Las mujeres en la ciencia

06/11/2018

Aunque en la actualidad la presencia de las mujeres en la ciencia es mayor comparada con otras épocas, esto se debe mayormente a las transformaciones sociales que poco a poco han facilitado que se equilibren las oportunidades entre hombres y mujeres. Sin embargo, aún no existe una representación balanceada entre ambos sexos. Según el Instituto de Estadística de la UNESCO, sólo 28 por ciento de las plazas de investigación a nivel mundial son encabezadas por mujeres; en el caso particular de México ocurre en 33 por ciento. Es interesante ver que a nivel de licenciatura tenemos porcentajes casi iguales entre hombres y mujeres, pero existe un efecto de embudo que se observa aún más a nivel de posgrado, especialmente en aquellos relacionados con disciplinas científicas. Los porcentajes más bajos de representación femenina son a nivel de plazas de investigación; esto nos permite replantear que no sólo los números cuentan, sino también el tipo de función que tienen dentro de la academia científica, el rango y su permanencia.

 

 

Por otra parte, los estudios históricos sobre género y ciencia muestran que las mujeres han sido parte de la expresión, el avance y de la creación científica, dentro y fuera de las academias, son éstas las principales estructuras oficializadas de reconocimiento científico. Este punto es importante pues resalta justamente el hecho de que la participación oficializada de las mujeres en la ciencia no es baja porque sea materia de poca calidad o relevancia, sino que obedece a una marginación histórica de la mujer. La marginación está relacionada con los estereotipos de roles, los cuales asumen una serie de habilidades y tareas específicas como propias de cada género; claramente las habilidades como el pensamiento lógico y experimental son consideradas de tipo masculino.

 

Muchos de estos estereotipos de género se sustentan en diversas hipótesis, como algunas que explican la evolución de la sociedad bajo el principio de la división de roles de cazador y recolectora, lo que sugiere una división “natural” de tareas donde el hombre se dedicaba a la caza y la mujer a la recolección; lo anterior se ha nutrido actualmente con nuevas investigaciones que sugieren divisiones de tareas menos tajantes y más distribuidas, que incluyen el cuidado de las crías. Los estereotipos de roles han sido diseñados en un sistema patriarcal que relega y promueve tareas específicas a las mujeres. La mujer como científica rompe con algunos de los esquemas como deberes naturalmente impuestos, como criar a sus hijos, o bien socialmente esperados, como procurar no descuidar las tareas de esposa y madre. Sólo por el hecho de ser mujeres se asume una carga histórica que se expresa en experiencias con tareas esperadas de una mujer como limpiar, cocinar o ayudar; también se esperan conductas femeninas consideradas asertivas, como desear tener hijos.

 

La expresión de las mujeres en la ciencia ha sido a costa de roles impuestos y de las limitaciones que estos ocasionaban, lo que negaba el acceso y la asimilación de otros conocimientos que se compartían en círculos de hombres. Estos estereotipos de roles también se han basado en subestimar las capacidades intelectuales de las mujeres y en estigmatizar la expresión de emociones por considerarse debilidades propias del género.

 

Muchas científicas fueron víctimas de plagio oficializado, su autoría pasaba a segundo nivel o era eliminada para dejar a la cabeza o dar prioridad a un científico hombre; como ejemplos, Nettie Stevens o Chien Shiung Wu. Por lo tanto, el posible reconocimiento o validez de un hallazgo científico va en perjuicio de las mujeres, esto fue una regla por mucho tiempo, ahora las cosas han cambiado en algunos aspectos, aunque aún hay mucho por hacer.

 

Como forma de conocer y explicar ciertos fenómenos, la ciencia se nutre con los conocimientos de cualquier persona, mujer u hombre, lamentablemente estos lastres socio culturales han privado, desalentado o estigmatizado la aventura del quehacer científico para muchas mujeres. Si bien cada vez es más común encontrar convocatorias académicas, privadas y públicas con una declaración explícita para promover la equidad de género y la participación femenina, muchas veces se plantean como un mero requisito a cumplir, pero carecen de estructuras que consideren problemas más de fondo, como las ausencias por maternidad y por paternidad. La contribución científica hecha por mujeres siempre ha estado presente independientemente de su validación, aunque recientemente comienza a ser más prevalente no sólo por un mayor acceso general a la educación, sino por las transformaciones sociales y culturales que se han logrado con el esfuerzo constante de las mujeres para abrirse espacios y luchar por sus derechos.

 

Arafat Angulo Perkins

Investigadora Post-Doctoral en la Universidad de Viena en Neurociencia Cognitiva.

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