Los zoológicos: ¿garantía de protección para los animales?

Aparentemente los zoológicos son considerados refugios que benefician a los animales que ahí habitan, pues los previenen de epidemias y de la vorágine que representa su hábitat natural, especialmente, por la presencia cada vez más invasiva del hombre en su entorno. No obstante, el surgimiento de los zoológicos no tiene esta característica benevolente, más bien, se vinculan con casos de riqueza e intercambio.

 

 

Los zoológicos emergieron en la antigüedad. Se considera que en el año 1500 Antes de Cristo se creó el primer zoológico de la historia en Egipto; luego los asirios llegaron a intercambiar animales exóticos para sus respectivos zoológicos con los egipcios. Hace 3 mil años el emperador chino, Wen Wang, mandó construir el Ling-Yu o “Jardín de la Inteligencia”, un gran parque de más de 1500 acres, que exhibía peces, aves, serpientes, anfibios y mamíferos como tigres, ciervos, antílopes y rinocerontes; sólo accedían los visitantes distinguidos del imperio que podían conocer tal lugar.

 

En México, el rey Nezahualcóyotl creó el primer jardín botánico y el primer zoológico de América en Tezcutzingo, un pequeño cerro al Oriente del reino de Texcoco; ahí tenía animales de la región y de otras latitudes, tanto salvajes como domésticos. Sin embrago, con la conquista se hicieron múltiples excavaciones en la búsqueda de plata, oroy otros metales valiosos, de tal modo que destruyeron el lugar.

 

En su momento los zoológicos sirvieron para frenar la extinción de las especies, pero para hacerlos sustentables se consideró que podían ser visitados, como si se tratara de centros de espectáculos, pues como refiere Fabiola Villlela, “Nada justifica la captura y encierro de un animal para la diversión humana”; no obstante, los animales en cautiverio padecen o afrontan diferentes situaciones que pueden tener un impacto directo en su bienestar, como enfermedades, tratamientos médicos, falta de espacio y estrés generado por los visitantes; pues las personas, sus olores, movimientos y ruidos, pueden desencadenar reacciones estresantes y afectar su confort de manera negativa.

 

Al respecto, Virginia Mackenna, activista de Born Free “Nacido libre”, a favor de los animales en cautiverio; resalta que, “los animales salvajes pertenecen a la naturaleza, no deben estar encarcelados en zoológicos... La libertad es un concepto precioso, y los animales salvajes sufren física y mentalmente por la falta de libertad que el cautiverio les impone”, esto provoca lo que se conoce como “zoocósis” o psicosis de zoológico.

 

Otro de los problemas de los zoológicos es su tamaño, son muy pequeños y limitan la libertad de movimiento de los animales; por otro lado, en las visitas guiadas sólo se ofrece un poco de información sobre su alimentación, las distintas especies existentes y su entorno natural; en lugar de promover la comprensión o el respeto por la fauna.

 

Así, la noble acción que suponen los zoológicos versa sobre la protección de las especies amenazadas, pero ello sólo sucede con animales famosos y populares que atraen multitudes y publicidad, por ejemplo, el gobierno chino “alquila”  pandas a zoológicos de todo el mundo por cuotas que superan el millón de dólares al año, pero algunos cuestionan si estas ganancias se dirigen real e íntegramente a la protección de esta especie. La mayoría de los animales cautivos en los parques zoológicos no están en peligro de extinción, y aquellos que si lo están probablemente nunca recobrarán la libertad.

 

Bajo estas premisas es claro advertir que las especies en riesgo sólo lograrán salvarse si conservamos sus hábitats y luchamos contra los peligros que las amenazan. En lugar de un parque zoológico, lo importante es apoyar los proyectos que trabajan para conservar los ambientes naturales de los animales en peligro. Proteger los santuarios sin fines de lucro que están acreditados por la Asociación de Santuarios, que rescatan y cuidan a los animales exóticos sin venderlos ni reproducirlos.

 

Quizá cerrar los zoológicos, como se decidió en un momento para que los animales no fueran usados en los circos, sea una opción; no obstante, sería de fundamental importancia recuperar los objetivos de conservación de especies e incrementar los planes de reintroducción a sus hábitats naturales; aunque conviene considerar que algunas veces los animales pueden estar más resguardados en estos espacios, lejos de los depredadores humanos que ejercen la cacería; sobre este tema habría que tener respuestas que lleven a establecer soluciones que protejan a los animales de la caza furtiva.

 

María José Bernal Ballesteros

Defensora municipal de Derechos Humanos de Toluca.

Doctora en Derecho por la Universidad de Santiago de Compostela, España, Maestra en Justicia Constitucional y Licenciada en Derecho por la Universidad Autónoma del Estado de México; miembro del Sistema Nacional de Investigadores del Conacyt y profesora de la Facultad de Derecho de la Universidad Autónoma del Estado de México.

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