Nuevas epidemias: costo social del movimiento antivacunas

06/03/2019

En materia de Salud Pública y Epidemiología, uno de los temas más mencionados en los últimos años es el de la influencia de los grupos antivacunas en la población y el daño que han provocado en la salud a nivel mundial. La vacunación es una de las formas más rentables de evitar la enfermedad: previene de 2 a 3 millones de muertes por año y podría evitar otros 1,5 millones si se mejora la cobertura mundial.

En este año la Organización Mundial de la Salud (OMS), publicó las 10 principales amenazas a la salud en 2019, entre las que destaca el tema, “Dudas sobre las vacunas”, que ya sea por renuencia o rechazo, amenaza con revertir el progreso alcanzado en la lucha contra las enfermedades prevenibles por vacunación. La OMS recomienda que los trabajadores de la salud, en especial los del primer nivel de atención, reciban apoyo para proporcionar información confiable sobre las vacunas, ya que ellos son los asesores más confiables e influyentes en este tipo de decisiones.

 

Desde inicios de la vacunación han existido grupos que tratan de refutarla o atacarla pese a que su efectividad está científicamente comprobada; sin embargo esto ha tomado mucha fuerza tras la publicación de Andrew J Wakefield en The Lancet, en la que describía una supuesta relación entre el autismo y la vacuna contra Sarampión, Rubéola y Parotiditis (SRP) mejor conocida como triple viral; sin embargo, se demostró que era un completo fraude ya que se falsificaron los datos.

 

En macroeconomía el costo social se define como el beneficio que deja de percibir la sociedad por la ejecución de una determinada actividad proveniente del Estado, o de los particulares; si adaptamos esta definición a la vacunación y los grupos antivacunas, a mi parecer, la respuesta es bastante clara: incremento en el número de casos y defunciones por enfermedades prevenibles con vacunación. Las enfermedades infecciosas se clasifican, desde el punto de vista epidemiológico, en emergentes y reemergentes; estas últimas son las que se consideraban en control, en descenso o casi desaparecidas, y que por alguna razón se vuelven a considerar como una amenaza para la salud pública.

 

Sarampión

 

El ejemplo más claro de las consecuencias de los grupos antivacunas es el incremento del sarampión, ya que de manera particular se conjuntan dos puntos esenciales: el alto nivel de contagio del virus, pues comienza a trasmitirse cuatro días antes de que se presenten lesiones en la piel; así como una escasa coberturas de vacunación, lo que se traduce en un mayor número de personas susceptibles a infecciones.

 

Esta enfermedad conlleva complicaciones graves como neumonía y encefalitis, incluso puede causar la muerte. La baja cobertura de vacunación favorece su diseminación en diferentes regiones del mundo: África, Asia, Europa y Oceanía; de estos casos se identificó que 84 por ciento no tenían antecedente vacunal. En 2018 doce países de América registraron casos de sarampión, y para 2019 seis naciones lo confirmaron: Brasil, Canadá, Chile, Colombia, Estados Unidos y Venezuela.

 

Desde 2010 se han registrado 2 mil 037 casos en Estados Unidos, 2017 fue el año de mayor incidencia con 667 y en lo que va de 2019 se han confirmado 79 contagiados. El Centro para el Control y la Prevención de Enfermedades, CDC por sus siglas en inglés, postula que este incremento se debe a dos razones, el incremento de viajeros que visitan ese país y que tienen sarampión en el momento del viaje, y el número de habitantes locales que no están vacunados.

 

Influenza

 

A pesar de que la influenza no se relaciona completamente a los grupos antivacunas, vale la pena comentarlo, ya que existe mucha mala información acerca de la vacuna provocada por el desconocimiento sobre este biológico.

 

Esta vacuna es distinta cada año, pues en su producción se utiliza la información que cada país miembro de la OMS proporciona sobre las principales cepas del virus que circularon en la temporada anterior, es decir, las vacunas son actualizadas de manera que coincidan con los virus en circulación; existen tres cepas; influenzas A, “A-H1N1” y  “A-H3N2” e influenza B.

 

Durante la semana epidemiológica, en nuestro país se notificaron 4 mil 116 casos de esta enfermedad.

 

La idea de que la vacuna favorece el desarrollo de la enfermedad es errónea; la vacuna no está creada por virus vivos o atenuados, sino por una parte de los virus necesarios para producir anticuerpos, es imposible que produzca infección. Conviene considerar que dos semanas después de la vacunación todavía existe susceptibilidad a los virus, por lo cual existe el riesgo de contagio y enfermedad.

 

El sarampión y la influenza no son las únicas enfermedades involucradas en el tema de los grupos antivacunas; la primera se combina con rubéola y parotiditis, así que probablemente se incremente su incidencia. Tampoco estos grupos son los únicos factores que obstaculizan la vacunación, conflictos sociales y armados al interior de los países también dificultan la aplicación.

 

Lejos de buscar el beneficio de la población, los grupos antivacunas ponen en riesgo la salud pública, gracias a su influencia aumentó el número de personas susceptibles a enfermedades prevenibles con una vacuna; argumentan que hay muchas personas que nunca se han vacunado y gozan de salud, sin embargo no consideran que no se ha presentado el contagio porque la mayoría de personas con quienes conviven, si están vacunadas.

 

Como comenté en el artículo, “Grupos antivacunas: mala información para los padres”, de 2018; los actores de la salud pública mundial dirigen la mirada hacia México por su excelente programa de inmunización, considerado como uno de los más completos internacionalmente.

 

Es un gusto volver con ustedes a través de este artículo sobre la importancia de la vacunación, los invito a no dejarse llevar por la mala información difundida por los grupos antivacunas. Con este texto busco generar en los lectores una cultura de prevención a través de la vacunación, promover la difusión responsable de la evidencia científica que aporte la mejores herramientas que ayuden a decidir sobre la salud.

 

También pretendo que trabajadores de la salud desarrollen el compromiso de educar responsablemente a los pacientes, a sus propios compañeros y a los estudiantes, pues considero que es nuestra responsabilidad capacitar personal de salud calificado para atender a la población. Facultades y escuelas de medicina deben desarrollar el perfil profesional de acuerdo a las necesidades de salud de la población, no por lo que esté de moda o genere mayor remuneración, ello permitirá ver la salud desde manera diferente, desde el punto de vista preventivo.

 

Fuentes consultadas

 

Organización Mundial de la Salud, “Diez cuestiones de salud que la OMS abordará este año”, 2019.

 

Dirección General de Epidemiología, Secretaria de Salud. “Aviso preventivo de viaje e información para viajeros a Brasil, Canadá, Chile, Colombia, Estados Unidos y Venezuela, ante los casos de sarampión.” 2019.

 

Dirección General de Epidemiología, Secretaria de Salud. “Información relevante de influenza.” 2019.

 

Centers for Disease Control and Prevention, “Measles cases and outbreaks”. 2019.

 

S. Rao, C. Andrade, (apr-jun 2011) “The MMR vaccine and autism: Sensation, refutation retraction and fraud”.

 

Dr. Oscar Sosa Hernández

Médico especialista en Epidemiología.

Alta especialidad de Epidemiología Hospitalaria y Control de Infecciones.

 

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