La importancia de la educación en valores en la formación de las nuevas generaciones

La educación es, entre otras cosas, el proceso en el que una persona recibe una instrucción y se le aportan conocimientos a su intelecto, pero no sólo tiene que ver con actividades cognoscitivas, sino también tiene que ver con habilidades sociales y culturales que le permitan a esa persona convivir dentro de su ámbito y su comunidad; es decir, el ser humano, como lo definió Aristóteles, es un zoon politikon, lo cual interpreta como el ser político, pero este no solamente se refiere estar inmiscuido en los asuntos públicos, sino también involucrado en los aspectos de la comunidad y de la estructura social; es entonces que la educación se convierte en la instrucción de conocimientos cognoscitivos, de habilidades y de principios de una comunidad en particular.



La educación como un nuevo desafío del siglo XXI, ante los grandes retos que impone la tecnología, la dinámica social, la rapidez con que se da la comunicación, tanto política, económica, social y las claves que esto implica, merece una especial atención en su tratamiento y la manera en que se aborda. Por ello debemos creer que es un espacio idóneo de salvamento para la persecución de estos fines.


Hablemos ahora de los valores. Atendiendo a la axiología, cuya raíz etimológica se desprende del griego “axios”: valioso, digno y estimable; y “logos”: estudio, conocimiento. Por lo que entendemos que la axiología es la disciplina encargada del estudio de lo que es valioso y digno. En cada etapa de la historia, la sociedad selecciona los valores que han de regirla y que han de transmitirse a las generaciones que vienen detrás de ellos. Y si bien el rol de que cumple el seno familiar es muy importante en este aspecto, son las instituciones educativas las que por medio de sus actividades desarrollan los valores esenciales en los niños. Por medio de la educación en valores los niños adquieren ciertos estándares de vida que los ayudarán a perpetuarse como hombres y mujeres de acciones positivas que

contribuyan en el mejoramiento de la sociedad en que viven.


Los valores actúan como ancla en el proceso de cambio de toda sociedad, para que al atravesar de una etapa a otra no se pierdan las tradiciones, costumbres, ni mucho menos el actuar ético de los individuos, fungen como control, a fin de que las normas morales permanezcan. Nuestra sociedad ha sufrido un cambio severo a raíz del surgimiento de las nuevas tecnologías y la revolución científica que se han dado en los últimos años. Los niños y los jóvenes se han distanciado de las tradiciones y costumbres que mencionamos anteriormente y se han alejado de los valores que habían regido en sus comunidades por décadas. La industrialización, la urbanización, los medios de comunicación masiva y las nuevas tecnologías provocaron que las instituciones como la familia, la escuela o incluso la iglesia, que se encargaban de transmitir los valores, se resquebrajaran y no surgió ninguna otra institución con el poder de sustituirlas ante los cambios que se dieron en este nuevo siglo.


El desarrollo del conocimiento científico sin los valores ha generado una severa crisis en la sociedad en que vivimos, y esta afectó también el ámbito educativo. El aumento del bienestar y la comodidad generó consumismo en la sociedad, la búsqueda imparable del placer, la liberación de todo tipo de impulsos sin ningún tipo de límites. Por lo que las personas han dejado de sentirse satisfechos con lo que tienen, las tradiciones y costumbres de sus comunidades ya no son suficientes, por lo que buscan nuevas experiencias y sensaciones que los han llevado al ocio y este ocio a adquirir malos hábitos que perjudican a toda la sociedad.


La falta de valores afectó profundamente a diversos estratos sociales, pero donde caló de forma más severa fue en las escuelas, por efecto de la contradicción y del conflicto de valores que se vivió en ellas. Los valores como la generosidad, la caridad, el amor a los demás, la honestidad, el respeto, la tolerancia etc., se oponían a un sistema socioeconómico que se fundamentaba en premiar y engrandecer la avaricia, la mentira, el fraude, la corrupción, la envidia, y la ambición de poder.


El aprender valores forma parte de la historia de todo ser humano, sin embargo, en las escuelas se ha descuidado este aprendizaje. Todas las instituciones educativas deberían tomar de forma seria su función como entes que transmiten valores a las

nuevas generaciones ya que estos son el medio más eficiente para que los estudiantes sean capaces de desaprender la violencia.


Una verdadera educación debe tener como fundamento los valores, son estos los que brindan la oportunidad de hacer cambios significativos en la vida de las mentes jóvenes que están al cuidado de los docentes, posibilita mejorar la vida de las personas que integran la sociedad, fortaleciendo los derechos y obligaciones. Es por ello que la educación en valores es la principal herramienta para erradicar la violencia que se da no sólo en las escuelas, sino también en el resto de los ámbitos sociales.


Nos encontramos en el siglo XXI, y a lo largo del mundo se ha comenzado a luchar por diversos derechos que necesariamente deben venir acompañados de valores. Si se pelea por la equidad de género, la libertad de decidir sobre nuestra sexualidad, la libertad de expresión y otros más, deberíamos preocuparnos por introducir en las instituciones el respeto, la tolerancia, la empatía, la solidaridad, etc.


Hay que replantearnos la finalidad de las instituciones educativas, ya que tradicionalmente se cree que su única labor es llenar la cabeza de los estudiantes de conocimientos en diversas materias. Este es un concepto erróneo. Como menciona Díaz Barriga (2005) “la finalidad de la escuela es formar a ciudadanía en la defensa de los derechos humanos, el respeto al medio ambiente y la responsabilidad social. No hay forma de lograr la convivencia social si la escuela no atiende estos problemas”.


En este sentido Esquivel (2009) menciona lo siguiente:


Educar, por lo tanto, tiene que ver con la existencia, con el pensamiento, con la cultura, con el quehacer y, finalmente, con el ser. Educar y ser son dos términos inherentes: se educa para ser y se es de acuerdo a la educación adquirida para pensar, sentir y actuar, para constituir nuestro vivir y no al margen de las condiciones o circunstancias sociales, económicas y políticas. Dentro de esta perspectiva, una verdadera educación conlleva a transformar nuestras circunstancias familiares, sociales, políticas, religiosas, morales, éticas, cívicas, democráticas que acepta, asume y vive su realidad y respeta la alterida