La importancia de la educación en valores en la formación de las nuevas generaciones

18/07/2019

La educación es, entre otras cosas, el proceso en el que una persona recibe una instrucción y se le aportan conocimientos a su intelecto, pero no sólo tiene que ver con actividades cognoscitivas, sino también tiene que ver con habilidades sociales y culturales que le permitan a esa persona convivir dentro de su ámbito y su comunidad; es decir, el ser humano, como lo definió Aristóteles, es un zoon politikon, lo cual interpreta como el ser político, pero este no solamente se refiere estar inmiscuido en los asuntos públicos, sino también involucrado en los aspectos de la comunidad y de la estructura social; es entonces que la educación se convierte en la instrucción de conocimientos cognoscitivos, de habilidades y de principios de una comunidad en particular. 

 

 

La educación como un nuevo desafío del siglo XXI, ante los grandes retos que impone la tecnología, la dinámica social, la rapidez con que se da la comunicación, tanto política, económica, social y las claves que esto implica, merece una especial atención en su tratamiento y la manera en que se aborda. Por ello debemos creer que es un espacio idóneo de salvamento para la persecución de estos fines. 

 

Hablemos ahora de los valores. Atendiendo a la axiología, cuya raíz etimológica se desprende del griego “axios”: valioso, digno y estimable; y “logos”: estudio, conocimiento. Por lo que entendemos que la axiología es la disciplina encargada del estudio de lo que es valioso y digno. En cada etapa de la historia, la sociedad selecciona los valores que han de regirla y que han de transmitirse a las generaciones que vienen detrás de ellos. Y si bien el rol de que cumple el seno familiar es muy importante en este aspecto, son las instituciones educativas las que por medio de sus actividades desarrollan los valores esenciales en los niños. Por medio de la educación en valores los niños adquieren ciertos estándares de vida que los ayudarán a perpetuarse como hombres y mujeres de acciones positivas que 

contribuyan en el mejoramiento de la sociedad en que viven. 

 

Los valores actúan como ancla en el proceso de cambio de toda sociedad, para que al atravesar de una etapa a otra no se pierdan las tradiciones, costumbres, ni mucho menos el actuar ético de los individuos, fungen como control, a fin de que las normas morales permanezcan. Nuestra sociedad ha sufrido un cambio severo a raíz del surgimiento de las nuevas tecnologías y la revolución científica que se han dado en los últimos años. Los niños y los jóvenes se han distanciado de las tradiciones y costumbres que mencionamos anteriormente y se han alejado de los valores que habían regido en sus comunidades por décadas. La industrialización, la urbanización, los medios de comunicación masiva y las nuevas tecnologías provocaron que las instituciones como la familia, la escuela o incluso la iglesia, que se encargaban de transmitir los valores, se resquebrajaran y no surgió ninguna otra institución con el poder de sustituirlas ante los cambios que se dieron en este nuevo siglo. 

 

El desarrollo del conocimiento científico sin los valores ha generado una severa crisis en la sociedad en que vivimos, y esta afectó también el ámbito educativo. El aumento del bienestar y la comodidad generó consumismo en la sociedad, la búsqueda imparable del placer, la liberación de todo tipo de impulsos sin ningún tipo de límites. Por lo que las personas han dejado de sentirse satisfechos con lo que tienen, las tradiciones y costumbres de sus comunidades ya no son suficientes, por lo que buscan nuevas experiencias y sensaciones que los han llevado al ocio y este ocio a adquirir malos hábitos que perjudican a toda la sociedad. 

 

La falta de valores afectó profundamente a diversos estratos sociales, pero donde caló de forma más severa fue en las escuelas, por efecto de la contradicción y del conflicto de valores que se vivió en ellas. Los valores como la generosidad, la caridad, el amor a los demás, la honestidad, el respeto, la tolerancia etc., se oponían a un sistema socioeconómico que se fundamentaba en premiar y engrandecer la avaricia, la mentira, el fraude, la corrupción, la envidia, y la ambición de poder. 

 

El aprender valores forma parte de la historia de todo ser humano, sin embargo, en las escuelas se ha descuidado este aprendizaje. Todas las instituciones educativas deberían tomar de forma seria su función como entes que transmiten valores a las 

nuevas generaciones ya que estos son el medio más eficiente para que los estudiantes sean capaces de desaprender la violencia. 

 

Una verdadera educación debe tener como fundamento los valores, son estos los que brindan la oportunidad de hacer cambios significativos en la vida de las mentes jóvenes que están al cuidado de los docentes, posibilita mejorar la vida de las personas que integran la sociedad, fortaleciendo los derechos y obligaciones. Es por ello que la educación en valores es la principal herramienta para erradicar la violencia que se da no sólo en las escuelas, sino también en el resto de los ámbitos sociales. 

