Redescubriendo nuestras raíces: el Cerro del Toloche

Ya sea un habitante o visitante de Toluca, si se mira con ojo avispado una de las secciones de la llamada “Sierrita de Toluca”, aquella que se ubica a espaldas del Palacio de Gobierno de la capital, concretamente sobre el trazo de la avenida Bravo hacia el norte, por la empinada cuesta que sube al Paseo Matlazincas; en la parte alta de la formación rocosa, como en muchos otros cerros, el observador fácilmente identificará una cruz, símbolo religioso por excelencia; sin embargo, quien mire a detalle verá que justo debajo de ese símbolo cristiano no hay un terreno amorfo o escarpado, sino que es visible una formación simétrica con dos basamentos que delimitados hacia al oriente, claramente forman un desnivel. Sin temor, puede considerarse como un cuerpo piramidal, un vestigio notorio de un adoratorio prehispánico, que desde la altura observa la nueva Toluca, para sorpresa y desconocimientos de muchos. 

 

El Cerro del Toloche, es la referida elevación que le invito a mirar con detenimiento, pues según varias investigaciones que desde hace tiempo se llevan a cabo en la zona, fue uno de los puntos más destacados de la civilización matlazinca; cuyo asentamiento al momento de la conquista abarcaba desde lo que hoy conocemos como el cerro de la Teresona hasta la actual delegación de Santa Cruz Azcapotzaltongo, el área más densamente poblada en aquel entonces era lo que hoy comprende los barrios de San Luis Obiso, San Miguel Apinahuizco, La Retama, El Cóporo, Zopilocalco y la Colonia Lomas Altas. 

 

De todo ello sólo se conservan la plataforma y el montículo del Cerro del Toloche, que debido a circunstancias ópticas sólo puede dimensionarse si se asciende. Su ubicación es notoriamente estratégica, pues según los hallazgos ahí se desarrollaban actividades económicas, políticas, religiosas y militares, ya que desde su cima se tiene una extraordinaria visión absoluta del Valle de Toluca. 

 

Tras varias exploraciones se ha logrado conformar una sorprendente colección de objetos extraídos de la zona, gracias al arduo y anónimo trabajo encabezado por la Universidad Autónoma del Estado de México, junto con diversos profesionales que han dedicado años al rescate y conservación de este sitio desconocido, no sólo para los habitantes de Toluca, sino para toda la entidad. 

 

Entre los restos arqueológicos del sitio ceremonial existen piezas cuya belleza y calidad sorprenden debido a su estado de preservación. Destaca una serie de fragmentos ceremoniales y de uso cotidiano, como vasijas de barro, figurillas de arcilla que representan un pato y un guajolote, un cráneo tallado en piedra, puntas de flecha en jade y obsidiana; así como conjunto de instrumentos musicales de uso ceremonial denominados omichicahuaztli en náhuatl, elaborados con huesos humanos a los que se les hacían ranuras transversales; se tocaban a manera de güiro, raspándolos con un hueso plano, madera o concha. Pero algo de lo más asombroso es un pectoral de cuentas de oro que tuve la fortuna de ver personalmente mientas recibía el tratamiento de conservación. Sin duda esos vestigios son testimonio de la capacidad creadora de nuestros antepasados.

 

Finalmente, con la experiencia personal de haber ascendido al Cerro del Toloche en dos ocasiones y como testigo del intenso y difícil trabajo que significa rescatar nuestras raíces, pues hay que afrontar innumerables retos logísticos, financieros, climatológicos e incluso de seguridad; para un servidor y seguramente para muchos quienes como yo sienten un cariño profundo por esta tierra y sus historia, es muy significativo ver estas piezas perfectamente conservadas, salvaguardadas para las próximas generaciones.  

 

Queda ahora continuar con las labores de investigación y rescate para procurar las condiciones adecuadas y que en breve el sitio se abra a las visitas de los toluqueños, quienes a menos de un kilómetro de la Plaza de los Mártires, descubrirán un espléndido lugar que con el pasado a cuestas ofrece una vista extraordinaria, una riqueza natural portentosa y un legado vivo que nos debe enorgullecer, llamándonos a cuidarlo y preservarlo para las presentes y futuras generaciones. 

 

 

Pedro Daniel García Muciño

Maestro en Derecho por la Universidad Autónoma del Estado de México.

Presidente fundador de la Fundación Ideas Libres A.C. (2006).

Primer Director del Instituto Municipal de Cultura y Arte de Toluca (2013).

Convencido de la importancia del arte y la cultura como motor de la sociedad. 

@PedroDanielGM

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