Desplazamiento forzado, el destierro perpetuo

Analizando los tres grandes sismos de la historia contemporánea con relación al fenómeno de la migración, no es posible pasar por alto dos características que parecen ser inherentes a los grandes movimientos de población de nuestro tiempo. La primera es la relación de absoluta dependencia entre los grandes flujos migratorios y el desarrollo del sistema capitalista y de libre mercado.

Desde el primer gran flujo migratorio de esclavos demandado por la Revolución Industrial, a mediados del S.XIX, para la extracción de los recursos naturales de las colonias; seguido por el periodo de post-guerras, donde se gestaba la nueva división internacional de trabajo y la nueva tecnología volvía a exigir los grandes desplazamientos de población; hasta los grandes flujos migratorios, de finales del S.XX y principios del XXI, que el triunfo del sistema de libre mercado y el proceso de globalización han motivado, la relación entre la migración en masa y el desarrollo del sistema económico han ido de la mano.

 

El segundo rasgo que acompaña al fenómeno de la migración contemporánea durante toda su trayectoria es la violencia. Los cuerpos jurídicos que regulan los flujos migratorios siguen estando exclusivamente en manos de cada Estado, por lo que los intereses del inmigrante continuamente son menoscabados en beneficio de los intereses de los nacionales. Desde esta visión se generaliza la imagen del inmigrante como un invasor, una amenaza a la moral, la paz y la seguridad pública; o bien, representa una necesidad más del sistema para generar beneficios económicos. El inmigrante es entendido como un sujeto que no posee la titularidad de algunos derechos y libertades individuales, el grado de dicha ausencia depende de la regulación interna de cada Estado.

 

Ya desde que los sistemas de poder que sustentaban la esclavitud, hasta los nuevos tipos de violencia contra el extranjero que se fomentan hoy día, el migrante siempre ha estado inmerso en una situación de profunda vulnerabilidad, víctima de la exclusión y discriminación, despojado e incapacitado para acceder a distintos tipos de protección legal que le corresponden como individuo, y que en la teoría le son inalienables.

 

No obstante, la migración es un fenómeno que ha logrado derribar todo tipo de fronteras, enriquecer la diversidad cultural, y ser un factor fundamental para el desarrollo y progreso humano del que algunos grupos sociales se jactan.

 

Sin embargo, la sociedad, en general, parece no percibir el valor del inmigrante. Muy al contrario, la inmigración es vista como un problema. El discurso político, en repetidas ocasiones, juzga al inmigrante como un invasor en busca de oportunidades y trabajo ajeno, dispuesto en todo momento a atentar contra el orden y los valores sociales, un individuo pobre que no tiene nada que aportar a la sociedad de acogida. El fenómeno de la migración es visto como algo no deseable, una visión que pretende presentar el fenómeno migratorio como un problema de conflicto de intereses entre el nacional y el inmigrante, y no como una situación de cambio, progreso y adaptación inevitable.

 

La migración es un tema de gran importancia dentro de la agenda internacional, debido al gran incremento de los flujos migratorios a lo largo de los últimos años. Y aunque es muy difícil estimar la cifra exacta de migrantes, organizaciones como la OMM estiman que en el mundo hay alrededor de 200 millones de personas que viven fuera de su lugar de nacimiento, es decir, una cifra mayor que la que corresponde a la población total de Brasil.

 

Sin embargo, el grado desigualdad y exclusión que la sociedad ha alcanzado en las últimas décadas, mezclado con el sentimiento de odio y miedo que los medios de comunicación y la clase política atizan sin preocupación ahí donde el ambiente es propicio, ha provocado nuevos tipos de extrema violencia. El grado extremo de la desigualdad ha desarrollado un nuevo tipo de esclavitud, que se manifiesta en algunas zonas de América Latina, Asia y África. Según informes del CICR, en la República Democrática del Congo, los niños que son reclutados para hacer trabajos forzados en las minas de coltán tienen un promedio de vida no mayor a los 6 meses.

 

Y por el otro lado, el grado extremo de exclusión provoca la limpieza étnica, del que actualmente se conocen más de una veintena de casos, comenzando con el conflicto de los Balcanes o el eterno conflicto en África Central.

 

Este nuevo tipo de situaciones y violencia extrema se gesta en conflictos armados y disturbios internos, violación masiva de los Derechos Humanos y otros, por lo general, en países o regiones sumidos en profunda pobreza, y crea grandes flujos de migración, tanto al interior de los Estados en conflicto como flujos migratorios supra-territoriales.