 

Nos encontramos en el siglo XXI, y a lo largo del mundo se ha comenzado a luchar por diversos derechos que necesariamente deben venir acompañados de valores. Si se pelea por la equidad de género, la libertad de decidir sobre nuestra sexualidad, la libertad de expresión y otros más, deberíamos preocuparnos por introducir en las instituciones el respeto, la tolerancia, la empatía, la solidaridad, etc. 

 

Hay que replantearnos la finalidad de las instituciones educativas, ya que tradicionalmente se cree que su única labor es llenar la cabeza de los estudiantes de conocimientos en diversas materias. Este es un concepto erróneo. Como menciona Díaz Barriga (2005) “la finalidad de la escuela es formar a ciudadanía en la defensa de los derechos humanos, el respeto al medio ambiente y la responsabilidad social. No hay forma de lograr la convivencia social si la escuela no atiende estos problemas”. 

 

En este sentido Esquivel (2009) menciona lo siguiente: 

 

Educar, por lo tanto, tiene que ver con la existencia, con el pensamiento, con la cultura, con el quehacer y, finalmente, con el ser. Educar y ser son dos términos inherentes: se educa para ser y se es de acuerdo a la educación adquirida para pensar, sentir y actuar, para constituir nuestro vivir y no al margen de las condiciones o circunstancias sociales, económicas y políticas. Dentro de esta perspectiva, una verdadera educación conlleva a transformar nuestras circunstancias familiares, sociales, políticas, religiosas, morales, éticas, cívicas, democráticas que acepta, asume y vive su realidad y respeta la alteridad. 

 

Es indispensable que se deje de tomar a las instituciones educativas como entes que instruyen a los estudiantes sólo de manera teórica. Si bien, los valores deben inculcarse a los niños desde sus hogares, es la escuela su primer contacto con nuevas personas ajenas al seno familiar y es en ese lugar donde pasarán la mayor parte del tiempo en los años de su juventud. 

 

Sin embargo, el sistema educativo en que se ha formado a los estudiantes en la actualidad, al menos en México, está basado en las competencias, es decir, no se trabaja en conjunto para potenciar las habilidades de los individuos, sino que se promueve la pugna por ser mejor que otros y de esta manera se evalúa el desempeño de los niños y jóvenes que asisten a las escuelas. Este sistema también ha contribuido a alimentar la rivalidad, envidia y los sentimientos de superioridad en los estudiantes. La pregunta que debemos plantearnos ahora es: ¿cómo introducir valores en este contexto educativo? 

 

Se deben impartir materias que tengan como único propósito el de formar a las nuevas generaciones en valores, y las materias que se pretendan instituir con este fin no deben ser tomadas como “relleno”, optativas o simples talleres. Los valores deben ser un pilar fundamental en los planes de estudios de todas las instituciones educativas y se les debe dar la importancia que corresponde. 

 

Es importante recalcar que el este proceso de educación en valores no pueden quedar fuera las familias de los estudiantes, ellas son un pilar fundamental en la sociedad y sin su colaboración cualquier intento de transmitir valores a los jóvenes será en vano. Las familias, al igual que los docentes, dan ejemplo constante y las acciones que se dan en este núcleo trascienden de forma inevitable en las mentes de los jóvenes. Es indispensable que se les instruya para que sean ellos los primeros que practiquen los valores en las aulas, ya que es imposible que los estudiantes los adquieran de una figura que no los ejerce. 

 

Debemos aceptar que la educación en valores es la única herramienta que tenemos para humanizar a nuestra sociedad, hecho que reafirma la importancia de esta importante labor. Se necesita retomar los valores del pasado, aplicarlos de acuerdo a las condiciones que existen en el presente y considerar que como vivimos en una sociedad cambiante, estos pueden dar pauta a nuevos valores en el futuro. 

 

Nos encontramos en la zozobra que produce la incertidumbre del futuro, nos cuestionamos constantemente qué será de las futuras generaciones y si en verdad los planes que tenemos para resolver la actual crisis de valores darán resultados óptimos. Más que preocuparnos por ello, debemos atender el problema y esforzarnos con acciones reales para transmitir a los más jóvenes los valores que han subsistido en nuestro mundo desde la antigüedad, abriendo la posibilidad de crear nuevos principios que satisfagan la vida de quienes vivan en el futuro. Debemos tener la certeza de que si logramos que incluso sólo una parte de la comunidad estudiantil y la sociedad en general viva los valores con los que fue educada podemos tener seguridad de que lo mismo ocurrirá con las generaciones que hereden el mundo en que vivimos.

 

Gabriela Salgado Mercado

Maestra en Ciencias de la Educación por el Instituto Universitario Brima.

Maestra de Inglés en la Facultad de Contaduría y Administración UAEM.

whistlergsm@hotmail.com

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