México, entre Mágico, Aluxista y Surrealista. Una combinación explosiva

28/01/2019

En el mundo sofisticado en que vivimos, inundados de tecnologías que cambian a veces día con día, en ocasiones es difícil enterarnos de la noticia cotidiana sin el temor de que sea fake news.

 

Esto lo comento porque por un instante pensé que ese era el caso, cuando leí que para estar seguros de que la construcción del Tren Maya se hará respetando culturas y el medio ambiente, el gobierno de México le pediría antes permiso a la Madre Tierra.

México es una combinación entre un pasado indígena mitológico, un colonialismo que impuso la religión cristiana con sus propios mitos y tradiciones, y una nación que emerge libre, pero erróneamente copia el modelo federativo de los Estados Unidos de Norteamérica.

 

Para el nacionalista que se sienta ofendido por lo anterior, lo remito a que lea el discurso que la historia recuerda como Discurso de las Profecías pronunciado el 13 de diciembre de 1823 por Fray Servando Teresa de Mier, uno de los pensadores políticos más respetados del naciente país y Diputado al segundo Congreso Constituyente.

 

Entre los diversos conceptos que expresó Teresa de Mier, hay una controversial serie de cartas en las que refuta la dimensión milagrosa de la imagen de la virgen de Guadalupe en la tilma de Juan Diego. También fue su preocupación por la forma como se había establecido la República mexicana. Cito aquí unos párrafos en los que compara lo disímil que eran México y Estados Unidos:

 

“La prosperidad de esta república vecina ha sido, y está siendo el disparador de nuestra América porque no se ha ponderado bastante la inmensa distancia que media entre ellos y nosotros. Ellos ya eran Estados separados e independientes unos de otros, y se federaron para unirse contra la opresión de Inglaterra; federarnos nosotros estando unidos es dividirnos y atraernos los males que ellos procuraron remediar con esa federación…. Aquel era un pueblo nuevo, homogéneo, industrioso, laborioso, ilustrado y lleno de virtudes sociales, como educado por una nación libre: nosotros somos un pueblo viejo, heterogéneo, sin industria, enemigos del trabajo y queriendo vivir de empleos como los españoles, tan ignorantes en la masa general como nuestros padres, y carcomido de los vicios anexos a la esclavitud de tres centurias…… Protestaré que no he tenido parte en los males que van a llover sobre los pueblos del Anáhuac. Los han seducido para que pidan lo que no saben ni entienden, y preveo la división, las emulaciones, el desorden, la ruina y el trastorno de nuestra tierra hasta sus cimientos”.

 

Y todo esto, ¿qué tiene que ver con el Tren Maya? Atando cabos, nos lleva a que acciones tan importantes y decisivas como es la construcción de una obra magna sustente su legalidad en un acto folklórico y mitológico. Algo digno precisamente, de ese México mágico y surrealista. Cómo olvidar que Salvador Dalí, en su único viaje a México a finales de la década de los años 30 dijera:  “De ninguna manera volveré a México. No soporto estar en un país más surrealista que mis pinturas”. André Breton, líder del movimiento surrealista calificó a México como “el país más surrealista del mundo” aseguraba que:

 

“México medio despierta de su pasado mitológico, que va de la protección de Xochipilli, dios de las flores y Coatlicue, diosa de la muerte violenta (…) Este poder de reconciliación entre vida y muerte es uno de los principales atractivos de México. Eso mantiene un registro abierto de interminables sensaciones, que van de lo más benigno a lo más insidioso”.

 

Este paralelismo contradictorio continúa presente en la vida nacional. En estos tiempos el país pasa por un cambio drástico de gobierno como resultado de una elección democrática mayoritaria, que harta del caos de corrupción e inseguridad en que se encuentra la nación, optó por una alternativa. Todo eso es estupendo, magnífico y merece el respaldo de los mexicanos. Apoyados en esta prometida transformación, tomamos como válidas las declaraciones oficiales del nuevo gobierno del respeto irrestricto a la libertad de expresión y disidencia, y por ello no podemos dejar de hacer las siguientes preguntas, que no son personales, sino de muchos grupos ciudadanos. En este caso específico, el multicitado Tren Maya.

 

A pesar de esa ceremonia de “consulta a la Madre Tierra”, tanto las comunidades indígenas de la Península de Yucatán como honestos grupos ciudadanos, organizaciones ambientalistas y académicas, la han rechazado como una simple expresión folklórica sin mayor validez científica, al ignorar el requisito legal obligatorio. Este ritual, para complacer a unos cuantos, no puede reemplazar a un verdadero estudio de evaluación de impacto ecológico, sancionado y efectuado por científicos y profesionales en la materia y organismos internacionales independientes. Con respecto a verdaderos planes y estudios de evaluación ambiental, me permito compartir el siguiente ejemplo.

