Los Pinos para todos: de lo simbólico a lo histórico.

Enclavado en el emblemático Bosque de Chapultepec, gran reserva ambiental del poniente de la Ciudad de México, una ex hacienda porfirista fungió por cerca de ocho décadas como residencia oficial del Titular del Poder Ejecutivo Federal, espacio donde lo mismo despachaba las actividades gubernamentales o celebraba actos públicos relevantes, adicionalmente el presidente en turno vivía con su familia y realizaba en su interior su vida cotidiana, incluyendo aquellas actividades de ocio y esparcimiento en fines de semana o temporadas vacacionales.

Por su amplios jardines, casonas residenciales y salones de eventos, doce familias presidenciales transitaron desde los años treinta hasta el pasado noviembre de 2018, con la única excepción de la familia del presidente López Mateos, quienes conservaron su domicilio particular en San Jerónimo, dejando la residencia oficial como sitio para actos y espacio de hospedaje a visitantes extranjeros. Lugar por lo tanto rodeado de seguridad, control y un halo de secretismo, natural para todo sitio público donde se desarrollan actividades de trascendencia y que, por lo mismo, se revisten de expectación y deseos de conocerlo, dado lo limitado de su acceso.


Esta evidente expectación se volvió discurso político en la pasada elección presidencial con el discurso del candidato puntero, quien rechazó vivir en ese sitio para convertirlo en recinto cultural, complementario a los ya existentes en la zona de Chapultepec; tema que despertó intereses mediático y que el pasado 1 de diciembre se materializó de forma expedita, el mismo día de la toma de protesta de Andrés Manuel López Obrador como presidente de México, al abrirse la ex residencia oficial al público durante la misma mañana, permitiendo que visitantes recorrieran sus áreas verdes, ingresaran a las casas y oficinas, que ahora deshabitadas, servían para conocerles, llegando a extremos de visitar vestidores, recamaras y cocinas.


Este simbólico acto, que busca emular al presidente Lázaro Cárdenas, creador justo de la residencia de Los Pinos, al no vivir en el Castillo de Chapultepec (antigua morada de los presidentes), representa más allá del suceso un deseo de mostrar una ruptura con el pasado inmediato, marcando distancia con sus predecesores y abriendo de par a par las grandes rejas, que con expectación y una dosis de morbo, muchos visitantes deseaban conocer. Reitero un acto simbólico a la par de la asunción presidencial, que se inscribe en el uso constante y reiterado que el nuevo Gobierno de México desea realizar entorno a la figura del presidente y su gusto particular por los lazos con la historia nacional.


Sin embargo, surgen evidentes dudas sobre el futuro del inmueble como complejo cultural, desde su vocación artística y cultural, los usos futuros, las propuestas museográficas y curatoriales, el personal responsable, las labores de mantenimiento y desde luego el presupuesto para su remodelación, operación futura y conservación, todos flancos aún sin definirse, que requerirán claridad para hacer de este un espacio que pase del morbo inicial, a un recinto cuya oferta resulte atractiva, que genere públicos y enriquezca una zona de suyo llena de oferta cultura y de entretenimiento.


Lo positivo de este suceso, tiene frente de si, a mi parecer, una parte no del todo halagüeña, ya que al dejar Los Pinos de ser la sede cotidiana del titular de ejecutivo federal, esta regresa al histórico Palacio Nacional, llenando de nueva cuenta sus salones, estancias y oficinas del personal de la presidencia de la República, la cual se suma a la presencia de diversas dependencias, que a la fecha despachan en el Palacio, destacadamente la Secretaría de Hacienda. Lo que inevitablemente trastoca la operación cotidiana de un inmueble, que enclavado en la conflictiva zona del Centro Histórico, deja de ser un espacio ceremonial y de protocolo, para regresar, como lo fue desde la Colonia, y por buena parte de nuestra vida como país, la sede de la oficina del presidente, donde despacha, se reúne y dirije los destinos de México.


