El continente superviviente: África, deuda y descolonización

01/05/2019

Incomprensión.

 

Desde el punto de vista de algunos teóricos, hablar de África es hacerlo de incomprensión. También de exclusión. Cuando hablamos de África no hablamos simplemente de pobreza, lo hacemos de exclusión social a nivel global; el continente se considera casi invisible dentro del entramado de las Relaciones Internacionales y no participa de manera activa dentro de las relaciones comerciales (Barbé, 1995).

Algunos pueden llegar a pensar que África necesita incluso de una revolución cultural. Eso es, quizá el problema no haya sido de los colonos, sino de los africanos y de su hecho diferenciador que no les ha permitido avanzar en el camino correcto (Smith, 2004). Pero, aun así, con teorías de dedo apuntador de culpables y haciendo justicia no sólo a un continente, sino a la historia, recordamos el pasado glorioso de un África que alberga ciudades como Fez en donde se encuentra la universidad más antigua del mundo.

 

África no sufre de falta de revoluciones culturales. Y si lo hace, estas deben nacer del pueblo, porque las revoluciones se generan, no se imponen.

 

Quizás muchos consideren que muere. Para otros muchos, donde me incluyo, no hay continente más superviviente.

 

Millet (2008) propone tres causas por las que el continente se ha endeudado:

 

  • Durante los años 60 la banca occidental rebosa de capitales. Estos, que eran eurodólares, procedían de los préstamos americanos destinados a la reconstrucción europea. Esta situación, unida a los petrodólares surgidos tras la crisis del petróleo, inyectaron una gran cantidad de capitales en el mercado y los países africanos apostaron por esta medida de financiamiento.

  • Por otro lado, la crisis del petróleo trajo consigo una crisis europea después de 30 años de crecimiento económico. Los países del Norte buscaron salida a sus manufacturas, proponiendo comprar a los países del Sur mediante créditos productos producidos en el Norte. Fue el comienzo de la ayuda ligada. De este modo se subvencionaba a las empresas del Norte mientras que África pagaba los intereses.

  • Por último, los organismos internacionales, seas el Banco Mundial o el Fondo Monetario Internacional, se pusieron en marcha con sus planes de equilibrio macroeconómico sin tener en cuenta las posibles consecuencias sociales y con unas políticas marcadamente geoestratégicas. La deuda externa privada alcanzó los 38000 millones de dólares en los años 80, la deuda bilateral los 36000 millones y la parte multilateral alcanzó los 155000 millones, a pesar de que estas deudas eran inexistentes en los años 60.

 

Todo esto, unido a la conocida “revolución verde” basada en una serie de créditos que se destinaron a la producción de un sistema agrícola favorable a los intereses del Norte y a la producción de una serie de obras faraónicas que dejaron una ristra de impactos medioambientales, propiciaron el caldo de cultivo para que el Norte siguiera maniatando al continente con la complicidad nada disimulada de numerosos gobiernos africanos que sin rechistar se embolsaban cantidades desdeñables.

 

A nivel teórico, el proceso histórico en que se vio inmiscuida África, condujo al continente a la periferia del sistema. Desde el punto de vista de la teoría de centro-periferia, África se quedó fuera de las plazas de primer nivel. El legado colonial dejó un continente con estructuras productivas muy debilitadas, basadas en la producción primaria, que se enfrentaron constantemente a unos términos reales de intercambio fluctuantes. Esta situación unida a la propagación de una teoría desarrollista basada en el desarrollo económico como un todo o nada, condujeron al continente a elaborar estrategias marcadas por la comunidad internacional y favorables a la exportación. De este modo se rompió con cualquier posibilidad de protección empresarial y desde los años 70 las crisis del Centro propiciaron una reducción considerable de la demanda de productos primarios al continente.

 

En este sentido los países centraron sus esfuerzos en la producción de monocultivos y explotación de crudo. El mercado se inundó de oferta de productos, lo que produjo a posteriori la caída masiva de los precios de los mismos a nivel internacional. Esto unido con la subida unilateral de los intereses por parte de Estados Unidos hundió a África en una crisis difícil de superar.

 

Igualmente, es necesario que destaquemos que el problema también surge del pillaje que se produce sobre los recursos internos del continente. Lokwood (2007) establece que África es un país extremadamente rico en recursos. No se puede establecer que África no genere la suficiente riqueza, a pesar que la pobreza empiece a contemplarse como algo congénito. El problema radica en que la mayor parte de los capitales internos africanos se desvían al exterior. A principios del siglo XXI, se estima que el 70 por ciento de las riquezas en capital del continente se desvían a operaciones externas, representando el mismo porcentaje del PIB y estando estrechamente ligado con el problema de la deuda. De cada dólar que entra en concepto de préstamo, ochenta céntimos van a las arcas del Norte.

 

Hablar de la pobreza en África es hablar de la deuda externa. África y, concretamente, África Sub-Sahariana, no es el continente más endeudado; ahora bien, la deuda supone el 50 por ciento del PNB de la región; la mitad de las riquezas del continente están hipotecadas por la deuda.

 

Quizás muchos consideren que el continente se muere. Para otros muchos, donde me incluyo, no hay continente más superviviente.  Ahí siguen, peleando, tras más de 50 años en una crisis constante. ¿Tendríamos los europeos esa capacidad de sacrificio? Nunca lo sabremos; no porque no pueda sucedernos, sino por que nosotros tenemos más rostro y poca gente deja morir a quien conoce.

 

África no muere. África debe empezar a existir.

 

Fuentes consultadas

 

Barbe, E. (1995). Relaciones Internacionales. Tecnos, Madrid.

Millet, D. (2008). África sin deuda. Icaria, Barcelona.

Lockwood, M. (2007). El Estado de África: Pobreza y políticas en África y la agenda para la actuación internacional. Intermón Oxfam, España.

 

*Artículo publicado originalmente en la revista Pensamiento Libre Año 3, Núm. 16, noviembre-diciembre 2012, “África: el continente olvidado”.

 

Maestra en Cooperación al Desarrollo, Universidad Jaime I de Castellón.

Directora Ejecutiva de Wikimedia Argentina.

anna_torres83@hotmail.com

 

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