 

Fui representante para América Latina de la organización del capitán Jacques Cousteau; de 1990 a 1992, a petición de los gobiernos federal y nayarita,  coordiné unos estudios de supervisión del Plan Maestro para el Desarrollo Ecológico y Turístico de las Costas de Nayarit. Este ambicioso plan fue considerado, a nivel nacional e internacional, como un ejemplo único de colaboración ambiental. El desarrollo del vecino Puerto Vallarta invadía Nayarit y las presiones crecían desde dentro y fuera de México para proyectos turísticos de mega escala a lo largo de la costa. Los desarrolladores miraban hacia el norte, al estado de Nayarit; cuya costa entonces relativamente intacta, ofrecía más de lo que inicialmente había atraído la gente a Puerto Vallarta.

 

Urgía un plan para ser implementado, antes de que fuera demasiado tarde. Parte de nuestro trabajo era aumentar la conciencia y educación ecológica en las personas y en el nivel gubernamental.

 

La información iba a ser obtenida por un conjunto de más de 150 científicos y técnicos mexicanos. Nuestro objetivo final era evaluar los resultados, además de efectuar nuestros propios estudios y promover el manejo adecuado de los recursos costeros de Nayarit.  Después de tres años de duro trabajo y múltiples visitas a esa entidad, las recomendaciones y sugerencias para el plan maestro fueron entregadas al gobierno del entonces presidente Carlos Salinas de Gortari. No había pasado aún un año cuando comenzamos a recibir quejas y denuncias en nuestras oficinas en Los Ángeles. Los nayaritas pensaron que fueron robados y engañados por las nuevas disposiciones que no se cumplían, y alguna quejas nos acusaban de colusión con el gobierno y los desarrolladores. A final de cuentas, el Plan nunca se implementó y las consecuencias de ello están a la vista en Nayarit, cuyas costas están entre las más contaminadas de México, saqueadas por voraces desarrolladores que buscan sólo el gane inmediato sin importar en lo más mínimo los graves daños al medio ambiente, así como los abusos a los derechos de los pobladores originales de la región.

 

No quiero pensar que el mismo panorama se cierna ahora sobre la Península de Yucatán, pero las dudas surgen ante las demandas que flotan en el aire. Entre muchas de las quejas ciudadanas que he escuchado y a la vez recibido como denuncias en mi calidad de Director General para América Latina de la organización de Jean-Michel Cousteau, Ocean Futures Society, y miembro de Green Latinos; transcribo algunas declaraciones firmadas por numerosas organizaciones.

 

“Que el Presidente Obrador:

Se abstenga de hacer cualquier tipo de subasta, autorización, permiso de suelo o licencia para el establecimiento del servicio ferroviario sin antes obtener el consentimiento de los pueblos originarios por donde pasará el tren. Esto ya quedó anulado ante la “aprobación de la Madre Tierra”. Los planes para desarrollar el Sureste de AMLO implican una excesiva devastación ecológica y cultural. En ningún caso estos “estudios de campo “deben ser diseñados, elaborados, interpretados y entregados por FONATUR (Fondo Nacional de Fomento al Turismo), la paraestatal encargada del proyecto del TREN”.

 

Otro ejemplo más de la magia en México, es el de los aluxes, los mitológicos duendes mayas que entre otras de sus gracias está, según eso, el cuidado de los bosques. La tradición mitológica en la península maya está muy arraigada y aún en el siglo XXI se realizan ofrendas a los duendes para que protejan los hogares o provean de provechosas cosechas. La creencia popular asegura que los aluxo’ob o aluxes son seres pequeños, protectores, simpáticos y solidarios que apenas llegan a la altura de las rodillas de una persona adulta. Son la manifestación de las fuerzas de la naturaleza y de los 4 elementos. Viven también en grutas y cenotes.

 

Hasta aquí como relato mitológico todo está bien, pero lo preocupante es quienes están al mando del cuidado del medio ambiente, que crean que realmente existen esos seres. Para ilustrar lo anterior, invito al lector a que vea el minuto 14:30 de esta entrevista con quien es ahora la Secretaria de SEMARNAT:

https://www.unotv.com/noticias/portal/nacional/detalle/exclusiva-entrevista-martha-anaya-a-josefa-gonzalez-124102/.

 

El México mágico se entrelaza en una forma ya no cosmogónica, sino totalmente surrealista, junto con chamanes que ofrecen ceremonias a la Madre Tierra para recibir su aprobación para un proyecto de enorme impacto al medio ambiente, o que entre el denso humo de cigarrillos se tomen decisiones cruciales para la ya vapuleada ecología mexicana, contando, según eso, con la protección de seres fantásticos.

 

El tiempo ya no está para cometer más errores con la naturaleza, ni es honesto actuar sin conocimiento esperando que, echando a perder, se aprende.

 

Rubén D. Arvizu

Ecologista, escritor, cineasta y productor mexicano y ciudadano estadounidense desde 1987. Director General para América Latina de la organización de Jean-Michel Cousteau, Ocean Futures Society. Director para América Latina de la ONG Nuclear Age Peace Foundation y Embajador del Pacto Climático Global de Ciudades.

 

 

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