Epigenética y conducta

09/07/2019

Actualmente sabemos que los cambios físicos y sociales modifican la expresión de nuestro genoma, inclusive pueden ser transmitidos a través de las generaciones. La influencia ambiental en la vida temprana, particularmente en los periodos sensibles del desarrollo, pueden desencadenar modificaciones funcionales de los genes sin alterar la secuencia del ADN. A esto se le conoce como epigenética. 

 

 

A pesar de no tener las bases moleculares para explicar su teoría, en 1942 Waddington introdujo el término “epigenética” para describir el papel de la interacción entre el ambiente y los genes, lo que genera el fenotipo, es decir, las características físicas o rasgos observables. Para un organismo con todo un panorama de opciones, el punto de partida será su ADN, pero durante su desarrollo entrarán en juego fuerzas ambientales y fisiológicas. Así, organismos con la misma estructura genética pueden manifestar fenotipos diferentes, inclusive de manera radical. 

 

Desde entontes la pregunta ha sido, ¿cómo es que el ambiente modifica la función de los genes?, además, hay que responder por qué los cambios en el patrón de expresión de los genes globales y persistentes, son orquestados por eventos ambientales discretos o por factores menos claros y más continuos, como la conducta de los padres hacia los hijos. 

 

Hoy en día se pone mucha atención en el papel del comportamiento, pues tiene la capacidad de moldear los estados epigenéticos, y viceversa, los factores epigenéticos y sus mecanismos, también dan forma al propio comportamiento.

 

Si consideramos que la conducta humana es resultado de la interacción de tres componentes principales; nuestra dotación genética, las experiencias acumuladas influenciadas por el ambiente y la percepción de una situación determinada; es fácil entender que a través de los dos mecanismos básicos de la epigenética, situaciones como el estrés en etapa infantil y la calidad del cuidado de los padres, pueden establecer una marca en el genoma de los hijos y dictar la expresión de patrones genéticos a lo largo de su vida. Además influyen en su neurobiología y comportamiento incluso de forma negativa, con efectos duraderos y permanentes. Como lo ha revelado el resultado de varios estudios.

 

Cada vez existe más evidencia de que estos mecanismos desempeñan su papel en periodos sensibles del desarrollo y en la etapa adulta; tanto en el comportamiento como en la plasticidad neuronal, es decir, la capacidad del sistema nervioso para modificar su estructura y funcionamiento; por lo que la epigenética adquiere un rol activo al modular la habilidad de un animal adulto para responder y para crear una memoria de su entorno y de sus experiencias.

 

Un ejemplo de esto es el estudio de Miller y colaboradores, cuyo resultado demuestra que la metilación o silenciamiento de genes específicos ayuda a mantener la memoria y puede servir como marcador de la traza de memoria; estas modificaciones genéticas se desencadenan por una experiencia de aprendizaje y permanecen como una señal perdurable, utilizada por el cerebro para preservar la memoria remota. 

 

La epigenética contribuye también a explicar cómo los estresores en la adultez alteran el cerebro y el comportamiento, y no sólo eso, la desregulación de estos mecanismos se asocia con la disfunción cognitiva y alteraciones psiquiátricas, en las que un ambiente social adverso pareciera modificar la expresión génica, pues constituye un factor determinante para generar una pobre salud mental que puede propiciar enfermedades como esquizofrenia, depresión, estrés post-traumático, anorexia nerviosa o abuso de substancias, entre otras. 

 

Como ya se mencionó previamente el patrón epigenético se hereda. Un ejemplo interesante es la población que nació y vivió estrés psicológico y nutricional durante la Segunda Guerra Mundial. No solamente presentó diferencias importantes en el patrón epigenético cuando se le comparó con personas que nacieron al mismo tiempo pero en mejores condiciones; pues el primer grupo mostró mayor propensión a padecimientos como diabetes, obesidad, esquizofrenia y enfermedad coronaria; además transmitió el estrés relacionado con la guerra a sus descendientes, quienes a su vez, fueron más vulnerables a desarrollar trastornos asociados al trauma, como el síndrome de estrés post-traumático.

 

La investigación sobre la influencia de los factores epigenéticos y la conducta es muy prometedora, no obstante falta mucho por recorrer. Por ejemplo, hay que entender que la interacción entre la epigenética y el ambiente es considerablemente más compleja de lo que actualmente podemos estudiar, ya sea en modelos animales o mediante el análisis de patrones epigenéticos humanos en genes de ejes específicos del sistema nervioso central. Sin embargo, conforme se obtenga un mejor conocimiento de aquellos factores que determinan un fenotipo psicopatológico, podremos detectar y evitar experiencias de manera temprana para influir en el comportamiento y mejorar la salud mental de nuestros niños y adultos.

 

Mirelle Kramis Hollands

Egresada de la Facultad de Medicina de la Universidad La Salle, Maestra en Ciencias de la Salud por el IPN y especialista en Genética Médica por la UNAM. Enlace médico científico para división de Enfermedades Raras y Oncológicas de Pint-Pharma México, editor asociado para la revista Clinical Case Reports de Editorial Wiley y profesora titular del curso de Genética en la UNAM.

dra.mirellekramis@yahoo.com

Please reload

Artículo de la semana

El humano y la naturaleza: una verdad incómoda

1/1
Please reload

Artículos recientes
Please reload

Secciones
Archivo