Lo anterior desde la lógica de los simbolismos de este nuevo gobierno, es una muestra más de su aprecio por el pasado en todas sus dimensiones, sin embargo, su uso de nueva cuenta como oficinas públicas, conlleva la perdida inevitable de la posibilidad de visitarle en libertad, para apreciar el recinto cargado de un valor histórico de cinco siglos, generando una paradoja preocupante, ya que mientras se abren los jardines y casas de mediados del siglo XX a los ojos de nuevos visitantes en la ex residencia de Los Pinos, el edificio más simbólico del ejecutivo permanece cerrado, especialmente las áreas de protocolo presidencial donde se ubica el despacho y salón de acuerdos del presidente, a la vez que las áreas hasta ahora públicas, como la zona de murales de Rivera, la galería nacional, el recinto homenaje a Juárez, su jardín botánico y el recién inaugurado museo histórico, que verán trastocados sus horarios de visitas por el evidente regreso a su uso como oficina gubernamental. Sin mencionar el desgaste que la antigua tesorería de la federación, hoy Salón Guillermo Prieto, sufrirá por su desarrollo día tras día de las conferencias matutinas donde cientos de periodistas y funcionarios ocupan cotidianamente este hermoso salón como sala de prensa.


Esto pasa desapercibido, el énfasis del nuevo gobierno por abrir Los Pinos, dejo de lado la oportunidad histórica de mostrar, como sólo sucedió durante algunos meses en el marco de los festejos del Bicentenario de la Independencia en 2010, prácticamente la totalidad del Palacio Nacional, especialmente las áreas de protocolo, que de suyo son sitios históricos y estéticos de gran valor, destacándose sus salones de recepciones, denominados por colores acorde a su tapicería, obra del arquitecto Antonio Rivas Mercado, la galería de gobernantes y personajes históricos ubicada en los corredores en torno al patio de honor así como en los mismos salones, el despacho presidencial desde el cual gobernaron desde Porfirio Díaz, hasta Luis Echeverría, el salón verde de acuerdos donde se ubica la silla presidencia, en cuyos muros y mobiliario aún es posible ver las huellas de las balas que en su interior se dispararon durante la Decena Trágica en 1913; el gran comedor para visitas de Estado, el moderno, para su época, elevador y el esplendido salón de embajadores, donde año con año se celebra la tradicional ceremonia del Grito de Independencia, cuyo sitio más representativo es el balcón central, desde el cual se materializa esta emocionante ceremonia patria.


Preocupados por la salvaguarda de este recinto, que en su interior conserva también vestigios del mundo prehispánico y cuyos espacios deben protegerse para su conservación, debe ser motivo de alarma su uso como oficinas públicas, con todo lo simbólico que represente, atente contra la posibilidad, como sucedió en el Castillo de Chapultepec al volverle museo, de conocer en todo su esplendor el inmueble más importante del gobierno federal, testigo de la historia nacional por siglos, que en sus muros, corredores, despachos y salones reúne la historia viva de México. Quedándonos por apostar a lo simbólico al abrir Los Pinos, de dar un paso histórico, como sucede en otras latitudes, tal es el caso del Palacio Real de Madrid, más joven en su edificación que el nuestro, que es visitable como museo, salvo cuando existen actos protocolarios. Dejándonos como opción recorrer antiguas recamaras, oficinas modernas, escalinatas recientes y jardines amigables, pero que en conjunto no reviste ni en una mínima parte la trascendencia cultural, artística e histórica del Palacio Nacional. Una oportunidad perdida cuyo desenlace es incierto y las pérdidas por desgaste y uso constante sin duda dejarán huellas difíciles de reparar. Un uso simbólico de los inmuebles que no da el paso histórico que debiera dar para permitir a las generaciones futuras conocer y reconocer uno de nuestros mejores ejemplos de arquitectura civil, política e histórica.


Pedro Daniel García Muciño

Maestro en Derecho por la Universidad Autónoma del Estado de México

Presidente fundador de la Fundación Ideas Libres A.C. (2006)

Primer Director del Instituto Municipal de Cultura y Arte de Toluca (2013)

Convencido de la importancia del arte y la cultura como motor de la sociedad.

@PedroDanielGM

Artículo de la semana
Próximamente habrá aquí nuevas entradas
Sigue en contacto...
Artículos recientes
Secciones
Archivo

Revista Pensamiento Libre "Por la libre comunicación de las ideas" ®