Especies en peligro de extinción. El tiempo que quizá nunca ha de llegar.

03/09/2019

El 22 de mayo de 2007 el ex Secretario General Adjunto de la ONU, basado en la “Evaluación de los Ecosistemas del Milenio”, informe elaborado por mil 300 científicos de 95 países; afirmó, “la degradación progresiva de dos terceras partes de los ecosistemas podría tener consecuencias desastrosas para la humanidad en los próximos 50 años”; enfatizó además, “cada hora, tres especies desaparecen; cada día, más de 150 especies se pierden; cada año, entre 18.000 y 55.000 especies se extinguen”; y detalló: “no cabe duda alguna de que el cambio climático y la pérdida de la biodiversidad son consecuencias de la actividad humana”.

 

 

La miniserie documental de 2019, Our Planet, hace un paneo por distintas regiones del planeta para mostrar la diversidad existente y dar cuenta del estado de las especies y los hábitats, sus riesgos y beneficios así como los grados de extinción y recuperación de animales y plantas; en ambos casos se explican las causas y las acciones que generaron su condición actual. Dicha crónica también destaca al hombre por sus actos depredadores superlativos.

 

El 15 de julio de 2019 la indignación popular se expresó en redes sociales al ver la selfie que emergió en el ciberespacio para exhibir la alegría de una pareja de cazadores que ocasionalmente posaban junto al cadáver de un león que habían matado.

 

Los reportes precedentes y otros similares sindican al hombre como el depredador más influyente del planeta, pues a diferencia del resto de los seres vivos, no sólo se sirve de la naturaleza para sobrevivir sino que la agrede recurrentemente por varias causas: explotación, mercantilismo, placer, consumo, entretenimiento, corrupción, etcétera. 

 

Pese a la labor de organismos nacionales e internacional por proteger la biodiversidad, y a la constante crítica y pena que expresa la comunidad mundial al enterarse que aumenta el número de especies en peligro de extinción y no se pude más que ser espectador; la resignación provocada por los magros resultados obtenidos hasta el momento, les orillan a continuar con sus esfuerzos desde sus trincheras particulares, pero con el riesgo de desencadenar una espiral de resultados estériles y desfallecer en el intento.

 

El calentamiento global, la extinción de miles de especies y el comportamiento humano son una realidad del presente que debería bastar para convocarnos a la reflexión, con el fin de poner en marcha las acciones que permitan liberar a la naturaleza y a los recursos imprescindibles de tal irracionalidad, de manera que todo tipo de vida que transite sobre este pequeño espacio del universo pueda hacerlo sin otra tarea que no sea cumplir con su cometido natural. 

 

Así los hechos, y en aras de separar la paja del trigo me pregunto, ¿corresponde endilgarle al género humano un rango de depredación altamente nocivo?, si y no. 

 

Si. Porque un gran sector de la población mundial se aficiona más al rinde de sus actividades y a la practicidad en su supervivencia, que al daño que su comportamiento puede provocarle al ecosistema y a la biodiversidad. Generalmente, estos involucrados no se informan sobre los problemas ambientales, no actúan para menguar sus efectos y al parecer muy poco les importan las consecuencias, aún a sabiendas de que su impostura podría afectarles negativamente más temprano que tarde.

 

No. Porque tanto los observadores condicionados por el sistema en la toma de decisiones, como los sujetos dedicados a la investigación y otros campos afines relacionados, desean de algún modo cambiar esta situación y trabajan desde su espacio social para conseguirlo, aunque lamentablemente no dejan de ser minoría.

 

Independientemente del lugar del mundo en el que residamos, vivimos una época de cambios radicales en diferentes ámbitos; político, personal, social, económico, corporativo, cultural, etcétera. Afortunadamente en los últimos años la globalización ha relacionado al hombre de una forma especial, merced a la tecnología y a la información, empero deberíamos aprovechar estas circunstancias para procurar los cambios que nos garanticen mejor calidad de vida. 

 

Al caso, seguidamente cito algunas consideraciones que quizá coadyuven al mejor vivir y a la preservación del medio ambiente, con la esperanza de despertar voluntades de participación activa en defensa de la naturaleza que nos alberga y nutre.

 

No todos los procesos de devastación son causados por la intervención del hombre, ni la solución a la depredación depende exclusivamente de él. Si, por supuesto, hay extinciones naturales y otras que provocamos al autoexcluirnos de las actividades correctivas, o sencillamente, conquistamos por nuestras obras contraproducentes. 

 

Gracias a las tareas de investigación, a los trabajos especiales y a la difusión que realizan las instituciones especializadas en la defensa de los seres vivos y su hábitat; las personas podemos informarnos fácilmente sobre sus actividades, aprovechar el contenido de sus documentos y darles apoyo, además de colaborar acercándoles proposiciones asertivas.

 

Va de suyo que las acciones de nuestros líderes y representantes pesan mucho en este campo, por lo tanto, procuremos que sean ellos quienes den curso a nuestras demandas sobre el cuidado y la preservación de la naturaleza y el ecosistema, para luego supervisar su puesta en marcha. 

 

Las partidas presupuestarias estatales deberían tener mayor afinidad con nuestros intereses que con los idealismos radicales de dominación, beligerancia o intolerancia hacia el prójimo y sus creencias. Especular con la igualdad y la gratuidad para ajustar un presupuesto puede ofrecer rédito político pero no siempre es una buena opción; si la meta es preservar la vida y su sustentación permanente, nuestros representantes deberían pensar más en la diversidad y en la aplicación de los intereses colectivos.

 

La población global participa de esta problemática con múltiples acciones: investiga, provoca, documenta, observa, descubre, resuelve, critica y difunde, entre otras actividades; sin embargo, estas prácticas no son suficientemente determinantes para solucionar definitivamente este tema. 

 

Actualmente gran parte de los seres humanos continúan su vida en sociedad, carentes de receptividad, colaboración, responsabilidad y compromiso; evaden los asuntos importantes, tal vez abrumados por sus condicionamientos. Pero si la mayoría de las voluntades individuales no convergen en una acción colectiva común, que sesgue y repare la devastación del hombre a su hábitat, la solución será transitoria y probablemente utópica; ergo, la solución definitiva y sustentable podría arribar en un tiempo que, a esta contemporaneidad, nunca ha de abrazarle.

 

Oscar Calvete Sousa

Escritor

www.oscar.uy

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