introducción de variación por parte de un fenómeno tan complejo como el cambio climático da entrada a posibles adaptaciones que contrarrestan la presión evolutiva con consecuencias igualmente complejas. 

 

Un ejemplo es la reaparición y exportación de enfermedades en poblaciones vírgenes gracias al desplazamiento y exposición de especies a nuevos ecosistemas, que al entrar en contacto con algunos virus, ocasionan mutaciones que progresivamente afectan a otras especies y se diseminan en nuevas poblaciones. Estos dos fenómenos se conocen como zoonosis y spillover; los hemos notado en los brotes de ébola de 2014 en Sierra Leona o de influenza pandémica A-H1N1 de 2009 en México, los cuales incluso tuvieron repercusiones políticas y económicas a medida que varios países luchaban por un fortalecimiento conjunto de las medidas de salud pública, así como de revertir sus efectos en la porcicultura.

 

Desde el punto de vista ecológico, las consecuencias del desplazamiento de especies propicia un desbalance y declive en los ecosistemas que sostienen a otras, lo que ha llevado a clasificarlas erróneamente como especies invasoras, pues según otros expertos, deberían considerarse desplazadas. En México, la Comisión Nacional para el Conocimiento y Uso de la Biodiversidad (CONABIO) publicó en 2017 el "Acuerdo por el que se determina la Lista de Especies Invasoras para México", donde enlista especies salvajes y domésticas con riesgo de invasividad, como plagas de importancia para diferentes regiones del país. Invito al lector a revisar es documento para entender el impacto de su introducción y distribución en nuevos ecosistemas.

 

Durante varios años el Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC) ha establecido medidas para reducir los efectos de la actividad del hombre en la naturaleza y el clima. El 8 de octubre de 2018 publicó su "Reporte de Calentamiento Global de 1.5 °C", en el que advierte cambios irreversibles sin precedentes en todos los niveles de la sociedad a causa del incremento de la temperatura de los océanos y el aire. 

 

El reporte destaca algunos impactos del cambio climático que podrían disminuir si el inevitable incremento se limita a 1.5 en lugar de 2°C o más en las próximas décadas, como se ha advertido. Así, se estima que para 2100 el incremento en el nivel global del mar pudiera ser de 10 centímetros, menos que si la temperatura aumenta 2 grados. 

 

También se cree que una vez cada siglo el océano ártico se quede sin hielo en verano, mientras que con 2 grados de incremento eso ocurriría cada década. Con 1.5° de incremento la pérdida de arrecifes se calcula entre 70 y 90 por ciento, en tanto que con 2 grados podría ser de 99 por ciento.

 

El cambio climático que vivimos actualmente es reflejo de las acciones que por muchos años lo han favorecido, la cuestión no es cómo evitarlo sino cómo aminorar su impacto en los años futuros. Cada contribución al incremento del calentamiento en este momento será un factor determinante para que aumente el riesgo de perder ecosistemas y de que se extingan especies incapaces de adaptarse en tan corto tiempo. El IPCC lo ha recordado a las naciones hasta el cansancio por años, aunque lo verdaderamente preocupante es que apenas logramos entenderlo.

 

Germán Gómez Casiano

MSc. Molecular Genetics & Diagnostics.

german.gomez.casiano@gmail.com

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