La “seguridad” que otorga la ignorancia: movimiento antivacunas

05/03/2019

En muchas ocasiones se presentan escenarios donde un individuo o un grupo de personas asumen una actitud intransigente, con la que muestran que su carencia de conocimiento no es menor, en otras palabras, hacen evidente su gran ignorancia; hay quienes tratan de justificarles al decir que su postura es producto de la falta de oportunidades y de acceso a ciertos medios, es decir, el entorno socioeconómico y cultural, que les permitan obtener conocimiento e información.

 

Seguramente esa justificación explicaría muchos casos, lo preocupante es que muchos de estos grupos empecinados en posturas extremas, son renuentes a escuchar y aceptar información o argumentos que les demuestren que no tienen razón. Dicho de otra forma, se niegan a aprender.

 

Tal descripción se ajusta perfectamente a lo que ocurre actualmente con el movimiento antivacunas. Muchos de sus seguidores no tienen la disposición para aceptar los hechos: solamente en el caso del sarampión se estima que entre 2000 y 2016, la vacuna contra esta enfermedad evitó alrededor de 2.4 millones de muertes, según indicó la Organización Mundial de la Salud (OMS), en 2018.

 

Como fenómeno evolutivo cultural, la vacunación tiene una gran peculiaridad, pues no se trata solamente de una costumbre o de un valor que haya surgido en un momento determinado y se haya mantenido o perpetuado; además de ello, tiene la característica de incidir directamente en la biología, pues permite la prevención de muchas enfermedades potencialmente mortales y además confiere protección no sólo al vacunado, sino a quienes se encuentran cerca de él.

 

En ese sentido, acciones como la vacunación son exactamente las deseables: producto del ingenio del hombre en beneficio propio y de su entorno. Sin embargo, quienes se oponen a ella no lo ven así; al contrario, plantean regresar a lo natural y esgrimen este argumento como una convicción en su forma y estilo de vida. Nada más equivocado: natural no es sinónimo de saludable. Es cierto que en la actualidad estamos expuestos a muchos productos sintéticos, aún se desconocen los efectos que algunos de ellos producen en la salud, y en otros se ha demostrado que son potencialmente dañinos; pero en el caso de la vacunación, volver a lo natural, o sea, suprimir la vacunación, plantea un retroceso que atenta contra la vida de quien no recibe la inmunización y de quienes le rodean, no sólo sus familiares y personas que viven en su círculo cercano, sino a todos los miembros de su comunidad.

 

Para cuestiones técnicas y científicas, por no decir para todo; frases como “El pueblo es sabio”, resultan además de falsas y erradas, demagógicas. No es ético dejar decisiones como la vacunación a personas que desconocen el impacto de una elección incorrecta. Por ello, es de suma importancia que la población conozca la trascendencia de la inmunización. Transmitir dicha idea puede resultar un verdadero desafío pues prácticamente se trata de un bien intangible; si bien los anticuerpos desarrollados con la vacunación son tangibles, el vacunado no los ve, es más “fácil” que reconozca su función cuando no están, es decir, cuando la omisión de la vacuna facilitó el desarrollo la enfermedad. Como el consumidor que sólo reconoce la importancia de un seguro después de que el siniestro ocurrió y su bien no estaba asegurado.

 

En pocos países se ha investigado directamente lo que piensa la gente de la vacunación, lo que pudo verse fue el impacto de la no vacunación. Sin embargo, en Canadá el Instituto, Angus Reid, una organización sin fines de lucro que realiza investigaciones y encuestas de opinión sobre temas importantes para los canadienses, publicó los resultados de una encuesta en la que 70 por ciento de los encuestados está de acuerdo con que la vacunación sea obligatoria, mientras que otro 24 por ciento afirma que debe ser decisión de los padres, por su parte 7 de cada cien participantes no tuvieron una postura definida.

 

Las cifras muestran que prácticamente un tercio de la población es blanco de convencimiento. Es decir, la difusión de información para convencer a ese porcentaje debe continuar. Lamentablemente en México no tenemos datos que permitan conocer información similar, pero es un hecho que a pesar de contar con uno de los sistemas de vacunación más eficaces del mundo, la tarea restante no es poca.

 

Además, es totalmente cierto que la resistencia a la vacunación no sólo es producto de la ignorancia, por lo que difundir información no debe ser la única estrategia para convencer de su importancia. Existen otros factores como los religiosos o los morales que juegan un papel preponderante.

 

Por ello, además de datos requerimos empatía, pues eso nos permite hacer de la diferencia una virtud.

 

Fuentes consultadas

 

1. Korzinski, D. “Vast majority of Canadians say vaccines should be mandatory for school aged kids”. 2019. Angus Reid Institute [online].

2. Sarampión. OMS. https://www.who.int/es/news-room/fact-sheets/detail/measles

 

Vicente Camacho Téllez

Médico por la Universidad La Salle, A.C.

Especialista en Neuropsicología Clínica por el ISEP, Barcelona, España.

Maestro en Ciencias (Neurobiología) por el INB, UNAM, Campus Juriquilla.

vicentct@hotmail.com, @VICATEL

 

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