Sin tomarte el pelo: vivir sin estrés es un lujo que se puede comprar

Las familias pobres tienen mucha más probabilidad de padecer estrés por la economía familiar, a sufrir hacinamiento, caos en el hogar, menos posibilidades de tener una rutina y en general más incertidumbre. Todo esto puede originar varias enfermedades.

 Un estudio reciente liderado por las Doctoras, Ursache y Noble de la Columbia University, analizó si la condición de pobreza realmente activa los circuitos de estrés crónico en integrantes de la familia. Se midieron las concentraciones de cortisol en el pelo de 28 niñas, niños, sus mamás y papás. El cortisol es la hormona de estrés, o sea el mensajero químico que se libera en situaciones estresantes, viaja por el cuerpo y dice a cada órgano “hey, ¡estamos en estrés! ¡reacciona!”. Los sujetos de estudio provinieron de diferentes estratos socioeconómicos.

 

La concentración de cortisol ayuda a determinar los niveles de estrés que registró una persona en los últimos tres o seis meses. Los participantes fueron sometidos a pruebas psicológicas para conocer su percepción de estrés y sus síntomas de ansiedad y depresión. Madres y padres fueron cuestionados sobre sus niveles de carencia material, de ingreso familiar y de escolaridad.

 

Los resultados mostraron que en los adultos, menos escolaridad produce mayor estrés crónico, es decir, más cortisol en el pelo. El efecto de escolaridad también resultó en hijos e hijas con mayores niveles de estrés crónico, en tanto que la percepción de estrés en adultos provoca síntomas de ansiedad en su descendencia.

 

El estudio confirmó que las mamás y los papás más pobres, con más necesidad material; tienen niveles de estrés muchísimo más altos que las personas que no viven en pobreza extrema. Del otro lado de la moneda, mientras mayor es la escolaridad y el ingreso, menos estrés padecen las personas adultas.

 

Si aún se duda que las niñas y los niños son la esperanza del mundo, a los infantes participantes en el estudio no les afectó el ingreso de sus familias, es decir, el nivel de ingreso de la mamá o el papá no genera niños tristes, con ansiedad o estrés.

 

Estos datos son reflejo de una situación bastante preocupante, sobre todo al tomar en cuenta el Módulo de Movilidad Social Intergeneracional (MMSI) 2016, del Instituto Nacional de Estadística, Geografía e Informática (INEGI); cuyo reporte indica que en nuestro país, mientras más oscuro es el color de piel se tienen menos posibilidades de permanecer en la escuela o de acceder a mayores ingresos. Aunque en México faltan estudios que aborden la relación entre pobreza, color de piel, estrés y sus efectos en la infancia; se puede plantear la hipótesis de que muchos niños viven un ciclo de estrés y pobreza donde el color de piel es un importante factor agravante.

 

Esto pinta un panorama grave ya que el estrés crónico favorece el desarrollo de enfermedades metabólicas como la diabetes, la hipertensión arterial, el cáncer, enfermedades del corazón y los vasos sanguíneos, depresión, entre otras; que pueden llevar al suicidio.

 

Aunque el número de participantes del estudio fue reducido, los resultados muestran que el estrés socioeconómico de papá y mamá tiene repercusiones en sus hijos e hijas que no parecen explicarse por cuestiones genéticas. Además, hace evidente que la desigualdad no sólo tiene consecuencias políticas y sociales, sino que también son cuestión de salud pública.

 

Es importante considerar estudios como este al momento de hacer políticas públicas para ayudar a las familias que viven en situación de pobreza o con baja escolaridad, para promover estilos de crianza que favorezcan un desarrollo infantil sano y pleno. Es imperioso que los integrantes del Congreso de la Unión y servidores públicos responsables de generar e implementar leyes, se enteren del conocimiento que genera la investigación y evidencia científica; que no se limiten a convencer electores, sino que amplíen su panorama y entiendan la gran responsabilidad de sus respectivas tareas.

 

También es relevante procurar cuidados a la salud mental, hijas e hijos de personas sanas y sin estrés tienen mayor probabilidad de ser adultos sanos y sin estrés. Tal vez este tipo de estudios también nos ayuden a tener mayor empatía con diferentes grupos. La pobreza no es sólo cuestión de dinero, también es cuestión de salud y no debemos olvidarnos del lujo que es vivir una vida sin estrés.

 

Elisa Álvarez Hernández

Médica cirujana por la Universidad La Salle y maestra en neurociencias y neuroendocrinología Universidad de Edimburgo (Escocia).

Científica visitante Yale University.

@cocologiamx

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