Suicidio: una protesta silenciosa pero alarmante

28/01/2019

“Los niños y los jóvenes son el presente y el futuro de la sociedad”. Esta es una frase común y de la que se abusa en muchos ámbitos, incluso se ha convertido en un cliché y por ello, más de una vez, escucharla resulta irritante, dado que puede ser una prueba de falta de sinceridad del orador.

 El panorama social imperante resulta triste, alarmante y en muchos sentidos no invita a sentirse identificado o parte de él; porque de ser cierta la frase citada y sobre todo, si es una convicción de quienes la pronuncian, lo que resulta evidente es un rotundo fracaso: la segunda causa de muerte en jóvenes es el suicidio; deciden hacerse daño con la intención de quitarse la vida y mueren como resultado de sus acciones. Ante esto, cabe cuestionarse si los jóvenes actores de la sociedad presente, individuos entre 15 y 29 años de edad; realmente son una prioridad, pues abandonar la vida es una forma de protesta, de hacer notar su inconformidad con lo que les rodea; pero lo más grave es que con ello evidencian que no tienen acceso a herramientas que desarrollen sus capacidades para afrontar la problemática realidad y para modificarla para su beneficio.

 

Si esta es la forma de atender a los jóvenes, es decir, crear un ambiente donde deciden suicidarse, es obvio que no sirve, que no funciona, o en el mejor de los casos, que es insuficiente. Además, lamentablemente no parece existir la voluntad y el talento para encontrar soluciones reales e integrales.

 

Después del Enciclopedismo, -movimiento de magníficas propuestas, entre ellas, erradicar la ignorancia- liderado por Diderot, el mundo occidental ha pensado que el remedio para todo, es la información. Nada mas erróneo. La información es sólo una parte de la solución, pero no es la solución en sí misma. Lo importante está en su análisis, evaluación y uso. Esta otra parte, no siempre ocurre en las aulas, escenario que en muchas ocasiones -y con bastante suerte-, se limita a ser un sitio de transmisión de datos. Por eso, la propuesta de la escolarización, es insuficiente, no cubre todas las demandas ni ofrece una solución integral.

 

Prueba indirecta de ello, está en los datos sobre salud mental e ideación suicida entre universitarios. Un estudio realizado en Brasil, publicado en 2017, demostró que el 9.9 por ciento de los estudiantes de ese nivel académico tuvo ideación suicida en los 30 días previos al estudio. Dicha ideación está asociada con la clase económica, orientación, consumo de alcohol, síntomas depresivos, e incluso con intentos previos de suicido en su familia o grupo de amigos.

 

Otro dato relevante en el mismo sentido, es el publicado en marzo de 2018 en Nature Biotechnology, el cual señala que los participantes del estudio, graduados de carreras universitarias, tienen un riesgo incrementado más de seis veces de sufrir depresión o ansiedad, en comparación con la población general. Dichos trastornos psiquiátricos se asocian con riesgo suicida.

 

De manera similar, en un estudio realizado en Bélgica entre estudiantes de Doctorado, es decir, el máximo grado académico al que se puede aspirar (existe el post Doctorado, pero no es un grado académico), el 32 por ciento de ellos está en riesgo alto de presentar algún trastorno psiquiátrico, especialmente depresión.

 

Finalmente, para no abrumar con más datos, cabe señalar que entre la población dedicada al cuidado de la salud, es decir los médico, que aunque no todos son jóvenes pero si tienen más años de estudio que una persona promedio; los índices de suicido casi duplican los de la población en general.

 

Lo anterior demuestra que el reto de transformar y crear un ambiente amable, atractivo y escenario para el pleno desarrollo de los jóvenes, es mucho mayor que la escolarización y escapa a los alcances de esta. Dicha institución debe ser apoyada por la base de la sociedad: la familia.

 

La familia es el primer contexto donde se aprende sobre la vida. La importante labor de los padres para ayudar a sus hijos a cumplir las exigencias de la sociedad actual es fundamental.

 

Es importante educar a las familias sobre el desarrollo general de los niños en el ámbito psicológico y emocional, ya que no sólo los docentes deben dominar estos conocimientos. En el ámbito familiar se ha de producir una estimulación intelectual, un ambiente emocional positivo, y se debe promover la independencia y autonomía del educando.

 

No hay duda que la formación académica es muy importante, pero también la formación en valores. De poca utilidad social resulta un individuo con muchos años de estudio, si no es capaz de reconocer y poner en práctica valores como la honestidad, la libertad, el respeto, la solidaridad, etc.

 

El binomio familia-escuela tampoco es la solución total, pero su correcta labor sí representa un abordaje más ambicioso e integral. La sociedad y aquellos actores que tienen el poder para tomar decisiones que impactan a una gran población, deben preocuparse y ocuparse en crear el ambiente y el escenario donde puedan existir individuos integrales, capaces, informados y competentes en los ámbitos técnico, científico e intelectual; individuos sensibles, comprometidos, empáticos y respetuosos con sus semejantes; a quienes vivir les resulte atractivo, benéfico y enriquecedor, y que no opten por el suicidio como solución a su problemática.

Vicente Camacho Téllez

Médico por la Universidad La Salle, A.C.

Especialista en Neuropsicología Clínica por el ISEP, Barcelona, España.

Maestro en Ciencias (Neurobiología) por el INB, UNAM, Campus Juriquilla.

vicentct@hotmail.com, @VICATEL

 

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