Inteligencia ciudadana. Entre el deseo y la realidad

09/07/2019

Actualmente la fragmentación y polarización política afecta a la mayor parte de las democracias del mundo, los gobernantes avanzan sin reparar adecuadamente en los derechos de sus representados, han perdido el norte republicano y participativo. 

 

Ante tales circunstancias la ciudadanía se prepara para contrarrestar y corregir dichos efectos tóxicos, y al menos en apariencia, lo hace de manera distinta a ocasiones anteriores, esta vez utiliza los recursos tecnológicos que la mayoría de las personas tiene a la mano; las redes sociales y las aplicaciones de mensajería en línea son sus mejores aliadas, pues éstas forman su mayor cadena productiva.

 

Frente a determinados sucesos riesgosos que entraña la realidad las personas luchan para sobrepasarlos, pero cuando constituyen problemas sociales la gente intenta encontrar las respuestas adecuadas aliándose entre sí para resolver en consecuencia.

 

En varios países y continentes la gente se siente abrumada por causas similares o diferentes, lo que le motiva a difundir y formalizar su esperanza de cambio bajo la premisa de Inteligencia Ciudadana (IC), una gesta reaccionaria que cada día adquiere más fuerza e interés público y cuyos conceptos tópicos pueden ser la libertad, la justicia, la responsabilidad y el compromiso.

 

Sus simpatizantes han sabido reunir bajo tal expresión el principio de emergencia: el todo es mayor que la suma de sus partes, con el derecho democrático a participar en la toma de decisiones y a requerir oportunamente, por la vía institucional correspondiente, la puesta en marcha de sus proyectos. No se trata aquí de competir ni de formar grupos partidarios, menos aún de tomar el lugar de sus representantes, sino de colaborar con ellos para mejorar y sustentar el bien colectivo, sin perjuicio a su derecho de monitorear el desempeño de los funcionarios de gobierno.

 

Cuando situaciones como la falta de seguridad exigen a un sector de la sociedad más coraje y honradez, mientras otro sector carece de estas características; la tarea no consiste en disminuir temporalmente los síntomas o efectos manifiestos de dichos sucesos, sino en atender las causas que los originan con la intención de erradicarlas o menguar su latencia. Ergo, debe tratarse integral e inteligentemente al dejar de lado intereses mezquinos.

 

Pese a que al observarse una situación caótica pueda advertirse también la luz, mujeres y hombres pendientes de su zona de confort o interés particular no logran visualizarla; cuando el bienestar individual sesga el bien comunitario la solución colectiva no arriba, entonces el precio social a pagar resulta altamente significativo.

 

Si bien las características básicas de la IC tienen cabida sociopolítica y funcionalidad institucional de larga data en este planeta, en esta contemporaneidad es importante destacar la necesidad de desarrollar la Inteligencia Ciudadana mediante la coexistencia de dos factores antagónicos en al ámbito social; el primero y más llamativo es el súbito despertar ciudadano, la salida del anonimato y el interés por participar de decisiones vitales, además de despojarse del temor a las represalias; el segundo, que se encuentra en fase terminal, es la clase dirigente, pues no termina de comprender que las recetas actuales del poder no son suficientemente eficaces para satisfacer las demandas de sus representados; resulta inconcebible que a estas alturas del siglo XXI todavía se apliquen paradigmas políticos, sociales y económicos que arrastran fracasos centenarios.  

 

En el teatro de la IC, los dos factores que intervienen para superar cualquier problemática son sólo una parte de la gran función, pues en escena se involucra el elenco actoral que impone sus reglas entre las bambalinas, ese telar en la parte superior del escenario, desde donde generalmente, se impone la decoración final de un espectáculo tan dantesco como dramático.

 

Desde la antigüedad, en diferentes épocas la literatura ha tallado con plumas célebres la frase quién le pone el cascabel al gato, con la que de alguna manera se advierte que la solución a los problemas no se consigue con vagas ocurrencias, sino a través de una visión integral, con ideas realistas profundamente trabajadas y estratégicamente ejecutadas. 

 

La inteligencia colectiva no debería perder de vista la estructura teatral descrita para conducirse, para tratar un problema debe atenderse el orden de sus causas según la formación piramidal de los factores que ejercen poder en el momento determinado, de lo contrario sólo se obtendrán soluciones pasajeras a riesgo del desprestigio de sus autores, pues su fracaso sólo avivaría el fuego que pretenden combatir. 

 

Los trabajadores entre bambalinas son parte inevitable del ruedo social del que todos participamos, siempre están al acecho para imponer a los demás su extraña forma de pensar, tienen poder y también peso en oro sobre los gobernantes. La historia de la humanidad está harta de dar cuenta de sus terribles andanzas, pero ello no los hace invencibles a la hora de barajar de nuevo las cartas a merced de otras reglas de juego, a las que la propia Inteligencia Ciudadana conceda legalidad oportunamente. 

 

Oscar Calvete Sousa

Escritor

www.oscar.uy

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