La vida como una bella obra de arte: La cultura como sistema del desarrollo humano.

“Cuando el hombre no se encuentra a sí mismo, no encuentra nada”.

Johann Wolfgang von Goethe, escritor romántico alemán, 1749-1832

Goethe sostenía que los cambios más importantes del ser humano son internos. El escritor creía que todos nosotros tenemos un espíritu bello que debía ser tratado constantemente. Goethe sabía que para hacer esto se necesitaba sensibilizarse ante el mundo. Para ello se tenían que conocer los trabajos más bellos del ser humano, como las obras de arte, los vestigios históricos más emblemáticos y sobre todo tener un acercamiento con la misma naturaleza. Estos elementos le otorgarían a los sujetos la sensibilidad necesaria para poder disfrutar de su mundo, y para recrearlo.

Goethe se convenció de que los seres humanos podían ser agentes transformadores. Pero para serlo tenían que entregarse a la contemplación artística y así reconocer los cantos, las pinceladas, las puestas de teatro, la prosa y las alegorías mejor hechas. Por eso Goethe fue un sujeto que se desarrollo culturalmente; logró sensibilizarse en cualquier expresión artística y se convirtió en uno de los escritores más importantes de su época. El espíritu, por ende para Goethe, tenía que ser trabajado constantemente a través de las bellas artes, la naturaleza y las alegorías mejor escritas sobre la historia humana; en consecuencia, los individuos se innovarían.


Además de esto, es importante que la imaginación de los individuos siga en desarrollo mediante la fluidez de la mente; que llegue a lo más profundo de sus seres y les motive a entrar en acción, a modificar sus creencias e incitándoles a transformar su realidad de manera creativa. Las personas pueden auto realizarse a partir de su imaginación y con ello contribuir al enriquecimiento de su cultura. Los seres humanos son agentes transformadores que pueden modificar su contexto positivamente.


Para llegar a ser innovador se debe tener la motivación suficiente para crear. La imaginación humana no tiene límites pero es importante que las personas logren darse cuenta, es indiscutible interactuar en los medios culturales pues al momento de compartir un tiempo con las artes, la ciencia y la historia, se obtiene un panorama mucho más amplio sobre la realidad y sobre sí mismo. Es a partir de esto que las civilizaciones se ven enriquecidas por las constantes innovaciones. Aristóteles creía que las ciencias y las artes debían formar parte del aprendizaje para que las civilizaciones continuaran en desarrollo. De ahí que continuamente buscaran por sí mismos proveerse de mayores conocimientos.


Para Aristóteles era importante que las personas no dejaran de sorprenderse con el mundo. La curiosidad y la búsqueda de constantes respuestas para el filósofo eran vitales, ya que ello proporcionaría a los sujetos los hábitos comunes del científico y el artista. Aristóteles de igual modo consideraba importante descubrir las esencias de las ciencias y las artes, pues la indagación generaría en los individuos el hábito de seguir enriqueciéndose internamente para conseguir los fundamentos y principios. La virtud, para los griegos de la antigüedad, era la meta final del individuo, Aristóteles lo creía y consideraba que las personas tenían que ser autodidactas, lo que reitera lo anterior. Esto con el propósito de desarrollar su ojo científico, su imaginación y en consecuencia extender su visión y recrear su realidad.


Además de filosofar sobre las esencias junto a sus estudiantes en el Liceo, Aristóteles abordaba el devenir humano y sus causas, es decir, los cambios trascendentales en la existencia del hombre. El filósofo griego concluyó que la raíz de los cambios del ser humano se encontraba principalmente en su voluntad de poder, el deseo por transformar el mundo le impulsaba a entrar en acción, como resultado, logró configurar su entorno a partir de su imaginación estimulada. Un razonamiento que posteriormente desarrollarían otros filósofos en sus respectivas épocas, como Frederick Nietzsche. En suma diríamos que se debe provocar la imaginación para que las personas mejoren como individuos; una buena manera de hacerlo es a través de las ciencias, las artes y la historia, pero principalmente, sin dejar de sorprenderse con el mundo.


Actualmente las sociedades se ven impulsadas a ser consumidoras desmedidas, lo que les conduce a una vida efímera y sin sentido. Intelectuales de nuestros días han abordado este dilema social, como Zygmund Bauman con su concepto del Mundo líquido. Bauman señala que las sociedades de ahora buscan encontrar satisfacción a sus deseos solamente y no a sus necesidades primordiales, lo que generó un problema social de consumismo sin control. Todo empezó a finales del siglo XX al concluir el enfrentamiento entre los Estados Unidos y la Unión Soviética, para entonces las empresas empezaron a expandirse con mayor fluidez, sin tropiezos y pudieron acercarse a todos los sectores sociales del globo terráqueo.


A partir de este suceso, asegura Bauman, todas las instituciones de poder, tanto de gobierno y religiosas, empezaron a perder sustento ante sus pobladores debido a sus sistemas conservadores y poco flexibles. Con el advenimiento de las constantes revoluciones sociales en el mundo, durante los siglos XIX al XX, las instituciones empezaron a perder prestigio ante las personas, lo que permitió que los burgueses, y posteriormente líderes empresariales, se convirtieran en los siguientes representantes de los pueblos.


Bauman apunta que las sociedades de ahora están inmersas en un mundo líquido; los sistemas sociales, políticos, religiosos y culturales no son sólidos y hoy en día dependen de grandes empresas. El escenario es drástico para las siguientes generaciones, pues a ellas se dirigirán los nuevos líderes a través de medios de comunicación digitales, principalmente, con anuncios de compras y noticias regularmente manipuladas que provocan en el inconsciente colectivo falsas imágenes del mundo y dictan estilos de comportamiento.


Sobre lo último, Zygmund Bauman creyó que las sociedades actuales constantemente serían manipuladas por los mercados del mundo y los nuevos partidos políticos, con el fin de que los individuos no tuvieran control sobre sus vidas ni expectativas positivas sobre su entorno y no desarrollaran un proyecto de vida. De ahí que las personas carecieran de personalidad auténtica y en consecuencia pasarían a ser sujetos dependientes y sometidos inconscientemente.


El remedio único para lo anterior, según Bauman, era que las personas se sensibilizaran al mundo mediante la difusión de las bellas artes. Aunque no se requiere ser especialistas, conviene desarrollarse mental y emocionalmente, así como motivar la capacidad de comprensión y el pensamiento crítico; que la sensibilidad se dirija a los sentimientos, a la naturaleza y a sus organismos. Pero Bauman fue pesimista ante su solución, pues también sostuvo que esta misión sería difícil de cumplir.