Al gobierno no le gusta París

Desde diferentes puntos de vista se considera que la lucha contra el cambio climático es el reto ambiental más importante que tiene el ser humano como especie. Para esta brega, se han creado acuerdos multilaterales, principalmente dos: el protocolo de Kyoto y el Acuerdo de París, que incluyen compromisos de cada país firmante con un solo objetivo: disminuir las emisiones de gases de efecto invernadero.

 

 

Esto deriva en una serie de medidas, una de ellas es el desplazamiento paulatino de combustibles fósiles por combustibles limpios, o energías renovables en la generación de otras energías.

 

Ahora, los acuerdos internacionales han podido caminar de forma más eficiente gracias a la caída de los precios de la tecnología. De hecho, Estados Unidos y China, que no firmaron el acuerdo de Kyoto, tuvieron comportamientos extraños en reducción de emisiones e impulso a las energías renovables. Estados Unidos, de la mano del gas natural obtenido mediante fractura hidráulica, sustituyó combustibles más sucios y redujo emisiones en la misma o mayor proporción que algunos países firmantes del protocolo.

 

Por su parte, China redujo en más de 80 por ciento estos costos al desarrollar tecnología de paneles solares, lo que revolucionó la industria de la energía solar en todo el mundo.

 

El caso de México es algo curioso, producto de la Reforma Energética de 2013 y sus leyes reglamentarias de entre 2014 y 2015, el país se aceleraba para cumplir, incluso antes de tiempo, con los compromisos ambientales en materia energética. De cumplirse los periodos de las subastas de energía eléctrica de largo plazo, donde las energías renovables rompieron récords mundiales en México, las metas esperadas para 2021 podrían alcanzarse en 2020.

 

Sin embargo, hubo un cambio radical en política energética. Con las elecciones de 2018 se regresó a un modelo energético basado en hidrocarburos y aunque la administración federal afirma que habría también energías renovables, no hay indicios de mecanismos de implantación,  y mucho menos de apoyo.

 

Cronológicamente; se suspendieron y después se cancelaron las subastas de energía eléctrica de largo plazo, se cancelaron líneas de transmisión que permitirían llevar energías renovables, principalmente eólica y solar, desde los sitios de mayor potencial de generación hasta los mercados de mayor consumo.

 

Si bien se ha respetado el modelo de Certificados de Energías Limpias que permitía el crecimiento de la matriz de renovables de forma exitosa, la empresa preponderante del mercado buscó en más de una ocasión modificar este mecanismo, posponerlo o de plano cancelarlo.

 

El documento rector de la política eléctrica nacional, llamado Programa de Desarrollo del Sector Eléctrico Nacional (PRODESEN), en su versión 2019-2033, publicada en mayo de este año; no da señales de un proceso de transición energética, ni de rectificar las decisiones erróneas tomadas al inicio de esta administración, tampoco de corregir las omisiones de la administración pasada, lo que hubiese sido un logro que además abonaría a la narrativa de subsanar lo que venía mal.

 

Por si fuera poco, el proyecto emblema de esta administración no es más que un conjunto de acciones inadecuadas e incentivos perversos, que van contra el espíritu de reducción de emisiones; construir una refinería en un sitio de alto riesgo ante el cambio climático, prolongar el uso de hidrocarburos y abaratar su uso en movilidad, mientras cancela proyectos de transporte público con los que se busca reducir las emisiones y generar un cambio cultural, me refiero al Metrobús de La Laguna; además no hay un programa claro de masificación o impulso a la electro movilidad o a un transporte público eficiente.

 

Tal vez sea un asunto generacional o que el presidente vivió su juventud en un sitio que surgió de entre la nada gracias a la bonanza petrolera, pero el asunto es que poquísimas veces, que podrían contarse con los dedos de una mano, el presidente ha hablado en público sobre el Cambio Climático.

 

Para un presidente que gusta de repetir de forma constante sus ideas, tal vez esto signifique que no está en su mente el calentamiento global. Y en un gobierno en el que más allá de la lógica, los datos o el sentido común, manda la voz de una sola persona; podemos concluir que a este presidente y por lo tanto al gobierno, no le gusta (el tratado) de París.

 

Víctor Florencio Ramírez Cabrera

Licenciado en Biomedicina por la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla y Doctorado en Ciencias Biomédicas en la Universidad Nacional Autónoma de México.

victorramirezcabrera@gmail.com, @vicfc7

 

 

Please reload

Artículo de la semana

La deuda urgente del gobierno con el sistema penitenciario

1/1
Please reload

Artículos recientes
Please reload

Secciones
Archivo