Llevar al aula el modelo educativo en tiempos de cambio. El quid de la cuestión

El año pasado escribí sobre el modelo educativo para la educación obligatoria frente a la llegada de un nuevo partido político al poder. Titulé mi texto “¡Va caer, va caer, el Modelo Educativo va caer!”, porque echar abajo el modelo representaba la voluntad o el rechazo del magisterio, dadas sus implicaciones laborales y pedagógicas para el ejercicio de la profesión docente. Dicen que “para muestra basta un botón” y respecto a estas implicaciones aludiré a un ramillete: por ejemplo, en cuanto a lo laboral, habría que considerar lo que trae consigo la implementación del programa de escuelas de tiempo completo, el ejercicio de la autonomía curricular para la gestión escolar y el trabajo docente, así como el impacto que tienen en la relación contractual de los profesores, ya ni se diga la evaluación de su desempeño sea cual fuera el modelo que se proponga. El aspecto pedagógico supone poner en práctica la propuesta de los clubes escolares o la operatividad de los lineamentos para la evaluación de los aprendizajes esperados; acreditación, regularización, promoción y certificación de los egresados de la educación básica en concordancia con el Acuerdo Secretarial número 12/05/18 por el que se establecen las normas generales. Lo anterior sólo por mencionar dos aspectos, los más relevantes según mi propio juicio.


Al parecer el Estado mexicano continuará con la rectoría de la educación en lo que respecta a la facultad de definir el currículo nacional. También parece que el planteamiento curricular se enriquecerá si se aprueba el decreto de reforma al artículo tercero constitucional, aunque sus alcances aún son poco claros o todavía no se conocen bien a bien las posibles modificaciones curriculares. En el sexto párrafo de esta iniciativa enviada a la Cámara de Diputados, se señala textualmente que “la educación que se imparta en el país, deberá incluir en sus planes de estudio la promoción de valores, el conocimiento de la historia, la geografía, la cultura y las lenguas originarias de nuestro país, así como la activación física, el deporte, las artes, en esencial la música, las diversas manifestaciones culturales, y el respeto al medio ambiente”. De acuerdo con lo anterior me surge la pregunta, ¿el modelo educativo para la educación obligatoria cubre estas expectativas? Si la respuesta fuera afirmativa dicho modelo no sufrirá mayores cambios, de lo contrario, al menos habrá que realizar las correspondientes adecuaciones en libros de texto y materiales educativos, además de emprender otra reforma a los planes y programas de estudio, al menos.


En lo que respecta al planteamiento curricular y al enfoque pedagógico, el currículo orientado al desarrollo de competencias continuará pues no detecto, por el momento, intenciones de modificarlo. De hecho, no percibo propósito alguno de cambiar el enfoque pedagógico del planteamiento curricular para hacerlo más preciso. Si acaso, se le haría algún barnizado ligero o se incorporarían algunos contenidos temáticos sin alterar su estructura, sus componentes. De acuerdo con lo que observo, el desarrollo de competencias es todavía una tendencia mundial, basta traer a nuestra mente el pronunciamiento de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura, plasmada en el documento, “Replantear la Educación. ¿Hacia un bien común mundial?”, publicado en 2015.


De ser así les viene bien a los profesores en servicio, les conviene profundizar en el conocimiento y manejo del plan y los programas de estudio del modelo educativo. Una vez comprendido el planteamiento curricular, ir más allá significa dominar el enfoque pedagógico, la educación orientada hacia el desarrollo de competencias y aplicar con maestría la metodología pertinente para que la enseñanza detone el aprendizaje desde esta perspectiva; significa que los alumnos se desarrollen plenamente conforme al tipo de mexicano que se desea formar, como lo refiere el propio modelo educativo; significa que se desarrolle el perfil de egreso de la educación obligatoria. Pero; las competencias ¿se enseñan o se desarrollan?, ¿cómo?, ¿cuál es el rol de los docentes y cómo aterrizarlo consecuentemente en el salón de clases?, ¿cómo trabajar en el aula con el modelo educativo en tiempos de cambio e incertidumbre?, son preguntas que los maestros frente a grupo se preguntan hoy en día. Existen dificultades adicionales que radican en la etapa de transición entre dos modelos, la Reforma Integral a la Educación Básica (RIEB), coloquialmente referida como “el 592” en alusión al número de Acuerdo Secretarial con el que se dio a conocer y el modelo educativo para la educación obligatoria, sin contar la anunciada reforma al artículo tercero constitucional o la consecuente propuesta de un modelo totalmente nuevo.


El quid del asunto radica en que los aprendizajes esperados se calculen en congruencia con los fundamentos, el enfoque y los principios pedagógicos del modelo educativo, además de que propicien el desarrollo de competencias, entendidas curricularmente como aprendizajes clave y reflejadas en rasgos propios del perfil de egreso. ¿Cómo trabajar entonces en el aula con el modelo educativo en tiempos de cambio e incertidumbre?, ese es, desde mi punto de vista, el quid de la cuestión. Dicho de otra manera, sugiero a los maestros dejar de lado la improvisación, pensar y repensar el trabajo docente, prepararlo con antelación como producto de las prescripciones curriculares y la reflexión al tomar como base su formación profesional, conocimientos y experiencia. Intercambiar ideas entre sus colegas a fin de ampliar sus horizontes, corresponsabilizarse de su formación, descubrir opciones formativas que les ayuden a resolver sus necesidades específicas, a fin de cumplir con la atribución encomendada, al margen o a la par de las capacitaciones oficiales o formales que recibe. La planeación minuciosa de los aprendizajes que deben obtener los alumnos, así como de las actividades que el maestro realizará en el aula, resulta fundamental para alcanzar el perfil de egreso prescrito en el modelo educativo.


Desafortunadamente observo que los maestros reciben muchas sugerencias didácticas encontradas; algunas asociadas al modelo que dejará de aplicarse en este ciclo escolar, otras encaminadas hacia la interpretación particular del modelo educativo en ciernes, unas más cuestionan el modelo pasado y ponderan el actual, o viceversa; algunas coinciden ideológicamente con la política actual y esperan lo que está por venir, mientras otras lo rechazan pues su forma de pensar es divergente.


Los maestros están saturados de información e indicaciones oficiales sobre enfoques pedagógicos y didácticos o de recursos metodológicos, así como de materiales educativos, que en muchos casos carecen de fundamentación teórica. La diversidad de puntos de vista y de propuestas se alimenta con la ausencia de una posición oficial de las autoridades educativas. Si hablamos curricularmente, ¿en qué nos quedamos?, ¿dónde estamos?, ¿hacia dónde vamos?, propongo que la didáctica nos rescate de las indefiniciones, así como de las confusiones curriculares y pedagógicas. Así, el quid de la cuestión, independientemente del modelo, consiste en una planeación didáctica pertinente, que detone un aprendizaje motivado por la romántica esperanza de una formación integral de los estudiantes.


Carpe diem quam minimun credula postero.


Sergio Martínez Dunstan

Especialista en educación.

Facebook: SergioDunstan, Twitter: @SergioDunstan

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