México actual, época de verdades y mentiras

28/01/2019

Sexenio tras sexenio el pueblo mexicano se desencanta al mismo tiempo que se deslumbra; se encuentra frente a una figura presidencial que se va y otra que llega gracias a la confianza que la mayoría de la sociedad depositó en él, en sus promesas y en sus programas de reconversión.

 

Ante los ojos del electorado, el punto de vista de quien arriba al ejecutivo, generalmente supone que su antecesor llevó un administración aviesa y condujo al país al caos: corrupción, despotismo, crisis social, política y económica; entre otros hechos que la ciudadanía juzga ocasionalmente y en consecuencia, de tanto en tanto, actúa afirmativa o negativamente.

 Esta es la democracia que vive hoy México y decenas de países alrededor del mundo. ¿Este tipo de democracia es la que merecen o quieren los habitantes de esta República?, no, por supuesto que no. ¿Pero qué, quién o quiénes son la causa principal de la marginalidad, la inseguridad, la corrupción, la pobreza, la disgregación, los excesos de autoridad y las demás desventuras que abruman a la ciudadanía en general?, según las palabras de asunción mencionadas por el nuevo Sr. Presidente Constitucional de los Estados Unidos Mexicanos, en este preciso caso la culpa es del neoliberalismo, movimiento al que en su discurso tipifica como sinónimo de corrupción. Consideremos esta última aseveración con más detenimiento; recordemos, verifiquemos escenarios y hechos propicios, pues esto huele a permisividad.

 

El 1 de diciembre de 2012 el Sr. Enrique Peña Nieto expresó a la población que deseaba tener un gobierno abierto, para ello contaría con la opinión y la participación de la ciudadanía porque quería mantenerse cerca de ella. Según sus propias palabras, deseaba cambiar el paradigma de entonces, entendía que no habría seguridad mientras no hubiere en la República, justicia e inclusión.

 

Para lograrlo detalló 5 tópicos; el primero, hacer prevalecer la justicia y la paz; el segundo, alcanzar un México incluyente: combatir la pobreza y cerrar la brecha de la desigualdad; el tercero, educación con calidad para todos; el cuarto, crecimiento económico sólido y sostenido reflejado en toda la geografía nacional; el quinto, lograr que México fuese un actor con responsabilidad global, es decir, relaciones exteriores. Se mostró optimista y basó sus potenciales logros en cuatro pilares: los jóvenes, las riquezas del país, la economía formal y la reforma educativa. En resumen, después de seis años aquellas frases entusiastas finalizaron en promesas no cumplidas; aunque sí, ocasionalmente bastaron para convencer al pueblo convertirlo en instrumento partidario. ¿Pero esto sólo ha sido una experiencia desalentadora para la sociedad mexicana o encierra algún mensaje más? Continuemos.

 

El 1 de diciembre del año en curso, el Sr. Presidente, Andrés Manuel López Obrador, al tomar posesión de su cargo manifestó su intención de llevar a cabo una transformación del país en forma pacífica, ordenada, profunda, radical y participativa; además, expresó que dejando atrás la hipocresía neoliberal, se propone acabar con la corrupción y la impunidad, pues son la causa principal de la desigualdad económica y social, así como de la violencia reinante que padece la ciudadanía en general.

 

El combate a la corrupción, las medidas de austeridad, la inversión pública, el rescate de las industrias petrolera y eléctrica, los recursos humanos y naturales del país, los proyectos productivos –públicos, privados y mixtos- y las reformas constitucionales le permitirían establecer el estado de bienestar y garantizar el derecho del pueblo a la salud, la educación y la seguridad social, a pesar de la deuda millonaria heredada. Corregir gradualmente las desigualdades sociales, los aumentos de salarios mínimos, sueldos para aprendices, becas a estudiantes, la creación de 100 universidades públicas, el fomento del deporte, de actividades artísticas, científicas y tecnológicas, la pensión a los adultos mayores, la atención médica y los medicamentos gratuitos también forman parte de los tópicos de su programa, ¿se hará realidad este programa esta vez?

 

Es innegable que el mensaje del Sr. López Obrador atrae, al igual que en su momento lo hizo el discurso de su antecesor, y el antecesor de su anterior presidente, así sucesivamente por los años de los años; porque aunque mentira parezca, sus programas tienen ciertas metas y raíces compartidas: prometen bienestar, paz, igualdad y sustentabilidad, esperanzados en la productividad que pudieran obtener de los recursos humanos y naturales del país más allá de alguna ayuda externa, a excepción hecha del Sr. Presidente, López Obrador que desestima endeudarse.

