Los Santuarios Naturales: ¿turismo sustentable o profanación?

03/09/2019

Iniciemos con un cuestionamiento que pondrá a prueba su percepción imaginativa, ¿han notado que nuestro país tiene la forma de un “cuerno de la abundancia”?, si, la forma de esa cornucopia que la mitología griega describe como uno de los cuernos de la cabra que con su leche crió a Zeus, y que éste rompió al jugar con uno de sus rayos; para recompensarla le adjudicó poderes para que cualquiera que fuese su poseedor tuviese la fortuna de obtener todo lo que desease. La cornucopia es un símbolo de fertilidad y riqueza; México, al tener la amplitud geográfica de la zona norte y la estrechez de la zona sur, posee esta peculiar figura. 

 

 

Con aproximadamente mil 964 millones de kilómetros cuadrados de extensión territorial, México es considerado uno de los 17 países “megadiversos”, lo que significa que alberga una gran biodiversidad; con múltiples tipos de clima, suelos, fauna y flora, nuestro país es abundante, muy abundante.

 

Para dimensionar esta riqueza hay que considerar que hasta 2013 y según cifras de la Revista Mexicana de Biodiversidad, México ocupaba el segundo lugar entre los países con mayor número de especies reptiles, el tercer lugar con mayor número de especies mamíferas, el quinto lugar con mayor número de especies anfibias y el décimo primero en número de aves. 

 

En el país se ha legislado en pro de la conservación, preservación y protección ambiental; así, en la Ley General de Equilibrio Ecológico y la Protección al Ambiente, las Áreas Naturales Protegidas son definidas en su artículo tercero fracción segunda, como las zonas del territorio nacional en las que las actividades del ser humano no han alterado significativamente los ambientes originales, o como aquellas que requieren ser preservadas y restauradas. Los Santuarios se ubican en esta clasificación, y además de alojar una notable riqueza de flora o fauna, la Ley establece que en ellos únicamente se permitirán actividades de investigación, recreación y educación ambiental.

 

La Comisión Nacional de Áreas Naturales Protegidas refiere la existencia de 182 Áreas Naturales Protegidas en el país, ya sean terrestres o marinas; de ellas, 44 son Reservas de la Biósfera, 67 son Parques Nacionales, 40 son Áreas de Protección de Flora y Fauna, 8 son Áreas de Protección de Recursos Naturales, 5 Monumentos Naturales y 18 Santuarios; todos distribuidos en una superficie de 90 millones 839 mil 522 hectáreas.

 

Desde la Playa de Puerto Arista en Chiapas, en cuyas aguas cada año se lleva a cabo el “Tortufest”, evento nocturno en el que cientos de voluntarios acuden a liberar tortugas golfinas y carey recién nacidas con la finalidad de protegerlas de sus depredadores naturales, hasta el ahora popular Santuario de las luciérnagas, en Tlaxcala, lugar en el que el espectáculo nocturno de luces emitidas por estos insectos atrae a miles de turistas; los Santuarios han alcanzado un auge entre el turismo local, nacional e internacional.

 

Pero, ¿hasta qué punto podemos considerar que las visitas a estos Santuarios sean parte de un verdadero turismo sustentable?, y ¿hasta qué punto se roza en la intrusión al espacio en el que las especies deben seguir el curso natural de su ciclo vital?

 

Si bien los Santuarios se rigen bajo múltiples convenios, acuerdos, leyes e instrumentos que regulan el esquema de turismo sustentable, definido por la Organización Mundial de Turismo (OMT), como la serie de actividades turísticas que contemplan a plenitud las repercusiones económicas, medioambientales y sociales para satisfacer las necesidades de los visitantes a las comunidades anfitrionas; no existe el marco jurídico que norme el libre albedrío de los turistas, quienes, muchas veces, incurren en malas prácticas medioambientales que terminan por impactar negativamente a estos ecosistemas.

 

Etimológicamente la palabra santuario derivada del latín Sanctuarium, tiene como primera definición la relativa a un “lugar sacro en el cual se venera a una imagen, Dios o reliquia”; por otra parte, la traducción anglosajona contenida en el Diccionario de Cambridge lo define como “lugar en donde los animales pueden vivir y ser protegidos, especialmente de ser cazados o de condiciones peligrosas”.

 

Acciones como el flash de una cámara, el brillo de la pantalla de un teléfono celular, las caminatas por senderos no autorizados, los ruidos excesivos, la invasión en pro de la exploración o la clásica “basurita que nadie va a notar”; causan mella en el bienestar de las especies que ahí habitan, son profanaciones a ese lugar “sagrado” por naturaleza, son detrimentos a su calidad de refugio.

 

Aunque el turismo sustentable contemple aspectos como la minimización de los recursos, la gestión energética, la conservación del agua, el control de sustancias peligrosas, el apoyo a la economía y desarrollo local, entre otros; también tiene repercusiones como el aumento de la producción de aguas residuales, la alteración de los ecosistemas y el incremento de los niveles de ozono derivado del transporte de turistas de una región a otra, etcétera.

 

Con el aumento constante de la contaminación podemos advertir que no somos una sociedad del todo preparada para velar por el cuidado de nuestro entorno, el inmediato, el que habitamos, ni somos plenamente consciente de los daños que le causamos con algunas de las actividades diarias; si todavía no logramos una adecuada educación ambiental que nos permita adquirir conocimientos, formar valores, desarrollar competencias y conductas que coadyuven a la preservación de la vida, entonces ¿por qué invadir hábitats naturales que no deberían ser visitados, invadidos ni modificados por ser humano alguno?, ¿por qué no dejar que existan así como han evolucionado, bajo sus propias condiciones naturales?

 

Un Santuario debe ser eso, un lugar sagrado, una zona de paz, paz para la naturaleza, paz para sus especies de flora y fauna, paz para sus recursos naturales, paz para todo lo que conforma tan bellos ecosistemas. 

 

Andrea López García

Licenciada en Negocios Internacionales por el Instituto Politécnico Nacional.

Analista en la Subsecretaría de Desarrollo Político, Gobierno del Estado de México.

branloga.21@gmail.com, @anloga10

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