Derretimiento de los glaciares

Desde hace tiempo el planeta tierra se enfrenta a un desafío, el derretimiento de sus glaciares. El tema ha impactado a la población en general, sin embargo, el avance ha sido tal que se necesitan acciones de manera inmediata no sólo para prevenir, sino para contener el daño que se ha hecho, además de las consecuencias que trae consigo a nivel mundial.

 

 

Los casi 150 mil glaciares del mundo, sin incluir las grandes láminas de hielo de Groenlandia y la Antártida, cubren alrededor de 518 mil kilómetros cuadrados de la superficie terrestre; durante las últimas cuatro décadas han perdido conjuntamente, el equivalente a una capa de hielo de unos 21.3 metros de ancho.

 

Cada glaciar tiene una misión dentro de la naturaleza, ya que contiene gran parte de la reserva de agua dulce en el mundo, que no sólo se utiliza para consumo humano, sino que genera electricidad, se utiliza para regadíos y tienen relación estrecha con diferentes especies del planeta. 

 

A su vez, el agua posee el potencial de alterar las corrientes oceánicas para establecer un equilibrio en las temperaturas de la tierra, mantiene las zonas con climas relativamente estables al exportar el calor de las latitudes más bajas.

 

De acuerdo con National Geographic, Groenlandia alberga el segundo depósito de agua dulce más grande del planeta, después de la Antártida. El derretimiento de su capa superficial se abre camino a través de corrientes que llegan hasta el océano, para contribuir en 60 por ciento al aumento del nivel del mar; científicos estiman que la desaparición total de la capa de hielo del Ártico provocaría un incremento de 7 metros.

 

Mientras la temperatura del aire aumenta el deshielo se acelera sin un ritmo constante. La capa se derretirá cada vez más por cada grado que aumente la atmósfera; por ello este tema debe ser prioritario para toda la población, con el objetivo de emprender acciones de alto impacto para prevenir y contener las consecuencias.   

 

Resulta difícil determinar los efectos que tendrán estos cambios, pero en aquellos años especialmente calurosos en el Ártico, se observaron distintos patrones meteorológicos persistentes y anómalos; según se caliente y retroceda el hielo, se intensificará el cambio climático provocado por los mecanismos de retroalimentación, entre ellos; una menor capacidad de albedo, es decir, el porcentaje con que se refleja la radiación solar y la liberación de los peligrosos gases de efecto invernadero que han permanecido almacenados durante mucho tiempo en el permafrost, como se le llama a la capa del suelo permanentemente congelada.

 

Desde hace algunos años se pronosticaron cambios que ahora suceden, eso indica que debemos prestar atención a los resultados de estudios especializados para contener los daños al planeta.

 

Las ciudades costeras ya empiezan a sentir los efectos negativos por el aumento del mar. En los Outer Banks de Carolina del Norte, los barrios que tenían al océano como paisaje, comenzaron a perderse. Las ciudades más importantes, como Miami, desarrollan planes de adaptación para cuando el mar crezca.

 

Según el mismo estudio realizado por Greenpeace, los Andes peruanos ejemplifican un caso, pues cuentan con algunos de los glaciares más importantes del mundo. Desde los incas, los glaciares de Perú han sido una fuente crucial de agua dulce para el consumo humano y la agricultura. Un estudio publicado en octubre pasado en la revista Scientific Reports, estimó que la capa de hielo de Quelccaya podría llegar a un punto de inflexión si las emisiones no se reducen en los próximos 30 años.

 

Mientras tanto en el Himalaya el agua de deshielo de los glaciares forma lagos peligrosos que desencadenan inundaciones. Un estudio publicado a principios de este año estimó que, si las emisiones de carbono no se reducen en el próximo siglo, podrían desaparecer dos tercios de esa región.

 

El mundo como lo conocemos en nuestros días experimenta diversos cambios que traen consigo fenómenos, en ocasiones inexplicables, que alejan a los seres vivos de una vida en armonía, en ese sentido, el derretimiento de los glaciares es un impedimento para que el desarrollo permanezca del mismo modo.

 

Tanto los estudios de observación como los de modelización indican que según desaparezca el hielo terrestre ártico es probable que suba el nivel del mar y cambien los patrones climáticos del hemisferio norte. Los efectos probablemente varíen por zona geográfica; algunas sufrirán veranos más calurosos y secos, otras veranos más lluviosos mientras que en otras los inviernos serán más fríos y habrá más tormentas. 

 

Cada vez se observa con mayor intensidad el cambio en las temperaturas, lo que trae consigo consecuencias irremediables, incluso la muerte; estos cambios han tenido efecto hasta en la migración, pues los desastres naturales destruyen hogares y obligan a las personas a moverse a un lugar más seguro con un clima más estable.

 

Es probable que la modificación de los patrones de circulación atmosférica, entre ellos un cambio en la trayectoria de la corriente del Golfo, así como un “bloqueo” de las ondas atmosféricas planetarias, contribuyan a estas variaciones climáticas extremas. Igualmente, es probable que los episodios meteorológicos intensos sean más comunes en el futuro; habrá más probabilidad de sufrir olas de calor, inundaciones y tormentas fuertes.

 

Es necesario que se tome mayor consciencia en el tema, las diferentes especies sufren a causa del derretimiento de los glaciares y como se ha explicado, a nivel mundial se teme que no exista forma de detenerlo. A su vez, las nuevas generaciones ya enfrentan distintos retos a nivel ambiental, que no les permiten un pleno desarrollo.

 

A medida que el planeta se calienta los glaciares buscan un equilibrio, acumular la misma cantidad de nieve que de hielo derretido. Luchan por adaptarse pero no es fácil; la mitad del hielo alpino se ha derretido durante el último siglo, el suficiente como para llenar todos los lagos de Suiza. 

 

Huss pronostica que entre 80 y 90 por ciento del hielo que aún queda habrá desaparecido para el año 2100. Mientras que diversos investigadores advierten que algunas regiones en Europa, Canadá, Estados Unidos y Nueva Zelanda, podrían perder sus glaciares para la misma fecha. 

 

La sociedad aún está a tiempo de brindar mayor atención al problema, así como de identificar las consecuencias que puede traer consigo. Al mismo tiempo, existen diversas medidas que se pueden tomar pero se requiere voluntad y apoyo a las investigaciones que se realizan en pro del medio ambiente.

 

María José Bernal Ballesteros

Defensora municipal de Derechos Humanos de Toluca. 

Doctora en Derecho por la Universidad de Santiago de Compostela, España, Maestra en Justicia Constitucional y Licenciada en Derecho por la Universidad Autónoma del Estado de México; miembro del Sistema Nacional de Investigadores del Conacyt y profesora de la Facultad de Derecho de la Universidad Autónoma del Estado de México.

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