 

Esperemos ahora que estos potenciales deseos de AMLO se hagan realidad, que ese círculo vicioso se interrumpa por el bien de toda la población, aunque sin perjuicio de ello, quizá primero le convenga a la ciudadanía saber más sobre la causa de tantos recurrentes fracasos, más allá de las travesuras que algunas personas pudieran hacer en ejercicio del poder.

 

Así como la ciencia y tecnología avanzan, frecuentemente cambian sus prácticas, modifican sus teorías ante una mayor oportunidad de éxito; le economía, la política, la sociedad y su cultura, deberían seguir su ejemplo para danzar al ritmo de su época.

 

Sabido es que mientras los políticos discuten principios ideológicos sostenidos con argumentos ambiguos y anticuados, la gente continúa con sus penurias cotidianas y a veces hasta toma partido en esas reyertas politiqueras a favor del más popular, antes que guiarse por la razón.

 

Con el afán de triunfar y mantenerse en el cargo, generalmente los políticos presentan al electorado un enemigo o chivo expiatorio para derrotar: estatización, privatización, izquierda, derecha, centro, FMI, etcétera; además de una zanahoria que la sociedad jamás saboreará en plenitud: salario digno, seguridad, certidumbre, sustentabilidad económica, igualdad, empleo, salud, medicamentos gratuitos, entre otros.

 

Albert Einstein decía que si una persona actúa siempre de la misma forma, difícilmente podrá obtener algún resultado diferente al anterior.

 

Ahora, si la población consume siempre los mismos argumentos y recurrentemente compra los chivos expiatorios que le presentan, el resultado a obtener, ya sea por acción, omisión o indiferencia, será penoso. Entonces, ¿la problemática de esta sociedad es política e ideológica o se debe a la crisis económica siempre vigente, como aseguran los líderes?, o es consecuencia de la sumisión, el desinterés y la indiferencia mostrados por la ciudadanía debido a la opresión ejercida desde el poder y a la falta de respuesta a sus demandas sociales, que se han enquistado en la cultura nacional, quizá, a través de la siguiente idea logremos saberlo.

 

Imaginemos una moneda común de diez pesos, el anverso o Escudo Nacional representa al gobierno en turno y sus ideas, AMLO o cualquier otro; el reverso o la Puerta del Sol constituye el potencial gobierno y su doctrina; el canto es por su parte, la fuerza motriz de esta sociedad, una “rueda” estriada que además de representar las penurias y sin sabores sociales, determina el poder que realmente equilibra las fuerzas antagónicas: izquierda, derecha; violencia, paz; costoso, económico; democracia, anarquía; u otra ideología; peligroso, seguro; oferta, demanda; ética, deshonestad; etcétera.

 

La fuerza con la que se unen las estrías del canto social y una meta común, son elementos que potencian o debilitan cualquier fuerza que jale hacía los lados para desestabilizar la virtual moneda.

 

La problemática de México sigue un órden; cultural, económico y político. La población debe empoderarse con sabiduría para, de manera ordenada y pacífica, exponer permanentemente sus demandas y satisfactores ante sus mandatarios. No se trata de revoluciones dantescas ni de aventuras similares, sino de sostener un sistema político que defienda la soberanía del pueblo, así como su derecho a elegir y controlar a sus gobernantes.

 

La voluntad y las buenas intenciones de una o pocas personas no bastan para desarrollar un país y llevarlo a buen puerto, hace falta una excelente tripulación, el mejor piloto y una ciudadanía responsable, comprometida con la gesta propuesta para conseguirlo, ya sea un partido o no, aquél que se animó a proponerla.

 

Cuando una revisión cultural transforme la moneda en una divisa apreciada que gire en equilibrio frente a cualquier desafío externo que amenace los intereses colectivos, probablemente entonces las condiciones sí estén dadas para superar realmente las carencias ciudadanas de hoy. Entretanto seguiremos dispersos, individualistas, sin rumbo cierto; discutiremos siempre principios o ideologías en vez de debatir sobre los resultados obtenidos para mejorar el bienestar de nuestra sociedad.

 

 

Oscar Calvete Sousa

Escritor

www.oscar.uy

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