 

Los emigrantes que se ven forzados a desplazarse de su lugar de nacimiento a otra ubicación dentro del mismo territorio por motivo de amenaza, violencia o un clima grave de inseguridad, se les denomina desplazados forzados internos. Cuando el emigrante que ha dejado su lugar de origen traspasa fronteras internacionales, el sistema internacional de protección de los derechos humanos obliga al Estado receptor a proporcionar ciertas garantías jurídicas de protección a la persona desplazada; dicha herramienta jurídica se denomina estatus de refugiado. Desde luego, la decisión de otorgar o no el estatus de refugiado es competencia exclusiva del Estado que acoge al inmigrante, y cuando el Estado rechaza otorgar dicho estatus, el refugiado, o desplazado, no es más que un inmigrante ilegal más, y su vida vuelve a correr peligro.

 

El Informe 2006 del ACNHUR reporta que en el mundo hay alrededor de 24.5 millones de desplazados repartidos en 52 países, cifra que equivale a más del 10% del total de los migrantes en el mundo. La diferencia con esta décima parte de la migración radica en que los emigrantes no decidieron cambiar dirección debido a una estrategia económica, sino que se vieron obligados al ver gravemente amenazada su vida y la de su familia.

 

Uno de los grandes problemas del desplazamiento forzado es que muchas de las personas que dejan su hogar a causa de la violencia, nunca más podrán regresar. Ya sea porque la persona no es capaz físicamente de enfrentarse al largo y peligroso camino hacia lugares más seguros, lo que muchas veces representa atravesar grandes extensiones de territorio inhabitado o controlado y custodiado por sus perseguidores, y encuentra la muerte antes de alcanzar su objetivo; o su destierro se debe a que la forma en que la persona fue expulsada le ocasionó un estigma tal que su comunidad será incapaz de perdonar o aceptar al individuo nuevamente.

 

Este tipo de destierro desde el interior de la propia comunidad a la que el individuo pertenece se debe a que constantemente los desplazamientos están relacionados con algún suceso violento que hace partícipes activos a los mismos miembros de la comunidad, como en el caso de la leva de niños soldado. Organizaciones como Amnistía Internacional han recabado testimonios en los que se relata como el niño reclutado por la fuerza es, en muchas ocasiones, obligado a atentar contra la vida o integridad de los miembros de su propia comunidad, frente a la mirada de familiares, vecinos y conocidos, lo que provoca, cuando el conflicto acaba o disminuye de intensidad, el rechazo y repudio de aquellos contra quienes hubo de lastimar o amenazar, siendo imposible la reinserción a la comunidad que le vio partir.

 

Otro ejemplo del destierro perpetuo ocurre en el caso de las mujeres que han sido violadas o ultrajadas en el conflicto o disturbios internos. Muchas de las sociedades sumidas en conflictos sociales violentos siguen siendo sociedades altamente patriarcales, y las mujeres que han sufrido violación o atentando contra su honor y pudor, son rechazadas y, en muchas ocasiones, expulsadas por la misma comunidad.

 

Los desplazamientos forzados son un gravísimo problema social a nivel global, ya que la estructura familiar y social desaparecen de tal modo que parece no quedar terreno fértil que permita la construcción de un nuevo tejido social. Las pérdidas que el desplazamiento forzado deja son inestimables, tanto en recursos económicos como en vidas humanas, cultura o futuro alguno.  

 

El desplazamiento forzado es una de los perfiles más obscuros y dramáticos del fenómeno de la migración, y los inmensos flujos migratorios por desplazamiento forzado ponen de manifiesto la imperante urgencia de dedicar recursos y esfuerzos para resolver el problema.

 

Actualmente se conocen distintas opciones que permitirían mejorar la situación de millones de personas que se encuentran en una situación de desplazamiento forzado, proporcionando cuerpos jurídicos eficaces capaces de proteger los derechos y libertades más básicos, incluso en tiempos de conflicto armado. Sin embargo, una vez más, la voluntad y compromiso político internacional, al mismo grado que nacional, es incapaz de dirigir esfuerzos para la creación de sistemas efectivos de protección para los individuos que se ven envueltos en situaciones de peligro y vulnerabilidad, siempre anteponiendo los intereses económicos por sobre cualquier otro valor.

 

*Artículo publicado originalmente en la revista Pensamiento Libre Año 1, Núm. 2, julio-agosto 2010, “Las sociedades a través de los pasos”.

 

Maestro en Derechos Humanos por la Universidad Carlos III de Madrid.

Coordinador de la sección de Cooperación al Desarrollo de la revista Pensamiento Libre (2010 a 2015) y Director general de la Fundación Pensamiento Libre A.C. (2013 a 2015).

 

 

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